La casa de Madrid donde Sorolla diseñó su propio jardín para pintar la luz
El Museo Sorolla tiene su origen en la voluntad de Clotilde García del Castillo, viuda del pintor, que en 1925 legó al Estado español la casa familiar y las colecciones que le pertenecían para crear un museo dedicado a la memoria de Joaquín Sorolla. El legado fue aceptado en 1931 y un año después abrió sus puertas al público.
El Ministerio de Cultura, en su página sobre el Museo Sorolla, en el apartado Misión, afirma: “Clotilde García del Castillo, en su testamento de 1925, legó al Estado español la casa y las colecciones que le pertenecían para que se creara un museo en memoria de su marido”. Desde entonces, la institución ha mantenido la misión de conservar, investigar y difundir el legado del artista valenciano.
La vivienda que hoy alberga el museo fue concebida por el propio Sorolla como un proyecto muy personal. Tras residir en distintos puntos de Madrid durante décadas, el pintor tenía una idea clara del espacio que necesitaba para combinar la vida familiar y el trabajo artístico.
Una casa diseñada para vivir y pintar
Según se narra en la sección Historia de la misma web, en 1905 adquirió un solar en el entonces Paseo del Obelisco, actual General Martínez Campos. Allí comenzó a proyectar una vivienda que reuniera dos de sus grandes aspiraciones: tener sus estudios cerca de la familia y disponer de un jardín donde poder pintar y descansar.
Años después, gracias al éxito de sus exposiciones en Estados Unidos, “encarga el proyecto al arquitecto Enrique María de Repullés y Vargas (1845-1922), y tiene ocasión de comprar un segundo solar contiguo que le permitiría ampliar la zona de trabajo (salas I y II) e incorporar los tres jardines de la vivienda”. Él intervino directamente en el diseño del conjunto. El museo conserva numerosos dibujos realizados por Sorolla que muestran cómo participó activamente en la planificación de la vivienda.
La distribución respondía a las necesidades de la familia y del artista. En la planta principal se encontraban los salones y los estudios de pintura, caracterizados por sus techos altos y la abundante entrada de luz. Los dormitorios familiares ocupaban la primera planta, mientras que las dependencias del servicio se situaban en los niveles superiores e inferiores.
El jardín que terminó convirtiéndose en un tema de su pintura
Uno de los aspectos más singulares de la casa fue el jardín. Sorolla no se limitó a encargarlo, sino que diseñó personalmente su trazado y seleccionó las especies que lo compondrían. De hecho, así lo narra la web: “El jardín fue otra creación de Sorolla, que diseñó su trazado y escogió sus especies, y que hizo de él uno de los temas favoritos de su pintura en sus últimos años”.
Con el paso de los años, ese espacio acabó adquiriendo una importancia creciente dentro de su obra. Los jardines se convirtieron en uno de los temas recurrentes de sus últimos años de pintura y en un escenario ideal para seguir explorando la luz, uno de los elementos centrales de toda su trayectoria artística.
Hoy, la antigua vivienda familiar continúa cumpliendo la función que imaginó su fundador: conservar la obra de Joaquín Sorolla y acercarla al público. Pero también permite comprender cómo vivía y trabajaba el artista, en una casa concebida a su medida y rodeada por un jardín que él mismo imaginó y creó.