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Un aventurero musical

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El tenor de Módena tuvo un empeño personal: que la música, como él la entendía, llegase a todo el mundo. Así que no hizo ascos a subirse a escenarios sorprendentes para los cantantes líricos, y tal como encandilaba en el MET de Nueva York participaba en una película o cantaba con Bono, Brian Eno o Sting. De ahí que nadie se extrañase cuando se embarcó en la aventura de los Tres tenores. Una iniciativa que supuso un auténtico terremoto en el mundo de la ópera. Sacar el bel canto de sus santuarios sonaba a sacrilegio entre los melómanos. Y no pocos despreciaron los conciertos que Carreras, Domingo y Pavarotti dieron en estadios de fútbol o en el mismo Coliseo romano porque aquello no era ópera. No sé si era o no ópera. Pero lo cierto es que gracias a aquellos macro conciertos mucha, muchísima gente, le perdió el miedo a la ópera y se dejó cautivar por una música que en muchas ocasiones intimida y provoca un rechazo más social que musical. También es cierto que al final esa puerta que abrieron los tres tenores se ha convertido en un coladero, a veces para productos mediocres y sin valor. Con todo, Pavarotti estimaba que valía la pena el precio. Fue su personal apuesta. La suerte de los artistas que es ellos más que nadie permanece después de la muerte a través de sus obras. Ni los propios hijos ofrecen un recuerdo tan cierto. A quien le apetezca un instante de emoción o comprobar por sí mismo si el de Módena ha sido o no una voz sobrevalorada, yo apostaría por cualquiera de sus versiones de Puccini o Verdi.

Esperanza Pamplona

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