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El 15-M aprende del ‘corralito’

CICLO 'DEBATES POR LA UTOPÍA' EN BUENOS AIRES

Empresas recuperadas argentinas muestran la viabilidad de la autogestión. DRY traslada la experiencia popular del país austral hasta España.

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El movimiento 15-M también se mueve en Buenos Aires. Desde los primeros actos en apoyo a las multitudinarias protestas en España, los integrantes de Democracia Real Ya Buenos Aires apostaron por extender su espíritu en el país austral y, sobre todo, aprender de la experiencia argentina en la crisis económica de finales de 2001 para trasladar hasta la otra orilla del océano Atlántico las soluciones populares al corralito financiero, drástico final a la recesión generada por las políticas neoliberales aplicadas durante más de un decenio.

Manifestación desde la acampada frente a la Embajada de España en Argentina hasta la plaza de Mayo de Buenos Aires en simultáneo con las protestas del 19J.

Manifestación desde la acampada frente a la Embajada de España en Argentina hasta la plaza de Mayo de Buenos Aires en simultáneo con las protestas del 19J.

Entre otras reacciones sociales y políticas, la quiebra estatal arrastró a innumerables empresas al cierre, pero algunos trabajadores se organizaron para continuar con la actividad tras el abandono y endeudamiento de los patronos con el objetivo de defender sus empleos. Por ello, DRY Buenos Aires, con activa participación grancanaria, decidió empezar su ciclo de charlas Debates por la utopía con el fenómeno de las empresas recuperadas y la autogestión para difundir entre una ciudadanía española asolada por la crisis la idea de que, según el indignado porteño Daniel Yagüez, "otra economía social es posible". Y, de hecho, la lección se escuchó este jueves al otro lado del charco gracias a la transmisión efectuada a través de Twitter y Livestream, una conexión que sumó una veintena de personas al medio centenar de asistentes en el céntrico hotel BAUEN.

No resultó casual la elección del escenario para el primer debate utópico, pues el establecimiento hotelero ubicado en la confluencia de las avenidas Corrientes y Callao se declaró en quiebra en pleno corralito y permaneció cerrado hasta que un grupo de antiguos trabajadores ocupó el inmueble en 2003. Tras la reparación de algunas instalaciones, los empleados se constituyeron como cooperativa para gestionar colectivamente Buenos Aires Una Empresa Nacional (BAUEN), un hotel con una plantilla de 150 personas para atender 200 habitaciones, salas de eventos, restaurante y cafetería que mantiene una alianza con otros cinco establecimientos similares a lo largo del país. Sin embargo, todavía persiste el conflicto judicial sobre la propiedad y, de hecho, ningún socio del BAUEN pudo participar en el debate, tal y como estaba previsto, a causa de urgentes reuniones convocadas para analizar un fallo de la Corte Suprema contrario a sus intereses.

"Pasa permanentemente, las empresas recuperadas no tienen una situación legal cerrada y mantienen un conflicto jurídico abierto, por lo que hay una lucha constante de los trabajadores por seguir trabajando más allá de los primeros problemas", lamentó Andrés Ruggeri, coordinador de una investigación sobre el sector impulsada por el programa Facultad Abierta, dependiente del área de Filosofía y Letras de la estatal Universidad de Buenos Aires (UBA). A su juicio, "el nudo del problema es que se plantea un conflicto político a cualquier gobierno, porque pone en cuestión la propiedad privada como punto básico del capitalismo". Aunque "todavía falta mucho para desarrollar las posibilidades reales de la autogestión", más de 200 sociedades de múltiples sectores con casi 10.000 trabajadores muestran la consolidación en el país de un fenómeno iniciado durante el "neoliberalismo salvaje de los 90" y multiplicado a raíz de la crisis del nuevo milenio, según el estudio Las empresas recuperadas en la Argentina, 2010.

En este contexto, "la enseñanza principal de la alta tasa de supervivencia de las empresas recuperadas, contra todo pronóstico de las teorías neoliberales, es que la autogestión es una alternativa viable. Es posible la gestión colectiva de los trabajadores, porque la prioridad absoluta es garantizar el empleo y no hace falta llegar a los niveles de rentabilidad de la empresa capitalista", subrayó Andrés Ruggeri durante su intervención en el BAUEN. Y como ejemplo, aparte del propio hotel autogestionado, ahí estuvo también Plácido Peñarrieta en su calidad de socio de la Cooperativa Chilavert Artes Gráficas, una imprenta del suroeste porteño recuperada a principios de siglo con la participación de dos emigrantes grancanarios. En su opinión, "la utopía y la participación es lo que nos mueve, porque estamos cansados de que los trabajadores sean la moneda de ajuste en todas las crisis y queremos tener la oportunidad de equivocarnos nosotros".

Antes de que parte del público regresara a la acampada de protesta frente a la Embajada de España en Buenos Aires, que ya acumula casi dos meses de existencia pese al frío y húmedo invierno austral, Plácido Peñarrieta subrayó la importancia de mantener una "pelea constante" para "forzar la voluntad política con el objetivo de que el gobierno de turno obedezca al pueblo que les votó en lugar de a los poderes económicos" mediante, por ejemplo, la elaboración de leyes con "soluciones de fondo y no parches" para las necesidades sociales. A pesar de las múltiples dificultades, la imprenta Chilavert, que ahora emplea a una quincena de personas, alberga un centro cultural y un instituto popular e impulsa la Feria del Libro Independiente, demuestra que la autogestión funciona y que "el cooperativismo es un sentimiento".

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