No se siente, coño

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En 2003, hace casi veinte años (que no es nada pues parece que fue ayer), el entonces líder de la oposición y secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, no se levantó al paso de la bandera de Estados Unidos en un desfile militar celebrado en Madrid como protesta por la guerra e invasión de Irak que también apoyaba el gobierno presidido en ese momento por José María Aznar.

El gesto de Zapatero fue muy criticado por la derecha española. Casi dos décadas después el rey de España ha hecho un gesto parecido en la toma de posesión del presidente de Colombia, Gustavo Petro. Felipe VI fue la única autoridad que no se levantó ante el paso de la espada de Simón Bolívar, el Libertador de la América que había invadido previamente España.

Sin embargo, en este caso el desplante no ha sido criticado por la derecha española sino todo lo contrario. Como siempre, de manera aduladora, ha elogiado que el monarca se haya quedado sentado mientras el resto de autoridades se levantó en señal de respeto. Seguro que si se hubiese levantado, la derecha española lo habría elogiado también porque haga lo que haga siempre lo pone en un altar. 

Humanamente puede entenderse el comportamiento del Rey porque fueron sus antepasados los responsables de la conquista y colonización de América pero en política internacional los comportamientos públicos se rigen por la diplomacia. Felipe VI pareció obedecer la orden militar del golpe de estado de Tejero en el Congreso de los Diputados: “se sienten, coño”. 

De entrada, está muy feo que el jefe del Estado de España haga ese desplante en Colombia en la ceremonia de investidura del nuevo presidente, primero de la izquierda en toda la historia. Cuando uno va de invitado tiene que atenerse a las normas del país anfitrión y no ir por libre, por muy liberal que sea. 

Los que justifican al rey afirman que en el protocolo original no estaba previsto el paseo de la espada de Bolívar pero resulta evidente que el protocolo solo interesa a la gente protocolaria que vive de eso. Cuando alguien te invita a su casa tienes la obligación moral de ser respetuoso con sus emblemas y símbolos sagrados. La diplomacia suele consistir en tragar muchos sapos para mantener la paz y la estabilidad, unos bienes superiores. 

Para muchos colombianos, Simón Bolívar fue su libertador aunque en España haya mucha gente que le molesta sobremanera que esos países conquistados y colonizados consiguieran la independencia a sangre y fuego con los mismos métodos con los que el imperio español quiso doblegarlos. 

No deja de ser curioso que los mismos españoles que masacraron a Zapatero por mostrar su rechazo a la guerra de Irak promovida por Estados Unidos, no levantándose de su asiento, son los que ahora aplauden a Felipe VI por un desplante aún peor. 

No es comparable un líder de la posición como era Zapatero en aquel desfile de 2003 con el jefe del Estado actual porque sus responsabilidades son bien distintas. Zapatero no se levantó al paso de la bandera norteamericana sin ser gobernante y además lo hizo en su casa, en Madrid, mientras que Felipe VI materializó su desplante en un país extranjero que lo había invitado a participar en la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia. 

A todo esto el rey hizo un discurso laudatorio de Simón Bolívar cuando era príncipe, por lo que no se entiende aún más su desplante ante la espada del Libertador de la antigua América española. Algunos lo han justificado con el pretexto de que Bolívar fue un general cruel y sanguinario, como si las guerras fuesen un juego de niños o el parchís.

En la guerra no se libra nadie de las mayores tropelías pero son más justificables las personas que las cometen en legítima defensa que las que actúan a la ofensiva para invadir, someter, doblegar, subyugar y colonizar. 

Con estos comportamientos el rey se está perjudicando a sí mismo porque lo único que logra es que le aplaudan solo los ultras y los patriotas de hojalata. Una monarquía no puede tomar nunca partido con sus ciudadanos si quiere perpetuarse. No puede durar si tiene a la mitad del pueblo en su contra. En este caso, emulando en lo malo a su padre, como cuando reprendió a Hugo Chávez como si fuese Padre Dios, le ha hecho un favor a la causa republicana. 

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