¿Siguen vivas las ninfas griegas? Una investigación encuentra su rastro en las leyendas de Castilla y León

Las ninfas de la antigua Grecia podrían no haber desaparecido del todo, o al menos, no del imaginario colectivo. Una investigación de la Universidad de Valladolid detalla que aquellas divinidades asociadas a fuentes, ríos, cuevas y lagunas habrían sobrevivido transformadas en personajes de la tradición popular de Castilla y León, como las moras encantadas, las lamias, las anjanas o, posteriormente, las vírgenes y santos vinculados a lugares donde el agua ocupa un papel protagonista.

El estudio, publicado en la revista científica Álabe y firmado por el profesor Jesús María Nieto, sostiene que muchas de las leyendas que aún se conservan en esta comunidad son el resultado de un largo proceso cultural que comenzó con los antiguos cultos indígenas al agua, continuó con la llegada de la civilización romana y de la mitología clásica y terminó con la cristianización de esos mismos espacios considerados sagrados desde hacía siglos.

Distintas creencias sobre un mismo lugar

La investigación analiza cómo manantiales, fuentes, cuevas, ríos y lagunas fueron durante generaciones escenarios de veneración y de relatos sobrenaturales. Según Nieto, el cambio de religión no eliminó esas creencias, sino que las transformó. Allí donde antes se situaban ninfas o divinidades protectoras del agua, la tradición cristiana acabó colocando vírgenes, santos o milagros, manteniendo en muchos casos los mismos esquemas narrativos y el carácter sagrado de esos enclaves.

Castilla y León constituye, según el investigador, un territorio especialmente valioso para estudiar esta evolución gracias a la abundancia de restos arqueológicos y de patrimonio oral. Mosaicos romanos, antiguos santuarios, cuevas y leyendas populares permiten seguir el rastro de unas creencias cuya continuidad abarca más de dos mil años.

Uno de los ejemplos que recoge el trabajo es el mosaico romano de Hilas y las ninfas, hallado en la villa romana de Quintana del Marco (León). La escena representa el rapto de un joven por parte de las divinidades de una fuente, un motivo ampliamente difundido en la mitología clásica y que, según el estudio, reaparece siglos después en numerosas tradiciones populares castellanas y leonesas.

Todas las historias tienen relación con el culto al agua

La investigación cita diversos relatos repartidos por Castilla y León. Entre ellos figura la Fuente de la Mora, en Siete Iglesias de Trabancos (Valladolid), donde una misteriosa mujer encantada atrae a quienes se acercan al manantial. También menciona la leyenda de la lamia de Lumías (Soria), igualmente vinculada a una fuente y una cueva, además de las historias del lago de Isoba y del lago de Carucedo, ambos en León, donde el origen de las aguas se explica mediante maldiciones o castigos divinos.

Para el autor, detrás de estas narraciones aparecen una y otra vez dos grandes temas heredados de la Antigüedad: la creación sobrenatural de lagos, ríos o fuentes y la desaparición o el rapto de personas en espacios acuáticos considerados sagrados. Aunque los protagonistas cambien con el paso de los siglos, la estructura de los relatos permanece estable.

La cristianización también dejó su huella en estos lugares mediante la aparición de numerosas advocaciones marianas relacionadas con fuentes y cuevas, como las de la Virgen de la Fuencisla, en Segovia, o la Virgen de Sonsoles, en Ávila. Para Nieto, estos santuarios representan un nuevo capítulo de una tradición mucho más antigua que ya atribuía un carácter especial al agua y a los paisajes donde brotaba.

El estudio concluye que las leyendas de Castilla y León constituyen un auténtico archivo de memoria colectiva en el que todavía pueden rastrearse las huellas de aquellos antiguos cultos al agua. Más allá de su valor folclórico, estas historias reflejan cómo las sociedades han reinterpretado durante siglos unos mismos lugares sagrados, adaptando sus personajes y creencias sin romper el vínculo simbólico con el agua.