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Empalagados de tanto azucarillo

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Los agentes de la guardia civil ya estaban detrás de otras pistas pero con esa carta se dieron cuenta de que había temita, de que tal vez no iban a morder hueso sino carne. Se dirigieron al juzgado de instrucción número 4 de Cádiz para pedirle permisos y apoyo para investigar. Después de un año de trabajo los agentes atacaron y ayer supimos que la Operación Cati ha logrado diez detenidos y la incautación de 1.460.000 euros procedentes del cobro por la expedición de títulos fraudulentos. El presunto cabecilla de la trama está ya en la cárcel.

Para la ciudadanía normal y corriente, para las personas que viven de su trabajo ajenos a chanchullos, para los que están en las listas del paro, para los que han dedicado años a formarse para aspirar a encontrar un puesto de trabajo digno, ayer fue un día positivo. La desarticulación de una trama de estafadores siempre debe ser una buena noticia. Pero hay gente hecha de otra materia. Hay gente instalada en el cortoplacismo político, gente de la política profesional acostumbrada a los despachos del poder, gente de partidos que han manejado policías, guardia civiles, jueces y fiscales. Gente que debe saber cosas que nosotros desconocemos hasta que wikileaks lo filtre. Esa gente hace otra lectura de lo ocurrido ayer.

El lustradísimo José Manuel Soria (perdió el Excelentísimo a salir del gobierno) dijo ayer que la operación judicial y policial que les acabo de contar es una simple reacción a las encuestas electorales que ponen al PP para allá arriba y al PSOE en el abismo. Este señor que pasará a la historia como el consejero de Economía que soltó los primeros millones de euros para tener una policía uniformada en Canarias considera que las fuerzas de seguridad, los jueces y los fiscales dedican su tiempo a combatir las encuestas que favorezcan al PP. No quiero imaginarme qué pasará el día en el que los autonómicos agentes que hoy pasean sus porras por ofrendas y romerías canarias estén a las órdenes del lustradísimo presidente del PP isleño, el día que él se dedique a combatir encuestas pinchando teléfonos y deteniendo a la oposición política.

Otro que considera que esto perseguir a sospechosos de corrupción obedece a un afán de crear hacer bulla, de muchos ruido y pocas nueces, es nuestro Excelentísimo Mencey. Se acabaron los maravillosos tiempos en el que los responsables políticos nos decían "respetamos la independencia del poder judicial" o "eso está bajo secreto de sumario, que hablen las sentencias". No, a unos meses de las elecciones toca cuestionar el trabajo de la Justicia. Se trata de encender el ventilador para que la mierda manche a todos, incluidos los que investigan la corrupción. Paulino Rivero y José Manuel Soria se parecen cada día más a Silvio Berlusconi. Su discurso contra los que investigan y contra los que lo publicamos es calcado del que hace años repite el presidente italiano vinculado a la mafia de su país.

Es verdad que la justicia es demasiado lenta. Es cierto que muchos políticos, funcionarios o empresarios pasan un auténtico calvario por el retraso de los procesos judiciales. Pero también es cierto que buena parte de esos retrasos se debe a los recursos que presentan sus abogados, recursos que muchas veces sólo pretenden ganar tiempo. La dimisión Esteban Betencourt como diputado autonómico cuando ya estaba constituido el jurado para juzgarlo es el último ejemplo de esas maniobras. Por eso cuando el Mencey o el líder del PP quieren convertir a los investigadores en sospechosos y a los sospechosos en víctimas lo único que consiguen es manchar la imagen de la justicia para salvar a sus compañeros de partido. Anuncia Paulino Rivero que se disolverán como el azucarillo todas las causas de corrupción que se investigan en Canarias. Si tenemos en cuenta que en estos momentos hay cientos de imputados por corrupción ( la mayoría de ellos políticos y empresarios vinculados a CC y PP), tenemos que decirle al Excentísimo Mencey que estamos desando que alguien saque ya el café caliente para meter el azucarillo, para que se disuelva de una vez, porque estamos empalagados de tanto azúcar podrido en Bananaria.

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Juan García Luján

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