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¿Y ese gerente?

SI TRATA ASÍ A SUS JEFES ES NATURAL EL TRATO A LOS USUARIOS

Vamos comprendiendo a velocidad sideral cómo es posible que los usuarios del hospital Psiquiátrico, dependiente del Cabildo grancanario y en estado deplorable, reciban el mal trato que reciben. Lo ha aclarado sin querer el gerente del Instituto de

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Vamos comprendiendo a velocidad sideral cómo es posible que los usuarios del hospital Psiquiátrico, dependiente del Cabildo grancanario y en estado deplorable, reciban el mal trato que reciben. Lo ha aclarado sin querer el gerente del Instituto de Atención Social y Sociosanitaria, Nicolás Ojeda, que ha arremetido sin tino contra los dos consejeros socialistas que osaron visitar esas instalaciones en aplicación de sus atribuciones como representantes ciudadanos. Condición ésta que, miren por dónde, no ostenta el tal gerente. Pero el caballero ha inventado una nueva modalidad de visita guiada: puede usted ver lo mal que lo hacemos, lo cochambrosas que están las instalaciones, lo mal que gastamos los dineros públicos, pero sólo si me avisa antes, de modo que pueda explicarle que la culpa la tiene, por ejemplo, el cambio climático. Está muy bien que un empleado falte al respeto de ese modo a dos de sus jefes, por explicarlo clarito, porque los consejeros socialistas son miembros de una Corporación que es la dueña y señora de ese cada vez más tristemente famoso instituto. Trujillo y Hernández fueron a los centros sanitarios en coche oficial, preguntaron en cada uno de ellos por su correspondiente director y, efectivamente, en el Psiquiátrico no estaba el máximo responsable y les atendió un auxiliar. En el Dermatológico, el director tenía día libre, pero acudió al hospital para acompañar a los consejeros, y en El Sabinal, el director se encontraba de vacaciones sin que nadie pudiera dar explicaciones a los consejeros acerca de quién asume sus funciones en su ausencia. Un dechado de buena organización, como se puede observar. Por lo menos Mario Hernández Sanginés optó por esconderse y no abrir la boca; pero el gerente, que es un atrevido, perdió una oportunidad única de estarse callado. Todavía está a tiempo de aprovechar otra oportunidad más, la de dimitir junto a su jefe. Pero no nos hacemos ilusiones porque en esta tierra cada vez se premia más la mediocridad y la ineficacia.

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