Todo lo que debes saber para proteger los ojos del eclipse, según un oftalmólogo: “Mirar al sol siempre es malo”

Darío Pescador

4 de agosto de 2026 09:58 h

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El próximo 12 de agosto de 2026, a partir de las 19:27 hora peninsular, en una franja que atraviesa A Coruña, Oviedo, Burgos, Zaragoza, València y Palma de Mallorca se verá cómo la Luna tapa completamente el disco solar durante poco más de un minuto. El resto del país verá un eclipse parcial. Es el evento astronómico más significativo en España en generaciones, y también uno de los más peligrosos para la vista.

“Mirar al Sol siempre es malo. Independientemente de que haya eclipse o no, mirar al Sol nunca es bueno”, afirma rotundamente el doctor Nicolás Toledano Fernández, oftalmólogo en HM Hospitales. “Estamos exponiendo la radiación ultravioleta, que es la que realmente daña la retina”, añade.

En condiciones normales, el brillo del Sol es tan intenso que el reflejo de apartar la nos sirve de protección instintiva. El problema del eclipse es que ese mecanismo de defensa natural falla en el peor momento. “Con un eclipse, sea tapado, sea parcial, como el Sol se oscurece, tienes la falsa sensación de que hay menos luminosidad y de que estás más protegido. Pero realmente la radiación es igual de dañina”, aclara el doctor Toledano.

Qué lesiones produce la exposición solar en los ojos

El daño que produce mirar al Sol no es térmico (quemadura por calor), sino fotoquímico. “La radiación ultravioleta libera radicales libres que hacen daño en la capa de los fotorreceptores de la retina”, explica el doctor Toledano. “El daño fundamental es en la mácula, que es la zona de máxima visión que tenemos en el ojo”.

Para agravar aún más el problema, los síntomas de este daño no son inmediatos, sino que aparecen horas o días después. “Lo más normal es que se note como una mancha negra donde se mira. Eso es lo que se llama un escotoma positivo. Y luego también pueden ver las cosas deformadas, o las líneas torcidas. Hay otros que pueden tener daño en la córnea, parecido a la queratitis de la gente cuando va a esquiar, que se daña por el Sol, pero eso es menos frecuente”, comenta Toledano.

Por qué siempre hay lesiones en los eclipses

Los datos de eclipses recientes muestran que, por mucho que haya prevención, las lesiones se producen igualmente. Un estudio sobre el eclipse de 1999 identificó 70 casos de pérdida visual en un seguimiento activo de tres meses. La edad media fue de 29 años, un 84% con alteración macular visible en la exploración. La mayoría de los casos mejoraron parcialmente a los seis meses, aunque no todos recuperaron la visión completa.

Tras el eclipse de 2017 en Estados Unidos, 27 pacientes acudieron a urgencias de oftalmología en el Estado de Utah con problemas visuales y seis tenían retinopatía solar confirmada. En el más reciente eclipse de abril de 2024, también visible en Estados Unidos, un estudio en urgencias no encontró un aumento estadísticamente significativo de visitas por lesiones oculares, lo que los autores atribuyen al éxito relativo de las campañas de concienciación previas.

“La labor fundamental de los oftalmólogos estos días es más de prevención, porque luego esto cuando aparece tiene mal tratamiento, no hay tratamiento curativo”, advierte el doctor Toledano.

En el eclipse hay una estrecha ventana en la que es seguro mirar, que es cuando el Sol está totalmente oculto durante la totalidad, pero es una seguridad engañosa. “Cuando esté todo oscuro, se puede mirar un momentín, pero tampoco quedarse ahí absorto”, explica el doctor Toledano. “Es el único momento en que pueden mirar. En cuanto haya un mínimo de anillo dorado, un mínimo de brillo, no hay que mirar”, añade con firmeza. Esto quiere decir que en cuanto reaparece el primer destello al final de la totalidad, los ojos deben volver a estar protegidos correctamente.

Telescopios, prismáticos y cámaras: peor que mirar a ojo descubierto

Un error frecuente es pensar que mirar a través de un instrumento óptico como un telescopio o unos binoculares ofrece protección, pero es todo lo contrario, ya que el riesgo se multiplica. “Cualquier objetivo tiene hace es una función de condensación, aumentando por 10, por 100 o por 1.000 la potencia de la radiación ultravioleta”, aclara el doctor Toledano.

Cualquier instrumento óptico debe tener un filtro solar adecuado. Estos filtros son tan oscuros que cuando se colocan, no se ve nada a no ser que se enfoquen directamente al Sol. El filtro siempre debe colocarse siempre por delante del objetivo (la lente frontal del instrumento), no por detrás donde se apoya el ojo. Tampoco sirve mirar por el ocular con unas gafas de filtro, ya que la energía ya ha sido concentrada por las lentes y las gafas no protegen lo suficiente.

Las gafas homologadas y cómo reconocerlas

Para contemplar el eclipse no sirven las gafas de sol convencionales, ni las radiografías, ni los cristales ahumados ni los negativos fotográficos ni cualquier otro tipo de plástico. La única protección válida para el eclipse son las gafas homologadas con sello ISO 12312-2. “Cualquier otra cosa que no sea un filtro homologado con ese código, no sirve”, insiste el doctor Toledano. “Luego, antes de ponérselas, hay que mirarlas a contraluz. Si notan cualquier rayadura, cualquier zona por la que pasa la luz, hay que desecharlas”.

El mensaje del doctor Toledano para quienes todavía tengan dudas es el más sencillo posible: “Ante la duda, no mires. Si crees que no estás protegido, no mires. Lo vas a ver perfectamente el día siguiente en la televisión, o en páginas científicas que te lo van a mostrar a tiempo real”. Por muy importante que sea el eclipse como acontecimiento, nuestros ojos son para toda la vida.