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La abstención es de cobardes

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Esta reforma laboral, que ha sido criticada por sindicatos y patronal y que no convence más que a los obedientes diputados socialistas, nace lisiada y no parece que pueda llegar muy lejos con tan pocos apoyos.

Sólo los diputados socialistas, menos uno, la respaldaron en el Congreso. La izquierda en bloque, formada por tan sólo ocho parlamentarios, votó en contra. Y la derecha entera, la estatal y la nacionalista, se abstuvo.

Es significativo que se abstenga la derecha en estos tiempos de acoso a Zapatero. Recuerda a la misma actitud que mantuvo hace unas décadas cuando votó el ingreso en la OTAN.

La izquierda siempre se caracterizó por su rechazo a la adhesión a la plataforma atlántica, pero finalmente Felipe González se decantó por el ingreso tras las presiones occidentales y habernos dado la vara durante unos años en contra de la alianza. OTAN, de entrada no. Era un lema tan bueno como ambiguo. De entrada no, luego ya veremos.

En aquel momento la derecha española, liderada por Manuel Fraga, era más atlantista que el propio Atlántico. Sin embargo, tras el cambio de rumbo del Gobierno socialista, no votó a favor de la OTAN para fastidiar al PSOE.

Siempre resulta impensable que la derecha no apoye una reforma laboral que perjudica a los trabajadores y beneficia a los empresarios o que rechace una alianza defensiva anticomunista, pero si con ello le da una patada en el culo a la izquierda, toda incoherencia está justificada.

La derecha quedó desacreditada porque prefirió meter el dedo en el ojo al Gobierno socialista antes que votar según sus principios. Nunca una abstención pareció más cobarde.

Con partidos así, a los trabajadores ya no les hacen falta los sindicatos.

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