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BAJO LA SOMBRA DE NIGHT VISIONS: HORA de Reinert Kiil

Una de las razones que explica por qué sigo cubriendo festivales de cine, después de tres décadas, tiene que ver con la oportunidad que estos encuentros ofrecen, si se quiere conocer el trabajo y la personalidad de creadores que no se mueven dentro del circuito comercial cinematográfico, por todos conocidos.

Este año, durante la edición de primavera del festival Night Visions, pude hablar y conocer más en profundidad el trabajo del director noruego Reinert Kiil, encuentro que luego se vio reflejado en la entrevista que hace unas semanas se publicó en este mismo blog.

Dicho encuentro me llevó a comprar una copia en DVD de su segundo largo Hora (Whore, en versión inglesa, y Puta, en la versión española), estrenada directamente en formato doméstico hace ya seis años.

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Hora no es, ni pretende ser una película original, por lo menos la excusa argumental sobre la que se sustenta el guión, escrito por el propio Kiil. La historia de Rikke, una joven que regresa hasta la localidad de Dokka -una pequeña ciudad noruega de menos de tres mil habitantes, donde nació su madre- buscando la inspiración necesaria para terminar su último libro está más que vista. Una vez allí, se encontrará con un viejo amigo de la infancia y con los amigos de éste, los cuales demuestran, desde la primera secuencia, el concepto y la visión que tienen para con el sexo femenino. Este otro punto tampoco es novedoso, sino igualmente tópico, más si se tiene en cuenta el pegajoso escenario, perdido en medio de ninguna parte, en el que se desarrolla la trama.

La unión de los factores -una joven deseable en el punto de mira de una panda de degenerados que vegetan en un escenario que sólo contribuye al embrutecimiento y a la hostilidad de los protagonistas- termina por ser un tema igualmente recurrente dentro del cine, sobre todo desde que el tema de los “justicieros urbanos” se puso de moda, a principios de los años setenta, del pasado siglo XX. 

Dejando a un lado la saga “Death Wish” protagonizada por el arquitecto Paul Kersey, baste citar dos ejemplos de personajes que, al igual que Rikke, terminaron por ser víctimas de un grupo de descerebrados y, una vez superado el trauma inicial, decidieron impartir su propia visión de la justicia.

El primer ejemplo fue rodado en 1981 por el director Abel Ferrara y se tituló Ms.45 ( Ángel de Venganza, en la versión española). La película cuenta las vicisitudes de la joven Thana, violada por dos veces el mismo día, y con su vida por recomponer, comenzará a patear las calles armada de un Colt 1911, comúnmente llamado “Colt 45”, dejando tras de sí un reguero de cadáveres. La brutalidad que va adquiriendo el personaje choca, frontalmente, con la cara de niña pequeña de la protagonista, lo que hará de ella un auténtico “ángel de venganza” para cualquier varón que se cruce en su camino.

Un segundo ejemplo de vengadora urbana fue rodado en el año 2007 por Neil Jordan, contando con la actriz Jodie Foster como protagonista principal de la película The Brave One ( La extraña que hay en ti, en la versión española). En esta ocasión, Erica Bain (Foster) recorrerá los mismos callejones, plazas y parques que años antes recorriera Thana una vez que se recupere de las heridas sufridas por un brutal ataque, que se salda con la vida de su amigo David -y la desaparición de su perro-, detonantes de toda la situación.  Tan dura como lo pudiera llegar a ser el primero de los ejemplos citados, aunque llena de muchos más dilemas morales que la película de Abel Ferrara, The Brave One pone sobre la mesa muchas de las cuestiones que ya salieron a la palestra cuando algunos ciudadanos estadounidenses decidieron que la justicia convencional no era capaz de ponerle freno a los desmanes de muchos individuos y/ o colectivos que habitaban la sociedad, y decidieron que la única opción era la de convertirse en juez, jurado y verdugo.

En el caso particular de Rikke, sus asaltantes son un buen ejemplo de la bajeza moral que mueve las vidas de quienes disfrutan vejando, violando y maltratando a sus semejantes. La particularidad que diferencia la película de Kiil frente a las anteriormente citadas es que el director noruego siente una especial predilección por lo que se conoce como “splatter movies” o películas “gores”; es decir, aquéllas en las que la sangre, las vísceras y los sesos de los protagonistas terminan por manchar hasta el propio objetivo de la cámara. Por ello, la venganza de la protagonista va más allá de descerrajarle un “higiénico tiro en la cabeza” a cada uno de sus asaltantes y prefiere dedicar su tiempo infligiendo todo tipo de castigos corporales, a cada cual más salvaje y doloroso. “Una sola bala para acabar con la vida de esos malnacidos me parece una muerte muy rápida” parece pensar Rikke.

Hasta aquí, toda la cinta parece transcurrir por lugares comunes, muy trillados y sobreexplotados, una circunstancia admitida por el propio realizador, consciente de sus propias querencias.

Donde Hora se sale de lo corriente es en la forma en la que su narración se muestra al espectador. Dividida en dos partes, tal cual se cita en la narración cinematográfica, la forma de puntuación, los formatos, la textura de las imágenes mezclan características propias del celuloide, el video, el formato digital y el aspecto de los reportajes televisivos de los años setenta y ochenta del pasado siglo. Por momentos, el ambiente que respira la narración es irreal, onírico, sacado de una novela gótica y/ o relato de terror pulp, pensado para desasosiego de un público amante de las sensaciones fuertes y sin adulterar. Los contrastes que conforman un rodaje en blanco y negro, con sus luces y sus sombras, dan paso al rojo intenso de la sangre corriendo por la cara, el cuerpo y el suelo del cubículo donde se desarrolla la acción. Más que ningún otro elemento, es la falta de uniformidad en cuanto al formato que se utiliza para contarnos la tragedia por la que pasa Rikke, lo que más incómodo le resulta al espectador, porque la sucesión de hechos termina por ser de sobra conocida.

No negaré que la crudeza de la que hace gala Hora no la hace apta para muchos estómagos, pero sí que es cierto que la forma y el modo en el que está planteada merece ser tenida en cuenta y comentada. Gracias a ello, la película es capaz de innovar y aportar detalles de mucha calidad, aun tratándose de una película de un director novel que recorre lugares más que comunes.

¿Se atreven a darle una oportunidad?  

© Eduardo Serradilla Sanchis, 2016

© 2016 Kiil Produksjon

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