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Canarias en pecado

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Años antes, el cierre por causas bélicas del canal de Suez había puesto al Puerto de La Luz en lo alto y andando el tiempo el terremoto de Agadir y el boicot al régimen de los coroneles griegos impulsaron la consolidación de las islas como destino turístico de masas; ayudado, recuerden, por las facilidades del Gobierno de Bonn a las inversiones alemanas en el exterior, que resultarían decisivas en la construcción-destrucción del Sur grancanario.

No es de extrañar que para los viejos del lugar viviéramos los isleños en pecado mortal al desear el mal ajeno. Ahora, las crisis del Norte de África tienden a desviar hacia el archipiélago un contingente de turistas con el que no se contaba y he vuelto a constatar que, en efecto, llevamos el pecado en la sangre. Aunque, ya ven, no sea tan pecaminoso el alborozo ante las contrariedades ajenas como el desaprovechamiento en los últimos quince o veinte años de los periodos vacas gordas y lustrosas; lo que tiene mucho que ver con el retroceso de Canarias que cuenta, sin que enfríe ni caliente al Gobierno autonómico, el mayor índice de paro de España; que registra, a su vez, el más alto de Europa. Y en medio de todo, la tendencia a marcharse de las islas de tantos jóvenes formados con el dinero de todos los canarios.

Es evidente que no censuro a los jóvenes sino a la dirigencia política y económica que no han sido capaces de crear las condiciones adecuadas para retenerlos y que contribuyan al desarrollo de las islas. La recomendación de Ricardo Melchior, presidente del Cabildo de Tenerife, de que se marchen a Alemania es significativa de una actitud política, de la impotencia que comparte la Consejería de Educación, responsable de la degradación última del sistema educativo. Creo, sí, que el canario debe salir de las islas y aprender de otras gentes; pero una cosa es una cosa y dos cosas que se le invite a erradicarse porque aquí no hay nada que rascar, consecuencia principal del fracaso de la autonomía canaria.

Por citar un ejemplo, el sector energético, capaz de generar empleo y tecnología y que resulta determinante para el desarrollo y la modernización. El Gobierno no ha sido capaz de lograr ningún objetivo del Plan Energético de Canarias y bien conocidos son casos, como el Eolo, donde se ha visto que se atiende más a proporcionar oportunidades de negocio al capital especulativo que a dotar a Canarias de infraestructuras que soporten y hagan posible el desarrollo. La cultura del pelotazo y del clientelismo provinciano domina la política hasta el extremo de que son los críticos con ese estado de cosas quienes soportan las represalias. Que nos hayan echado la pata alante en energía solar regiones del norte peninsular indica hasta donde es manifiesta la incompetencia. O el gas, muestra del evidente del compinchamiento político y económico que busca el negocio antes que la solución del problema general.

No es necesario repetir la relación de asuntos bien conocidos y sí subrayar cuanto empeora todo la falta de reacción de una sociedad adormilada por la complacencia de la canariedad vacua y grosera que tiene un buen exponente en la propaganda gubernamental con la tele autonómica como punta de lanza. Aunque haya programas que constituyen excepciones, predomina que da gusto el mester de cutrería. Muy a tono con los reiterados y sonrojantes brindis al sol de un irredentismo insularero de mesa camilla marcado por la ignorancia. Aquí o quieres ser como Pepe o vas dado.

Con demasiada frecuencia aparecemos los canarios encabezando los índices negativos de casi todo, lo que el Gobierno pauliano niega a pesar de las evidencias. Por fortuna, se advierte la presencia de algunos movimientos de ciudadanos que están hasta el gorro. No sé si se dan condiciones que les permitan prosperar e introducir cambios. Como tampoco sé si persistirán en su empeño en el supuesto de que la ley electoral vuelva a dejar en mayo a miles de isleños sin representación. Pero ha de celebrarse que estén ahí para no acabar de hundirnos en la miseria.

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