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La educación emocional nos importa mucho más

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El concepto y práctica de la educación ha ido evolucionado y cambiando en nuestra comunidad autónoma a lo largo de estos últimos veinte años. Los objetivos que la LOE (Ley Orgánica de Educación) persigue no son los mismos que los que sistemas educativos anteriores debían cumplir. La perspectiva educativa tradicional concebía la educación como una enseñanza centrada en la adquisición de contenidos y conocimientos, de los cuales el docente debía ser transmisor directo, convirtiendo al alumnado en mero agente pasivo, como si de un mueble se tratara. El conocimiento, visto como un aprendizaje puramente memorístico y acumulativo, era el principal objetivo de todo proceso de aprendizaje, obviando el desarrollo afectivo o social del alumnado, eso no importaba. En nuestros días, y desde la implantación en nuestro país de la LOGSE, los educadores tratamos de conseguir un desarrollo integral del alumnado, potenciando no sólo aspectos cognitivos e intelectuales del individuo, sino también otros tan importantes como el desarrollo de la personalidad, las aptitudes, los valores, la motivación y el esfuerzo, etcétera. Todos estos aspectos son los que incluiríamos en lo que Goleman denomina Inteligencia Emocional y que son tan importantes o más que la Inteligencia racional entendida desde el punto de vista del Coeficiente Intelectual (C.I.).

Para Goleman, desarrollar la inteligencia emocional del alumnado supone reforzar aspectos tan relevantes como: el Autoconocimiento emocional o consciencia de sí mismo (Capacidad de reconocer los propios sentimientos, las propias emociones) ; el Autocontrol emocional o autorregulación (capacidad de controlar los propios sentimientos de forma apropiada); la Automotivación o capacidad de determinación (utilizar la propia fuerza de voluntad y el esfuerzo para la consecución de un objetivo que se estima atractivo); la Consciencia Social o empatía (la capacidad de reconocer las emociones y los sentimientos de otras personas); las Habilidades Sociales (capacidad de relacionarse con otros, de utilizar los sentimientos en las relaciones interpersonales).

Los estudios de la inteligencia emocional demuestra que este tipo de inteligencia es un factor mucho más relevante a la hora de predecir el éxito académico y profesional de los individuos que el C.I. Seguro que estos resultados no sorprenden al profesorado, que constantemente atribuimos en las causas del alto índice de fracaso escolar de nuestras aulas, no tanto a la capacidad intelectual del alumnado, sino a su falta de motivación y de interés por lo estrictamente académico.

Nuestra relación con el mundo empresarial a través de la formación en centros de trabajo nos ha hecho ver, asimismo, lo que las empresas cada vez más valoran estos aspectos en sus trabajadores y tratan de identificar en las entrevistas de selección a los profesionales que posean, no sólo los conocimientos técnicos y científicos propios de la profesión, sino también que sean personas autónomas, equilibradas y motivadas, personas que se conozcan bien a sí mismas y que sepan desenvolverse en situaciones sociales.

En nuestros centros, sean del nivel educativo que sean, debemos tratar de educar emocionalmente a nuestro alumnado, de buscar su desarrollo global. Los centros de educación secundaria (secundaria, bachillerato, formación profesioonal), en los que principalmente se trata de preparar a los profesionales del mañana, tendemos a centrarnos en proporcionar una formación científica, técnica y tecnológica que les capacite pare el ejercicio en el futuro de actividades profesionales. Sin embargo, debemos tener siempre presente que es importante dotar a nuestro alumnado de las herramientas suficientes para que se conviertan en aprendices autónomos, en profesionales plenos. Y es que no es factible el entrenarles en todas las posibles situaciones a las que tendrán que enfrentarse en su futuro profesional. Sin embargo, sí que podemos facilitarles las herramientas básicas que les permita analizarlas individualmente y finalmente resolverlas con efectividad. Ya lo han dicho en alguna ocasión, y lo entroncamos con el estudio de las competencias básicas, el hecho de aprender a hacer, a fin de adquirir no sólo una calificación profesional sino, más generalmente, una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones y a trabajar en equipo.

En el IES Faro de Maspalomas, desde la jefatura de estudios, sobre todo, se es consciente de la importancia de potenciar la inteligencia emocional de nuestro alumnado y por ello tratamos de incluir dentro del currículo experiencias educativas que favorezcan el trabajo cooperativo y la relación con los demás, la toma de decisiones, la reflexión y el diálogo, la solución creativa de problemas, la conexión con el mundo social que nos rodea y profesional. Es para nosotros de vital importancia el prestar mayor atención al alumnado que llega al centro desde los colegios de primaria, es decir, el que llega a primero de la ESO. La entrada en el Instituto supone para ellos una nueva experiencia que conlleva muchos cambios: una mayor independencia a nivel personal, una metodología didáctica que espera de ellos una mayor autonomía y en muchos casos, sobre todo refiriéndonos al alumnado inmigrante de escolarización sobrevenida, un cambio de residencia que a veces supone vivir en un país distinto y habituarse a una cultura diferente. Por todo ello este alumnado requiere de una atención más individualizada (PADIC ?Programa de Atención a la Diversidad Idiomática y Cultural y Proyectos de Educación Intercultural-) que les permita enfrentarse y adaptarse al cambio con mayor facilidad. Con este objetivo en mente, decidimos poner en marcha una serie de medidas académicas que favorezcan el desarrollo emocional de nuestro alumnado.

Desde los diferentes Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior, desde los Programas de Garantía Social, desde los Programas de Cualificación Profesional Inicial formamos futuros profesionales preparados lo que implica prepararlos para desarrollar efectivamente su trabajo. Esto supone proporcionarles no sólo los conocimientos propios de la disciplina, sino también los que les permiten desenvolverse efectivamente en el entorno social. Y es que la mayoría de las decisiones que tomamos en nuestros puestos de trabajo las tomamos haciendo uso de nuestra inteligencia emocional. Es por eso que no debemos descuidar la enseñanza de dichas habilidades en nuestros centros.

¡Ahora mismo, el Informe Pisa 2006 nos importa bien poco!

* Antonio Hernández Lobo es profesor de Enseñanza Secundaria, director del IES Faro de Maspalomas y miembro del Consejo Escolar de Telde en representación de los padres.

Antonio Hernández Lobo*

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