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Un libro de texto cuesta 8.500 euros más si es para un alumno con discapacidad visual

El Gobierno central delega en la ONCE la responsabilidad de sufragar el coste total de la adaptación de un libro al braille, por lo que el papel del Gobierno de Canarias se limita a aportar personal técnico

La ONCE pide que no se cambien los libros con tanta asiduidad para agilizar la transcripción de los manuales y así evitar que los 300 alumnos con discapacidad visual que hay en el Archipiélago lleguen a principio de curso sin su material terminado

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Más de 600 libros en euskera están disponibles en Braille y sistema sonoro para personas ciegas

Imagen de archivo de un libro en braille.

Una estudiante canaria de primaria paga aproximadamente 30 euros por un libro de texto. Para un alumno con discapacidad visual de su curso, acceder al mismo libro le cuesta 8.500 euros más. Tal y como explica el delegado de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos de España) en Canarias, José Antonio López, el Gobierno de España delega en la organización la responsabilidad de sufragar la totalidad de los gastos derivados del proceso de adaptación de los ejemplares al braille. Por tanto, el papel del Gobierno canario se limita a aportar personal técnico, de acuerdo con el convenio de colaboración entre la Consejería de Educación y la entidad.

Convertir un libro en accesible para el alumnado con dificultades de visión, un colectivo que en Canarias alcanza la cifra de 300 estudiantes según los cálculos de la ONCE, puede lograrse mediante distintas vías: transcribiendo los textos a braille, incorporando material sonoro o utilizando herramientas en relieve. No se trata de copiar el libro, sino de interpretarlo y adaptarlo a los usuarios. Es un proceso complejo, que puede prolongarse durante meses. Por ello, que los centros renueven cada año la editorial de los libros o que comuniquen a las familias el listado de manuales poco tiempo antes de empezar el año académico puede provocar que el alumnado solicitante de este recurso llegue al principio de curso sin su libro adaptado, haciendo que no avance al mismo ritmo que el resto de sus compañeros.

“Cuando acaba el último trimestre y empieza el verano, nosotros nos ponemos a trabajar lo más rápido posible en la adaptación de los manuales”, señala el técnico de transcripción de libros y documentos de la ONCE, Joaquín Cruz. Por ello, una de las reivindicaciones de la entidad es que no se cambien las editoriales de un curso para otro y que no se renueve la relación de libros con tanta frecuencia, para así poder reutilizarlos en las distintas generaciones y agilizar las adaptaciones. El objetivo final es que el acceso a la educación sea igual para todo el alumnado y no perjudicar los usuarios de este servicio, velando por la igualdad de oportunidades. “Lo que queremos es prestar un servicio de calidad, y para ello necesitamos la colaboración de todos los agentes que participan en el ámbito de la formación”, plantea Cruz.

Mundo visual

El alumnado de los distintos niveles educativos puede acceder a esta ayuda, siempre que acredite ante la ONCE su condición de estudiante. “No hay tiempo que perder y tenemos que priorizar las bibliografías que sean urgentes para la formación de los usuarios”, explica el técnico. El coste de un manual depende de la asignatura y de la complejidad del contenido. No es lo mismo adaptar un libro de matemáticas que uno de literatura. El gasto depende, entre otros factores, del número de páginas o de la cantidad de gráficos. En cualquier caso, siempre superan los mil euros y, por tanto, “no hay una relación proporcional entre el coste para la persona vidente que para la que tiene discapacidad visual”, lamenta Cruz.

El claustro de profesorado es quien se encarga de elegir los libros de la editorial que consideren más adecuada para cada materia y cada curso. Sin embargo, en líneas generales, no son manuales concebidos para el fácil acceso de la población con discapacidad visual severa. “Vivimos en un mundo cada vez más visual, por tanto, se tiende a globalizar la información”, valora el técnico de la ONCE. 

El braille: puerta al conocimiento

Para poder utilizar los libros adaptados al braille, es fundamental conocer este lenguaje, que para las personas con discapacidad visual es la única vía autónoma de acceso al conocimiento y a la información. Su enseñanza no es obligatoria en la escuela pública. Por el contrario, se trata de un servicio personalizado y puntual que ofrece el equipo de apoyo itinerante integrado por profesionales tanto de la ONCE como de los docentes de los centros canarios. Además, en ocasiones se imparten talleres de braille para todo el alumnado, con el propósito de acercar al resto de personas a esta otra forma de percibir y conocer la realidad.

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