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Cachetones sí, maricones no

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Uno de los señores que podría agarrar la pancarta de la cabecera podría ser Luis Carbonel, el presidente de la CONCAPA, que declaró hace unos días que "no se puede suprimir a los padres el derecho a corregir a los hijos, tenemos que huir de hipocresías y de la crisis de autoridad porque ni la familia ni el colegio son democráticos". Estas declaraciones las hizo Carbonel para justificar la oposición de su organización a la supresión de los artículos 154 y 268 del Código Civil que hasta la semana pasada reconocían a los padres y tutores la potestad de "corregir razonable y moderadamente a los niños".

Diferentes organizaciones internacionales consideraban que la antigua redacción del Código Civil dejaba la puerta abierta a la justificación de castigos físicos sobre los menores. La Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR) defendió el cambio de la legislación porque hay que evitar cualquier recurso legal que pueda justificar el maltrato. El director de programas de esta asociación, Benjamín Ballesteros, manifestó que el gobierno debe de promover "escuela de padres porque hay muchos padres que no saben cómo educar a los hijos sin el cachete".

Ballesteros sabe de lo que habla porque trabaja en una asociación con niños y adolescentes que han sufrido problemas de malos tratos. Pero parece que no conoce muy bien a los padres que utilizan el cachete como sistema educativo, porque precisamente quienes pusieron el grito en el cielo por los cambios del Código Civil aprobados por el Congreso de los Diputados son los mismos que se oponen a la Educación para la Ciudadanía porque consideran que desde la escuela no se pueden "imponer" valores como la interculturalidad o no se debe explicar que existen distintos tipos de familias. Los cambios del Código Civil se aprobaron con los votos en contra del PP y la derecha nacionalista.

La portavoz de la CECE, la patronal de la enseñanza privada que ha defendido la objeción de conciencia a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, declaró que poner en el Código Civil que los padres deben respetar "la integridad física y psíquica" de los hijos "es una auténtica sandez" porque, según Isabel Bazo, "este cambio constituye un arma más en manos de determinados adolescentes a los que se da una coartada para que denuncien a los padres". Supongo que la señora Bazo desconoce la Declaración Internacional de los Derechos del Niño y los distintos tratados internacionales que protegen a la infancia. O quizá también considera que esas declaraciones son otra coartada para que los niños denuncien a quienes violan sus derechos fundamentales.

La verdad es que esta polémica creada por los sectores más reaccionarios de la sociedad española es un síntoma más de que el fascismo no se murió el 20 de noviembre de 1975. Resulta que los mismos que han salido a la calle para intentar frenar la legalización de los matrimonios entre personas homosexuales, los mismos que decían que el gobierno de Zapatero se estaba cargando a la familia. Los mismos que no quieren que sus hijos aprendan en la escuela a respetar a los que son diferentes. Son también los que se oponen a que las parejas del mismo sexo puedan adoptar niños y los que reivindican el derecho al cachetón.

Pues podían haber dicho todo a la vez, en la misma manifestación. Cuando salieron a rechazar el matrimonio entre homosexuales. Cuando se manifestaron contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Cuando pidieron públicamente que no se permita el "divorcio express" porque la familia debe ser para toda la vida. El mismo día podían habernos explicado que su miedo tenía una justificación: unos hijos educados por dos mujeres podían salir demasiado sensibles, y unos hijos educados por dos gays no podrían disfrutar de ese padre machote que le da un cachetón a tiempo al chiquillo. Pues eso, querida familia tradicional, eterna y heterosexual, vamos a preparar la pancarta para la próxima manifestación. Me contó Federico que la retransmitirán por su divina radio y su libre televisión. Ya tenemos el lema: "Al Código Civil, haz objeción, no seas maricón. Cachetones sí, maricones no".

Juan García Luján

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