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La falseada historia de la capital de Tenerife

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Habría que buscarle a aquella ciudad una denominación más apropiada. Su único título de “nobleza” es haber sido arrabal de La Laguna, lo que le debe doler intensamente al Don Pepone quien, para su estigma, no posee sangre chicharrera pura ya que su madre, desgraciadamente para él –y presumo que nunca se lo perdonará a su padre- fue nacida y criada en una localidad del norte de Gran Canaria, al igual que la del ilustre historiador Don Antonio Rumeu de Armas. Lo que me sorprende enormemente es que este “pintoresco” personajillo –que si no existiera tendríamos que inventarlo para nuestro regocijo- no sea consecuente con su disparatada tesis y exija también el cambio en el nuevo Estatuto de autonomía del nombre del Archipiélago, que lo tomó de Gran Canaria, o sea, de nuestra isla. Debe ser coherente e insistir en que el Archipiélago sea denominado “tinerfeño” y así mismo a las islas “islas tinerfeñas” en honor, sumisión y vasallaje a la más grande, más hermosa, más sublime, más transoceánica y más imperial. Esta propuesta seguramente la suscribirían nuestros “hermanos” conejeros que tantísimo nos “quieren” por la tiranía y opresión que, según ellos, Gran Canaria ha ejercido sobre Lanzarote impidiendo su progreso, hecho totalmente “evidente”… Según el historiador Don Agustín Millares Cubas –y otros muy anteriores que se remontan a las crónicas de la conquista- Alonso de Lugo situó sus huestes a la derecha del barranco de Añago, donde levantaron empalizadas, realizaron terraplenes y cavaron pozos. Después de esto, en un improvisado altar se celebró una misa de acción de gracias y a este sencillo acto le han dado carácter fundacional y han pretendido ennoblecerlo en unos óleos del pintor chicharrero Gumersindo Robayna y Lasso, que se exhiben en el Museo Municipal de Bellas Artes en la capital tinerfeña y en su Ayuntamiento. ¡Delirios de grandeza! Los conquistadores se internaron después en la isla para someterla –se desconoce si en el campamento quedaron algunos hombres de reserva- y fueron tremendamente derrotados en Acentejo, sufriendo numerosísimas bajas, por lo que optaron por retornar a Gran Canaria, para reorganizarse y reforzarse, abandonando el pequeño fortín que quizá fuera destruido por los triunfantes aborígenes. No sucedió lo mismo que con el fuerte erigido en la margen derecha del barranco de Guiniguada en Gran Canaria, por las fuerzas del capitán Juan Rejón, donde de inmediato se levantaron edificios y la pequeña población se llenó de habitantes siendo, con el tiempo, el origen de la Real Ciudad de Las Palmas, -por lo que en este caso, la acción del capitán Rejón y los suyos, si se puede considerar “fundación” de la ciudad- En Las Palmas fueron radicando todos los organismos regionales de la Iglesia y de la Corona castellana, hasta que mediado el siglo XVIII el Comandante General Lorenzo Fernández de Villavicencio decidió trasladarse a La Laguna de Tenerife a pasar largas temporadas con motivo de los negocio del vino -¿qué relación tendría la vinicultura con la milicia?-. Luego decidió afincarse definitivamente allí, desobedeciendo la Real Cédula que le obligaba a residir en Las Palmas. Tiempo después, uno de sus sucesores decidió trasladarse e instalarse en el barrio de Santa Cruz, lugar al que los siguientes, después de su segregación de La Laguna, se dedicaron a favorecer descaradamente. La mal llamada Santa Cruz se atribuye la gloria de haber “derrotado” al entonces capitán de navío inglés, en funciones de Contralmirante, Horacio Nelson, que todavía estaba tres grados por debajo en el escalafón del Almirantazgo y que aún no era famoso. En 1797, una pequeña flota de varios navíos, con apenas mil hombres de guerra, al mando del Contralmirante Townbridge, se había separado del grueso de la flota que sitiaba Cádiz a la supuesta caza de un barco que venia de las Américas hacia Tenerife, cargado de plata. Los ingleses, suponiendo que la plata había sido desembarcada, atacaron al entonces villorio de Santa Cruz y consiguieron desembarcar por varios puntos del litoral y luego de varias escaramuzas avanzaron y se hicieron fuertes en el Convento de San Francisco, donde resistieron varios días. El mando inglés a la vista de que no tenía fuerzas suficientes para conquistar la pequeña población y mucho menos la isla, que inmediatamente se había puesto en pié de guerra, ofreció al Comandante General Gutiérrez cesar en los ataques si se les permitía retirarse a sus barcos. El Comandante General aceptó el trato. Los invasores ingleses abandonaron la población a tambor batiente. El Comandante General envió un regalo consistente en una barrica de vino al Contralmirante Townbridge. Este le correspondió con el obsequio de cerveza y queso. Nelson permanecía postrado a bordo de su buque, ya que en el ataque y desembarco había sido herido por una bala de mosquete, lo que le costó la pérdida de un brazo, que hubo de serle amputado. Con motivo de este hecho de armas, donde no hubo ni vencedores ni vencidos, se añadió al título de la luego Capital de Tenerife y de Canarias el adjetivo de “invicta”, pero esto es una usurpación ya que, en justicia en el momento de la batalla correspondía a La Laguna que era cabeza y capital de Tenerife, siendo Santa Cruz su barrio porteño. Esto es tan disparatado como lo sería el aseverar que el barrio del Puerto de La Luz fue el que derrotó a la flota de los almirantes Drake y Hawkins en 1595 y el barrio de Tafira al Almirante Van der Doez en 1599, ya que ambos eran y son barrios de la Muy Noble, Muy Leal y Muy Victoriosa (esto último no figura en el lema de la Real Ciudad de Las Palmas, pero yo lo añado y solicito a la actual Corporación Municipal que realice las gestiones necesarias para que sea incorporado al mismo). Si bien la Armada mandada por Townbridge, en la que Nelson comandaba uno de los buques, era hasta cierto punto poderosa, las que mandaron Drake, Hawkins y Van der Doez, con varios miles de hombres cada una, eran impresionantes, sobre todo la segunda. Sin embargo, fueron rotundamente derrotadas, la primera en la bahía de las isletas y alrededores, sin que sus hombres pudiesen desembarcar y la segunda, cuyos hombres lograron desembarcar y tomar Las Palmas, lo fue donde llaman El Batán o La Palmita, lugares que los historiadores señalan indistintamente y de los que los invasores, derrotados por las fuerzas defensoras de la isla, huyeron a la desbandada para reembarcar en sus navíos. Alonso de Lugo, una vez reorganizadas y reforzadas sus tropas con las huestes del Guanarteme Fernando, ya cristianizado y castellanizado, regresó a Tenerife isla que conquistó en un par de años, en claro contraste con los ocho o nueve años que duró la conquista de Gran Canaria. Alonso de Lugo fundó La Laguna alrededor del 20 de Octubre de 1497. No quedan noticias del fortín donde esos “historiadores” afirman que fue fundada la mal llamada Santa Cruz, el 3 de mayo de 1.494… Falacia total. El 26 de agosto de 1.803 –esta es la verdadera fecha de la “fundación”- Santa Cruz se segregó de La Laguna, al concederle Carlos IV el beneficio de Villa exenta con jurisdicción propia y Ayuntamiento. Poco después, desplazaría como capital de la isla a La Laguna, también denominada Ciudad de los Adelantados, si bien, propiamente, debe ser de los Adelantados de Canaria (o sea, de Gran Canaria), porque el Adelantado no era más que un delegado del Comandante General que residía en Las Palmas. Por un arbitrario Real Decreto dado por Isabel II el 30 de Noviembre de 1833, Santa Cruz de Tenerife fue designada capital del Archipiélago, con sólo ¡diecinueve años! de existencia autónoma, hecho insólito en la división administrativa de España, donde todas las ciudades que fueron declaradas capitales de provincia tenían historia, tradición, solera y alcurnia, siendo la excepción la advenediza Santa Cruz, ex-arrabal de La Laguna, conculcándose con ello gravemente los derechos históricos de la Real Ciudad de Las Palmas que hasta dicho años había sido el centro religioso, político, judicial, militar y administrativo de Canarias. Y sorprendiendo la buena fe de los actuales Reyes de España les invitaron a los actos conmemorativos del V Centenario de la supuesta “fundación” de Santa Cruz el 3 de Mayo de 1994. ¡Que osadía, se atrevieron a engañar hasta a los Soberanos!. Y los laguneros ¡lo aceptaron sin protestar! Como aceptaron que les arrebatasen la capitalidad de la isla y el título de “invicta”. Queda pues palmariamente demostrado que la capital de Tenerife –me niego a llamarla Santa Cruz- carece de historia y no le corresponde el adjetivo de “invicta”, o sea ni vencedora ni vencida… Esto es de rigor histórico, inapelable e irrefutable…

Carmelo Dávila Nieto

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