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El consumo de la rabiosa actualidad

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Jamás la humanidad entera había tenido acceso a tanta y tan rápida información como ahora. Los medios de comunicación, definidos desde hace años como el cuarto poder, se han convertido ya en el primer poder, superando ampliamente a los clásicos tres grandes poderes de cualquier sistema democrático digno de este nombre: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Y este auténtico gran poder mediático se rige mundialmente casi por un único objetivo: el rendimiento económico. De ahí que la información se haya convertido con excesiva frecuencia en un mero producto de consumo masivo, en uno más de esos muchos objetos de usar y tirar que tanto abundan en nuestras sociedades más desarrolladas.

Si he comenzado este artículo refiriéndome a los recientes atentados terroristas de Bombay no ha sido por casualidad. El mundo entero permaneció convulso y en vilo durante las muchas horas en que la gran ciudad india padeció la barbarie criminal del terrorismo islamista, pero pocos días después ya nadie recuerda aquellos hechos, ocultos tras el incesante alud de informaciones de todo tipo que nos llegan al instante, procedentes del mundo entero, convertidas en puros objetos de consumo inmediato.

Premonitoriamente, el tan añorado Manuel Vázquez Montalbán nos lo advertía ya en 1963, en su primer libro, Informe sobre la información, escrito en la cárcel de Lleida cuando cumplía condena como preso político. Los árboles de la saturación informativa en la que vivimos no nos dejan ver el bosque de la compleja, cambiante y diversa realidad en la que nos movemos.

*Jordi García Soler es periodista y analista político

Jordi García Soler*

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