Conocido como pepino de mar por su forma alargada, este animal de movimientos lentos tiene un papel básico en los ecosistemas marinos

El pepino de mar es un equinodermo fascinante perteneciente a la clase Holothuroidea, un grupo diverso con más de 1.700 especies que habitan en todos los mares y océanos del mundo, desde aguas someras hasta las mayores profundidades abisales. Su nombre común se debe a su evidente parecido con la hortaliza, aunque en realidad se trata de un animal bentónico y no de una planta marina. Carece de una estructura ósea única y rígida que soporte su cuerpo, lo que hace que su registro fósil sea escaso, remontándose al período silúrico tardío de hace unos 400 millones de años.

Su pared corporal es flexible debido a la presencia de músculos circulares y longitudinales, y su esqueleto está compuesto por partículas aisladas de calcita llamadas osículos que endurecen su gruesa piel y sirven como carácter diagnóstico para diferenciar las especies. La anatomía de este animal de cuerpo alargado es simple pero altamente especializada, con longitudes que varían entre los 2,5 centímetros y los 3 metros. En su mayoría poseen forma de cilindro que descansa sobre el lecho marino, con una apertura bucal en un extremo y el ano en el extremo opuesto. Carecen de un cerebro verdadero, por lo que un anillo de tejido neuronal envía nervios a los tentáculos y la faringe, mientras que cinco nervios principales recorren la longitud del cuerpo.

Para respirar, estos organismos utilizan un par de estructuras llamadas árboles respiratorios, que consisten en túbulos ramificados situados dentro del ano que también realizan funciones excretoras. Su sistema circulatorio no es convencional, sino que consiste en un sistema vascular de agua que proporciona la presión hidráulica necesaria para mover sus tentáculos y pies. Al ser animales de movimientos sumamente lentos y mayormente sedentarios, los pepinos de mar rara vez se desplazan más de una decena de metros durante un día entero, permaneciendo en grietas o semienterrados en la arena.

Para compensar esta vulnerabilidad ante depredadores como estrellas de mar, crustáceos y peces, han desarrollado mecanismos de defensa extraordinarios y eficaces. Al sentirse amenazadas, algunas especies pueden disparar a través de su ano unos hilos extremadamente pegajosos conocidos como túbulos de Cuvier que paralizan o irritan a sus atacantes. Otros son capaces de contraer fuertemente sus músculos y expulsar parte de sus propios órganos internos, un fenómeno llamado evisceración que distrae al depredador mientras ellos escapan lentamente. Posteriormente, el pepino de mar demuestra una asombrosa capacidad de regeneración para reconstruir por completo sus vísceras sacrificadas.

La importancia ecológica del pepino de mar en los ecosistemas oceánicos es fundamental debido a sus hábitos de alimentación como animales detritívoros y omnívoros. Estos seres se alimentan de diminutas partículas de materia orgánica, algas, zooplancton y desechos contenidos en el fango marino, ingiriendo grandes cantidades de sedimentos. Al procesar esta materia en su tracto intestinal, absorben los nutrientes necesarios y expulsan por el ano finos cordones de arena completamente limpia y recubierta de una sustancia mucosa. Este proceso de movilidad del sedimento remueve la arena del fondo marino, evita la acumulación de materia en descomposición y facilita la liberación de nutrientes esenciales. De esta manera, actúan como verdaderos limpiadores de los fondos oceánicos, promoviendo la transferencia de energía y la salud de la interfase agua-sedimento.

El ciclo reproductivo de las holoturias presenta características notables que aseguran la supervivencia de sus poblaciones en los diversos hábitats marinos. Estos equinodermos tienen la capacidad de reproducirse tanto de manera asexual, mediante la regeneración de sus cuerpos, como de forma sexual. Poseen los sexos separados con una sola gónada ramificada, aunque existen algunas especies que son hermafroditas protándricas. Al final del verano, los individuos se agrupan en aguas superficiales para liberar de manera sincronizada sus espermatozoides y óvulos directamente en el agua, ocurriendo una fecundación externa. Tras la fertilización, se desarrollan larvas planctónicas que nadan libremente por el océano durante varios días. En su tercera etapa larvaria, conocida como pentacularia, es cuando finalmente se desarrollan los tentáculos y el espécimen comienza a asentarse en el fondo bentónico.

A pesar de su aspecto viscoso y su textura correosa, el pepino de mar es un recurso económico de enorme valor, considerado un manjar culinario de lujo en Asia. En países del sudeste asiático y China se consume tradicionalmente en sopas, guisos y salteados tras un complejo proceso de hervido, ahumado y deshidratado. Se le conoce como hai sum en China, trepang en Malasia, namako en Japón y balatan en Filipinas, y se le atribuyen propiedades medicinales contra el cáncer y la artritis. Además de sus cualidades alimentarias, se le confieren efectos afrodisíacos, lo que impulsa una altísima demanda internacional y genera un lucrativo mercado negro global.

Peligro de extinción

En España, el pepino de mar tiene un protagonismo gastronómico muy particular, especialmente en las regiones del levante español y Catalunya, donde es conocido popularmente como espardenya. Históricamente, estos animales carecían de valor comercial para los pescadores locales, quienes los consumían únicamente a bordo de sus embarcaciones pero nunca los desembarcaban en los puertos. Sin embargo, hace algunas décadas, reconocidos chefs de la alta cocina comenzaron a interesarse por su textura única y su delicado sabor a mar. Hoy en día, lo que antes era un descarte de las redes de arrastre es una joya culinaria muy apreciada en la península.

La creciente demanda internacional ha colocado a las poblaciones mundiales de pepinos de mar bajo una presión pesquera insostenible que amenaza con agotar el recurso. Según informes de la FAO, las reservas de las especies de mayor valor comercial se encuentran sobreexplotadas o casi agotadas en el océano Índico, África y Asia-Pacífico. Actualmente, la Lista Roja de la UICN clasifica a siete especies como en peligro de extinción y a nueve como vulnerables debido al preocupante desconocimiento de su biología básica. Para revertir esta situación de declive ecológico, los expertos señalan la necesidad urgente de diseñar e implementar planes de gestión pesquera específicos para cada región.