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Marrakech I: Jemaa el Fna y alrededores

La 'Asamblea de los muertos' ofrece todo un universo de olores, sabores y sensaciones.

El corazón de la medina es el mejor lugar para iniciar las excursiones por la ciudad.

Por las noches, la plaza de Jemaá El Fna se convierte en una gigantesca cocina al aire libre.

Por las noches, la plaza de Jemaá el Fna se convierte en una gigantesca cocina al aire libre.

En torno a la plaza de Jemaa el Fna se encuentran los zocos más imponentes de la ciudad así como algunos edificios monumentales interesantes. Esta zona no es, en sentido estricto, el centro geográfico de la medina, pero sí un punto estratégico desde el que se puede iniciar cualquier visita. Todas las calles importantes de la ciudad vieja (si alguna de las vías puede llamarse así), desembocan o se acercan a este espacio abierto. Es, también, un punto de referencia para todos aquellos que tengan dificultades para orientarse. A la mínima sensación de pérdida, no hay más que decir Jemaa el Fna para que algún lugareño indique el camino más cercano. Esta zona de la ciudad es la más transitada y aunque la medina no es peligrosa alrededor de la gran plaza es posible caminar hasta altas horas de la noche sin problemas.

La plaza de Jemaa el Fna.- No se puede decir que Jemaa el Fna sea una plaza en el sentido europeo de la palabra. Es más bien un gran espacio abierto, sin forma regular alguna, con una vida impresionante. Su nombre, sin embargo, nada tiene que ver con la casi incesante actividad que se desarrolla en su irregular superficie. Su nombre podría traducirse como Asamblea de los muertos ya que hasta la llegada de los franceses a principios del siglo XX, este lugar era el escenario de las ejecuciones públicas. Originalmente, este espacio formaba parte del palacio de la dinastía almorávide y era utilizado para la realización de festejos y desfiles militares. Tras la llegada de los almohades, el edificio fue demolido y la plaza quedó como el gran espacio público que hoy es. La actividad apenas cesa a lo largo de todo el día. Por la mañana alternan los carruajes de zumos, las tatuadoras de henna, los dentistas callejeros, los aguadores o los encantadores de serpientes.


Por la tarde la cosa decae un poco para animarse de manera exponencial durante las primeras horas de la noche. Entonces, un mar de tenderetes de comida callejera ocupa el centro de la plaza y los más variopintos espectáculos de calle se desarrollan en sus alrededores. Contadores de cuentos, boxeadores aficionados, músicos ambulantes o funambulistas toman el lugar convirtiendo la Asamblea de los muertos en todo un festival a cielo abierto. Las linternas de gas y el humo de las cientos de parrillas aumentan la sensación de multitud entre gaitas, tambores, gritos y el ruido de un tráfico incesante que serpentea entre la multitud.

Jemaá el Fna se vive a pie de calle, mezclándose con la gente y curioseando entre puestos y los corrillos que se forman en torno a los espectáculos callejeros. Pero conviene subir a alguna de las terrazas de los cafés que se localizan en la plaza para tener una visión de conjunto a vista de pájaro. La mejor opción es el Café Glacier, que permite una visión de más de 270 grados sobre el caos reinante. Para disfrutar de estas vistas sobre la multitud hay que consumir algo. Los tés a la menta y los pastelillos árabes del lugar son míticos.

La Mezquita de la Koutoubia.- Es una de las obras maestras de la arquitectura musulmana y, quizás, la mezquita más importante del occidente islámico. Construida por los almohades, sus 17 naves pueden albergar a más de 20.000 fieles, lo que la convierte en uno de los grandes templos del Islam (el edificio mide 90X60 metros). La traducción de su nombre es Mezquita de los libreros ya que el solar sobre el que se levantó (en el siglo XII) estaba ocupado por un zoco de librerías, copistas y escribanos. A su llegada a la ciudad (1149), los almohades decidieron demoler la primitiva mezquita almorávide con el pretexto de la mala orientación de la kibla (muro que mira hacia La Meca). Los cimientos del primer edificio aún pueden verse junto a los muros. Lamentablemente, la entrada al recinto no está permitida a los no musulmanes.


Pese a la grandiosidad de su interior, formado por hileras regulares de arcadas de herradura pintadas de un impoluto color blanco, el principal atractivo de esta mezquita puede admirarse desde el exterior. El alminar de 70 metros de la Koutoubia es una de las obras maestras de la arquitectura almohade. Levantado según estrictas reglas matemáticas (su altura es cinco veces su anchura), esta torre de ladrillos sirvió de modelo para la Giralda de Sevilla (alminar de la antigua mezquita y campanario de la actual catedral) y de la inconclusa Torre de Hassan, en Rabat. Esta triada es la cumbre de la arquitectura almohade. El interior está dividido en seis pisos conectados con rampas que permitían al muecín acceder a la plataforma a caballo. Poco después de su construcción (en el reinado de Yacub Al Mansur entre 1184 y 1199) estaba completamente cubierta de azulejos. Hoy, una estrecha franja de cerámica verde rodea la torre cerca de la cúspide. Sobre la linterna, tres esferas de cobre remarcan el carácter sagrado del edificio.

Junto a la Koutoubia se levanta el pequeño santuario de Lalla Zohra, una mujer que, según la tradición, llegó a ser una de las más influyentes mujeres del imperio almohade pese a ser la hija de un pobre esclavo liberado. La leyenda asegura que esta mujer se transformaba cada noche en paloma para conocer sin ser descubierta los secretos de los más poderosos vecinos de Marrakech. El santuario, de un blanco impoluto, es un buen ejemplo de arquitectura almohade. Alrededor de la mezquita también puede disfrurtarse de los Jardines de la Koutubia y de la recoleta Plaza de Focauld.


COMER EN JEMAA EL FNA

La Plaza de Jemaá El Fna ofrece una interesante oferta gastronómica que se adapta a todos los gustos y bolsillos. Desde las exclusivas terrazas del Alambra a los puestecillos de comida que se instalan a pie de calle, uno puede elegir todo un elenco de posibilidades. La información que te damos recoge nuestra experiencia en los restaurantes de la zona. No te vamos a hablar de restaurantes que no hemos visitado.

Para desayunar.- Te recomendamos la terraza del Café Glacier. Pide los excelentes crepés marroquíes con miel y un buen té a la menta o un café más que aceptable (algo extraño en la ciudad). Un desayuno completo ronda los 15 dirhams. También puedes desayunar en el Café de France (20 Dirhams). Típico en este cafe, el café con bollos.

Un refresquito.- Por una cantidad que va de los 5 a los 15 dirhams, puedes tomar un zumo de naranja recién exprimida en alguno de los carritos que están instalados en la zona. También abundan los puestos de frutos secos, en los que puedes adquirir higos secos, almendras, pasas y demás artículos similares.

Comer en condiciones.- Dentro de los restaurantes baratos de la plaza, te recomendamos el Chez Chegrouni. Buenos platos de cocina tradicional marroquí a precios que rondan los 80 dirhams por persona; los tajines y los couscous merecen la pena. No te vayas de la ciudad sin probar su sopa harira. Otras opciones baratas son N’Zara y el Toubkal, con buenos platos tradicionales a precios más que interesantes (unos 70 dirhams por persona).

Un caprichito.- Para una merienda en condiciones o un buen té a la menta, nada mejor que el Terrases de l’Alambra. El té con sorbete de limón es una de las exquisiteces más buenas que hemos  probado en Marruecos. El precio se ajusta un poco más a los estándares españoles, pero merece la pena. La carta de dulces, batidos y tartas es espectacular.

Para la noche.- Es un crimen pasar por Marrakech y no comer en alguno de los puestos que se agolpan en Jemaá el Fna. El más famoso de todos es el número 31, que se jacta de ofrecer las mejores salchichas especiadas de todo Marruecos. La oferta culinaria es variada. Caracoles, cabezas de cordero con sus ojitos y todo, carne a la brasa, pescado frito... Se puede comer en alguno de estos puestos por unos 70 dirhams.

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