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Las razones de la crisis hipotecaria por Luis Ángel Ibarra Betancort

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Tal definición no hace referencia, explícitamente, a que dichas leyes deben gestionarse bajo el prisma del sentido común que, como todos sabemos, es muy difícil de encontrar, máxime cuando tradicionalmente asociamos crecimiento económico con bienestar. Esta asociación es la que permite el “todo vale” con tal de perpetuar el crecimiento económico; crecimiento que, en los últimos quince años, presenta como un pilar fundamental la elevada liquidez generada por los propios mercados financieros. Así se explica que el endeudamiento familiar haya crecido exponencialmente tanto en EEUU como en los países de la zona euro. Dicha situación puede mantenerse siempre y cuando la inflación esté controlada y la confianza anide en los mercados financieros internacionales. De la pérdida de dicha confianza deriva, precisamente, la crisis hipotecaria actual. Aquí es cuando tenemos que volver a hablar del sentido común, ¿Usted le prestaría dinero para comprar una vivienda a personas con escasa estabilidad laboral (muchas de ellas con empleo en la economía sumergida), con deudas pendientes refinanciadas y cuya cuota representa un porcentaje muy elevado de su renta disponible? Evidentemente, no. Pero ese principio de prudencia crediticia no ha sido estimado por los agentes económicos de la primera economía mundial, pues para ellos ha prevalecido la búsqueda a toda costa de la rentabilidad a corto plazo, dado que tales préstamos se conceden con una mayor prima de riesgo derivado de su alta probabilidad de resultar impagados, lo que determina un mayor interés. Mientras un préstamo hipotecario ordinario se concedía en un entorno del 6% de interés, los préstamos de riesgo se concedían a tipos superiores al 10%. Así nos hemos encontrado que este mercado de hipotecas de alto riesgo representa ya el 15% del total de hipotecas vivas de EEUU. Sin embargo, las entidades hipotecarias norteamericanas, al objeto de diversificar riesgos y también de obtener recursos adicionales con que seguir financiando nuevas hipotecas, han emitido títulos (derivados de crédito) en el mercado financiero con las hipotecas de alto riesgo como respaldo; títulos que han sido adquiridos por fondos de inversión, en especial los hedge funds (fondos que utilizan técnicas más agresivas financieramente para buscar más rentabilidad de la que produce el mercado). De esta forma, la crisis hipotecaria estadounidense da lugar a una crisis financiera global, tanto más peligrosa si se tiene en cuenta el nivel de apalancamiento existente (muchos de estos inversores financieros se endeudaron, a su vez, para aumentar sus beneficios, dado que la rentabilidad esperada de sus inversiones superaba el coste de financiación) y la situación de enorme volatilidad en la que nos encontramos. En este momento observamos una morosidad del 15% en el mercado de hipotecas de alto riesgo en EEUU, porque la situación cambió radicalmente ante la subida de los tipos de interés: al dejarse de pagar empezaron las subastas forzosas de viviendas y, al saturarse el mercado, se ha dejado de construir, con lo que el precio de dichos activos ha caído con una intensidad superior a la existente cuando el crack de 1929 , finalizando con la espiral de creación de crédito y, por ende, del consumo de los hogares, que ha sido el motor principal del incremento de la demanda interna y del crecimiento económico de los últimos quince años. Es obvio que al no prestarse dinero, el tipo de interés sube y, ante esta falta de liquidez, los bancos no habrían tenido más remedio que vender acciones en Bolsa para no quedarse sin efectivo. Por eso, y ante las dudas de la dimensión real de la crisis, las entidades financieras mundiales han dejado de prestarse dinero entre ellas, pues prefieren disponer de liquidez, es decir, dinero, que de otros tipos de activos que podrían verse afectado. Para evitar este posible crash bursátil es por lo que, desde el pasado 9 de agosto, los bancos centrales europeo, japonés, inglés y la Reserva Federal de EEUU (Fed) han efectuado fuertes inyecciones de liquidez con el fin de impedir el desplome de los mercados financieros, en total más de 500.000 millones de euros. Sin embargo, como el exceso de liquidez derivaba de un exceso de apalancamiento el problema es aún más grave, pues el endurecimiento de las condiciones de mercado tendrá un efecto exponencial en todo el sistema. Esta contracción de la liquidez ya nos afecta a todos, en el sentido de que el euribor ha avanzado hasta el 4,8%, no sólo por la previsión inicial de que el BCE subiría los tipos de interés sino, sobre todo, por la reticencia de las entidades financieras a prestarse dinero. De esta forma, la avaricia y la ausencia de riesgo moral de unos pocos inversores y analistas financieros las estaremos pagando quienes aún tenemos hipotecas y otros créditos. La pregunta que nos debemos hacer es por qué no se ha hecho caso a las advertencias que el propio mercado ha ido lanzando, así el propio Warren Buffet (el inversor más rico del mundo que huye de opciones especulativas) ya advertía en el año 2003 que los derivados de crédito son un arma de destrucción masiva, ya que ni los propios analistas son capaces de entender el verdadero riesgo que asumen las entidades financieras. La respuesta es clara, en los mercados financieros sólo prima la rentabilidad a corto plazo, y eso sí que es perder el sentido común. Por tanto, lo que está asegurado es que nos vamos a encontrar con un endurecimiento del crédito, con el cuestionamiento de las agencias de “rating” (analistas de riesgos), y se supone que verá la luz un mayor control legislativo sobre los “hedge funds”. También estamos observando los primeros efectos sobre el mercado de trabajo de EE.UU, donde en agosto se ha destruido empleo por primera vez desde el año 2003. Sin embargo, hasta la fecha no he leído ninguna advertencia sobre el riesgo añadido que esta crisis puede conllevar en la relación dólar / euro. Como es bien conocido, la política económica americana llevada a cabo por el Sr. Bush ( será recordado por dejarnos un mundo más inestable económica y políticamente), ha derivado en unos déficit fiscales y comerciales nunca antes contemplados; estos déficit han venido siendo compensados con una ingente entrada de capitales del resto del mundo a EEUU, vía bonos emitidos únicamente en dólares, moneda ésta que se ha devaluado en los últimos años en más del 50%, o sea, a razón de un 10% anual (hemos pasado de 1 € = 0,89 $ en 2002 a 1 € = 1,36 $ en 2007). Soy de los que piensan que la actual crisis hipotecaria que ha necesitado, entre otras medidas, que la Fed haya bajado el tipo de descuento –precio en que presta dinero a los bancos- del 6,25% al 5,75% a mediados de agosto, va a hacer así menos atractiva la llamada moneda verde, pues al reducir los diferenciales de interés con el resto del mundo la Fed ha optado por intentar evitar un crack financiero a corto plazo que pudiera incidir en la economía real, a costa de abandonar aún más a su norte a un debilitado dólar, trasladando nuevamente al resto de economías mundiales los excesos de la estadounidense. La pregunta, en este caso, es ¿hasta cuándo estarán dispuestos a dejarse robar sus ahorros los países con reservas en dólares, como China, países OPEP, resto de economías asiáticas, así como aquellos países latinoamericanos con su moneda vinculada al dólar? Aunque la paciencia no se les agote de golpe, estimo que la devaluación del dólar será importante, incluso aunque sean dichos países los más perjudicados no tendrán más remedio que ir eliminando sus reservas de una moneda que cada vez valdrá menos. Termino con una reflexión: la continua subida del barril del petróleo, desde los 20 dólares del año 2002 a los 70 del presente año (incremento de un 350% en cinco años), se ha visto atemperada por la citada devaluación del dólar, pero en el futuro no es descartable que la moneda patrón se traslade a euros. ¿Se imaginan lo que supondría para Canarias, donde nos gastamos 4 millones de euros diarios en energía, y que contamos con una tasa de cobertura en la balanza comercial que apenas cubre un insignificante 20%? ¿Por qué hemos dejado perder estos últimos años en materia de energía renovables? Estas reflexiones las dejaré para un posterior artículo de opinión, en los que trataré la incidencia de esta crisis financiera sobre la situación económica española y canaria. * Consejero de Hacienda del Cabildo de Gran Canaria.

Luis Ángel Ibarra Betancort *

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