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Patriotismo derechoso

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Debía pesarle haber ordenado la fuerte escalada de la guerra de Vietnam, que se le escapaba de las manos. Desde entonces me he preguntado qué sienten los mandatarios responsables de graves decisiones que provocan miles de muertos propios o ajenos; bien sea al dictado de su Dios, bien al del no menos acuciante, imperial y divino de las grandes empresas de su país. Viene esto a cuento de no saber dónde ubicar a Bush, Blair y Aznar, el trío de las Azores que decidiera la tragedia de Irak. Desde luego, no es lo mismo ser mandador que comparsa deslumbrado por el honor de que se le permita estar. Bush quería su guerra, Blair le siguió dadas las vinculaciones de sus dos países y de los móviles de Aznar mejor no les digo. Pero los tres tienen en común que no presentan hoy indicio alguno de lamentar siquiera aquella decisión generadora de muerte. Esto pensaba yo mientras veía a Aznar reconocer que Irak no tenía armas de destrucción masiva y que se había equivocado “como todo el mundo”, añadido en el que no insistiré porque no me impresionó que mintiera, uno se hace a todo, sino que hablara del asunto con la misma frialdad de quien ha puesto equis en la quiniela a un partido que ganó por último el visitante. No le afectan las muertes diarias en Irak en la parte que le tocan y tampoco recuerda la vergüenza que dijo sentir ante la cobardía de Zapatero cuando ordenó la retirada de Irak. Tan poca relevancia da a su error que lo admitió en un acto con militantes peperos de un pueblo de Madrid y en respuesta, muy aplaudida por cierto, a una pregunta incidental desde el público. La anécdota, las anécdotas protagonizadas por Aznar desde que su partido perdiera las elecciones, permiten calibrar al personaje. Y apreciar en cuanta medida el afán de salvarle el palmito fijó el eje inicial de la oposición del PP al Gobierno. Los esfuerzos por involucrar como fuera a ETA en el atentado de Atocha trataron de destruir la certeza de que fue una bárbara venganza islamista contra uno de los tres países que respaldaron los designios de Bush. Como comer y rascar todo es empezar, el intento de dejar limpio a Aznar condujo al PP al obstruccionismo, a la crispación guerracivilista y el deterioro institucional de regusto golpista del Estado de Derecho. A Dios gracias es el patriotismo lo que mueve a la derechona y así estamos.

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