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La larga mano de Soria sigue estirada

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Los que conocemos a José Manuel Soria desde que dio el salto a la política, a mitad de la década de los años noventa (sí, del siglo pasado), siempre supimos que su retirada obligada de la política no iba a suponer el abandono total de esa actividad. Desde que la descubrió y la combinó con los negocios de la manera que lo hizo, supo que eran dos actividades complementarias: poder es dinero, dinero es poder. Por eso, su dimisión en abril de 2016 como consecuencia de la aparición de su nombre en los Papeles de Panamá y la posterior constatación (por parte de Canarias Ahora) de que tenía una empresa familiar en el paraíso fiscal de Jersey, significó solamente la inversión del mayor peso de la política por los negocios, es decir, el Soria empresario sobre el Soria político, pero sólo en apariencia. Porque la política sigue estando entre las actividades necesarias del exministro Soria para que sus actividades empresariales (automoción, turismo, residencias de mayores, renovables…) puedan alcanzar el éxito. Es uno de los valores que aprecian quienes se hacen con sus servicios porque saben que sigue teniendo acceso franco al poder tanto en Canarias como en algunos despachos peninsulares gracias no solo a su amplia agenda de contactos sino también a la reputación que le precede como gestor generoso con quienes son generosos con él. Soria, por poner un ejemplo, tiene acceso directo a Fernando Clavijo, presidente de Canarias, al que ha tenido la ocasión de pedirle un par de favores relacionados con sus representados; y por razones obvias, al vicepresidente de la Comunidad, Manuel Domínguez, que es además presidente del Partido Popular de Canarias, del que Soria fue líder y caudillo indiscutible durante más de dos décadas. 

El Ayuntamiento de Mogán como núcleo irradiador

A su manera y con sus capacidades y sus coeficientes, Manolo Domínguez sabe que a Soria le sigue atrayendo mucho el poder, por eso le sugirió en 2023 ser candidato a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria, ignorando que los puestos políticos de designación electoral ya están muy lejos de las apetencias del exministro y exalcalde de esa misma ciudad y que, en todo caso, solo aceptaría puestos de mucho relumbrón sólo relacionados con el mundo de las finanzas, como trató de conseguir por la puerta de atrás con el Banco Mundial desde los cuales se comprendan sus inclinaciones actuales. También tiene acceso Soria a ciertas decisiones del que fuera su partido del alma, como la de qué hacer con la polémica y polifacética creadora de contenidos Onalia Bueno, alcaldesa de Mogán, a la que avala para que regrese al PP en cuanto ella quiera, no solo para tratar de repetir con éxito a ese cargo, sino para, desde él, optar a ser presidenta del Cabildo de Gran Canaria. El partido ha visto con buenos ojos la idea y ha llegado a insinuar a Bueno que a lo mejor podrían hacer con ella en Mogán lo que se hace desde hace años en San Bartolomé de Tirajana con el alcalde Marco Aurelio Pérez, que es tan del PP como líder de Asociación de Vecinos, formación por la que suele concurrir a la alcaldía con bastante éxito. Bueno se lo piensa mientras algunas voces muy atrevidas tratan de amenazarla con rescatar del ostracismo al que fuera su alcalde, su jefe y su todo, Francisco González, defenestrado a raíz del escándalo del caso Góndola, que a él le adelgazó (políticamente) y a ella le engordó (políticamente, también). Paquirrín, como se le conoce desde entonces, anda diciendo a quien le quiera escuchar que sólo hará algo por su partido si el candidato es su hijo, actualmente asesor en la Consejería de Educación. Mogán se ha convertido en el epicentro de muchas cosas que pasan en la política de Canarias gracias a la personalidad poliédrica de su alcaldesa, que ya tiene trabajando en su ayuntamiento a dos sobrinos de José Manuel Soria y a uno de los más firmes candidatos a dirigir la Fundación Auditorio Teatro (Alfredo Kraus, Pérez Galdós, respectivamente), Zoilo Alemán, que tras haber abandonado por la vía más expeditiva el Palacio de Congresos de Meloneras, se ha hecho un máster en Contratación Pública y ha elegido ese consistorio tan pintoresco para hacer las prácticas. ¿Dónde mejor? Si se le pregunta al interesado si es el favorito para sustituir a Tilman Kuttenkeuler, se va por peteneras: “De momento no sé qué haré porque estoy en proceso de selección muy avanzado para una empresa que se va instalar en Gran Canaria, pero tendría que irme un año y medio a Madrid”.

Desconcierto en Moncloa: nadie encuentra al candidato progresista al TSJC

Los teléfonos echaban humo los días posteriores a que se cerrara el plazo de admisión de candidaturas para la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias. Por defectos formales en la convocatoria (una corrección de errores), el Consejo General del Poder Judicial amplió las fechas, lo que hizo pensar en algunos despachos que a los dos candidatos iniciales se sumaría un tercero o una tercera que tuviera marchamo progresista. Pero no fue así. Al actual presidente, Juan Luis Lorenzo Bragado, le salió como opositor el actual presidente del Tribunal de Instancia de Las Palmas de Gran Canaria (decano, antes de la majadería de Bolaños del cambio generalizado de nomenclatura que nos ha jodido a todos los periódicos el tamaño de los titulares). Juan Avello es de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), la mayoritaria asociación de jueces, conservadores ellos, que le joden la vida al Gobierno un día sí y el otro también con sus jacarandosos comunicados y comentarios en redes sociales. Pero Avello es un tipo moderado que no ha destacado por excéntricas, llamativas o comprometidas actuaciones sino más bien por todo lo contrario. Así que la primera foto era entonces la de un vitorino (de la también conservadora Asociación Francisco de Vitoria) contra otro conservador. Hasta que apareció el tercer candidato en liza, Jaime Borrás Moya, que no está afiliado a ninguna asociación judicial y que presenta como más llamativa actividad en su curriculum el ejercicio del ilusionismo, previa autorización de compatibilidad del Consejo General del Poder Judicial, donde aún resuenan las chanzas sobre su apellido y la famosa marca de juegos Magia Borrás. Complementariedades aparte, la condición de no afiliado de este juez ilusionista hizo sospechar a los más incautos que se trataba de la apuesta progresista, porque a esos incautos les parecía muy improbable que en el actual escenario no se le ocurriera a nadie de la asociación Jueces y Juezas para la Democracia presentarse a tan atractivo e influyente puesto. Hasta en Moncloa creyeron que Borrás era la persona a apoyar en los cenáculos correspondientes, ignorantes de que en el Consejo General del Poder Judicial también hay repartos territoriales e ideológicos. Es decir, que si a Euskadi le toca presidencia progresista -por poner un ejemplo al azar-, Canarias se tiene que esperar a la próxima ocasión, si es que algún día llegara o llegase. Ante este lindo panorama, el favorito para presidir el alto tribunal canario es Juan Avello, quebrando nuevamente la costumbre no escrita de que un presidente de TSJ que se tercie aguanta como mínimo dos mandatos, es decir, una década completita, y que habrá que esperar otros cinco años a ver si le toca a los magistrados y magistradas progresistas proponer a uno de los suyos a tan altos destinos. Para eso tendrán que estar nuevamente a expensas de que la parte conservadora de la parte contratante se avenga a cumplir en el CGPJ con la misma diligencia que la parte progresista cuando la conservadora no tiene la sartén por el mango. Y el mango también.