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Rakkautta & Anarkiaa 2009: ¿A quién le importa una alfombra?

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Por extraño que les pueda parecer este planteamiento, éste es muy habitual en la mayoría de los certámenes cinematográficos que se celebran en nuestro país. Da la sensación de que lo que importa es perpetuar el eslogan de la Metro ?"Más estrellas que en el cielo"- antes que ofrecer una buena programación. No negaré que los actores paseando encima de una alfombra suponen un buen gancho publicitario, pero, de ningún modo, deberían eclipsar la calidad de las películas proyectadas en el evento.

El primer mandamiento de cualquier buen festival es acercar al público un cine que difícilmente se puede llegar a ver en las salas comerciales. Es, precisamente por la variedad de temas y de películas proyectadas en Rakkautta & Anarkiaa, que considero que este festival, ya con 22 años de recorrido, merece el calificativo "buen". Además, tal y como su propio nombre indica ?amor y anarquía- el festival es un fiel reflejo de la mentalidad de los seres humanos.

Este año su programación nos ha dado la oportunidad de ver películas llegadas desde puntos tan distantes como el continente africano, el mundo asiático, la Rusia actual, o el Bollywood hindú. Entremedias, producciones francesas, inglesas, españolas, italianas griegas, una selección del cine que se realiza en los países nórdicos, películas iberoamericanas dentro de la sección América Independiente o cine que toca el problema de la inmigración completaron la programación.

Tal y como en anteriores ocasiones, en el festival también se incluyó una sección la cual está pensada como si se tratara de un concurso para premiar la película más apreciada por el público asistente. Ésta luego se estrenará en las pantallas comerciales de Finlandia, algo que, de otra forma, sería mucho más complicado de llegar a los cines convencionales.

Este festival se ha distinguido por una acertada combinación de películas intimistas ?y ciertamente comprometidas- con otras donde la espectacularidad de la puesta en escena bien merecía el esfuerzo de acudir hasta las salas de proyección.

La película que mejor ejemplifica esto último es Red Cliff, epopeya bélica de 5 horas de duración ?dividida en dos partes- rodada por un director tan reconocido como lo es John Woo. La posibilidad de ver la película en una misma sesión y en pantalla grande nos recordó que todavía el cine es un espectáculo que se disfruta realmente viéndolo tal y como se concibió. Otros ejemplos son Ong Bak 2, pre-cuela de la sorprendente Ong Bak; The Good, the Bad and the Weird, western coreano que reinventa muchos de los tópicos del cine del Oeste; o la británica The Tournament, extrema competición de asesinos para el disfrute de unos cuantos millonarios depravados.

Ciñéndonos al primero de los nombres del festival, amor, películas como Still Walking, del director japonés Hirokazu Koreeda; la rusa The Mermaid; la estona A wish tree; la danesa Little Soldier; la argentina El niño pez; la italiana Sicilian Girl; la hindú Billy Barber; o la australiana Mary and Max componen un caleidoscopio plural, lleno de diferentes versiones de un mismo tema.

La película del director Kore-eda nos muestra que el amor puede servir tanto de unión como de ruptura dentro de una misma familia. The Mermaid, dirigida por Anna Melikyan, combina la búsqueda del amor de un padre que la protagonista de la película nunca conoció con la búsqueda de un amor, siendo ya adolescente. A wish tree, a ratos, surrealista y a ratos, con tal carga de realismo que roza lo depresivo, termina por contar la misma historia de siempre; es decir, lo que buscan una persona es alguien con quien compartir su vida, aunque eso no siempre se logre a la primera.

Little Soldier es posiblemente una de las cintas más duras de cuantas se proyectaron en el festival, no solo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. La película está protagonizada por Lotte, una joven soldado danesa que regresa traumatizada de la guerra de Irak. Al poco de llegar a casa, su padre se cruza en su camino, algo que lejos de mejorar el estado de ánimo de Lotte terminará por suponer un trauma mayor que el que ella vivió en la guerra. Su padre, un ser totalmente amoral, que trafica lo mismo con bebidas que con seres humanos, le ofrece un trabajo de conductora para que una de sus chicas favoritas visite a sus clientes. Con ello, Lotte se ve inmersa en un mundo donde lo único que importa es sobrevivir y no hay posibilidad de escapar. La pelea final entre padre e hija tristemente es una buena muestra de que el amor puede ser más dañino que cualquier bomba.

El niño pez, dirigida por Lucía Puenzo, es una de las películas más poéticas de cuantas se proyectaron en el festival. Puenzo rueda un guión propio, donde en medio de la relación amorosa de las dos protagonistas se intercala temas como el conflicto generacional, las diferencias sociales y la explotación a las que se ven sumidas las personas en Argentina y Paraguay. Y todo englobado por la leyenda de El Niño Pez. Sus imágenes no necesitan de diálogo para que los espectadores entiendan cuáles son los sentimientos que marcan las pautas de los actores.

Sicilian Girl es la radiografía de la Italia contemporánea -sobre todo de aquella que vive arrodillada ante los desmanes de la Cosa Nostra- basada en los diarios de la joven Rita Atria, una de las pocas personas que se atrevió a contar lo que de verdad ocurría en su tierra.

El caso de Billy Barber es cuanto menos curioso, sobre todo por la crítica que hace de los modos y las maneras con las que el público hindú idolatra a los actores de Bollywood. Protagonizada por la mega estrella del cine de Bollywood Shak Rukh Khan, la película no sólo toca lo anteriormente dicho sino asuntos peliagudos para la sociedad hindú, tales como las castas en las que está dividida el país, la pobreza de buena parte de sus habitantes, la paralítica y corrupta burocracia o el papanatismo de buena parte de sus ciudadanos.

Todo esto lo hace una película tremendamente interesante para el público occidental, a lo que hay que añadir que su metraje ?de tan sólo 2 horas 30 minutos- la convierte en un producto mucho más asequible para aquel espectador que no esté acostumbrado al cine de Bollywood.

Termino este repaso con una película de animación tan atípica como sorprendente como es Mary and Max. La historia, escrita y dirigida por Adam Elliot, ganador de un Oscar al mejor corto de animación por su Harvie Krumpet, cuenta la inusual amistad entre una niña llamada Mary y un hombre llamado Max que viven en distintos continentes. Su relación, desarrollada a través del correo, le sirve al director para mostrarnos la cantidad de cosas que hay en nuestra sociedad que deberían ser de otra manera. Hermosa y deprimente en las dosis justas, aunque suele ser la última vertiente la que predomina, Mary and Max resume muy bien las intenciones de los organizadores de un festival como éste.

Eduardo Serradilla Sanchis

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