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Canarias y el ataque a Irán por Juan Jesús Bermúdez Ferrer (*)

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Tras el reparto de los petróleos de Irak y la más que segura intervención extranjera en su extracción, queda por garantizar el suministro iraní, y que este país nunca sea amenaza para el bombeo continuo de crudo para las economías desarrolladas. El mundo está, muy probablemente, en los años de máxima producción de petróleo y ya probablemente ha pasado el de petróleo ligero, fundamental para el funcionamiento de la globalización, intensiva en transporte. Tras ese cénit el declive permanente, sin que exista hoy, ni probablemente pueda existir un sustituto de tanta intensidad a ese volumen energético que irá menguando año tras año. Una Unión Europea debilitada por su dependencia energética se sumará, con la boca pequeña, a cualquier estrategia de aseguramiento del suministro energético. Al envite afgano e iraquí, todo ello cubierto de una enorme campaña de propaganda antiterrorista, se suma ahora el ''desafío iraní''. El doble rasero de la diplomacia norteamericana tiene como objetivo ensañarse "preventivamente" con los países con recursos energéticos –EEUU, pese a ser el tercer productor mundial de petróleo, tiene unas reservas en continuo declive, y un estancamiento y posterior declive también en el caso del gas-, aunque para ello haya que crear "armas de destrucción masiva", "desafíos nucleares" o desplegar sus unidades a la búsqueda de los insondables guerrilleros de Al Qaeda, que curiosamente aparecen en sitios estratégicos para el trasiego de combustibles fósiles: Somalia, Indonesia, e inclusive Venezuela y Méjico. Nunca habíamos tenido un presidente de los EEUU tan cínico y cruel, pero tampoco nunca una crisis energética de oferta tan evidente. El ejército de los EEUU, el mayor servicio armado del mundo que garantiza el acceso a los recursos energéticos, como ha definido el autor de Guerra por los recursos, Michael T. Klare, ya tiene desplegados tres portaviones y la multitud de buques y fuerzas aéreas que les acompañan, en la zona, y la posibilidad de que otros tres se sumen en breve, y está conformando un enorme despliegue aeronaval en la zona del Golfo Pérsico, lo que augura un posible ataque al país islámico, utilizando también para ello el despliegue nuclear de Israel, que sí tiene armamento de ese tipo. Irán, ante el ataque –que puede venir disfrazado de respuesta a alguna acción terrorista, una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (que ya está sumando demasiadas vergüenzas a su historia) una evidencia fabricada o cualquier otro hecho acorde con esa imagen de "desafío integrista" creada ante la opinión pública occidental– podría cerrar, como arma de guerra, y mediante el sabotaje, el estrecho de Hormuz, que es, como alguien ha comentado, el auténtico "cordón umbilical energético" del mundo, por donde sale diariamente uno de cada cuatro litros de petróleo que consume el Planeta y con una distancia en mar menor que la existente entre La Gomera y Tenerife. Ocurran o no así los hechos, el escenario prebélico es evidente. Cabe preguntarse si estamos ante un ataque más, continuación de las invasiones a Afganistán e Iraq, ya con cientos de miles de víctimas a sus espaldas, o ante un punto de inflexión en la disputa mundial por los hidrocarburos. También debemos urgentemente preguntarnos por las repercusiones para la economía mundial, no sólo de este posible conflicto, sino de lo que realmente se esconde detrás, porque un país no despliega a sus ejércitos por capricho sino, en este caso, por la disputa por unos recursos energéticos en declive. Varios de los mayores yacimientos del mundo están en declive: Cantarell, en México; Burgan, en Kuwait; probablemente Gwahar, en Arabia Saudí, un país cuya producción de petróleo ha declinado un 8% en el año 2006. Junto a él, el Mar del Norte noruego y británico, en caída libre. Por eso EEUU, con un 5% de la población del mundo y un consumo del 22% del petróleo, necesita asegurar, al igual que el resto de los países desarrollados, el suministro que permita el funcionamiento de su economía. La crisis geopolítica derivada del conflicto por el petróleo nos afectará. Canarias consume 110.000 barriles de petróleo al día, un recurso cuyo precio puede escalar posiciones inimaginables hoy, ante el juego de la oferta y la demanda y la combinación entre disputa bélica de los recursos y declive natural de los mismos. Canarias es muy vulnerable ante este escenario, y no son nada despreciables la puesta en marcha de programas de contingencia y organización civil ante cualquier descenso brusco en el suministro energético global, a corto o medio plazo. Cualquier amenaza de nuevo ataque –contra el que hay que movilizarse, sumándonos a las crecientes manifestaciones internacionales contra esa ''operación''– es una nueva advertencia que se lanza a nuestra sociedad: en la medida en que ignoremos las tesis de los geólogos que advierten del fin del petróleo barato y el comienzo del petróleo cada vez más caro, en esa medida las islas sufrirán más el declive del petróleo, quizás el acontecimiento histórico más importante que se va a registrar en nuestras vidas, y que marcará, tarde o temprano, un punto de no retorno en nuestra organización económica y social, adicta a los hidrocarburos y que emprende guerras para asegurarlos. (*) Juan Jesús Bermúdez, presidente de la Asociación Canarias ante la crisis energética

Juan Jesús Bermúdez Ferrer (*)

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