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Cases, salmos y salmones

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Cases es mileurista, pero no tiene que mantener a una familia. ¿Qué le salmodiaría el obispo a los que tienen dos hijos y un sueldo bastante inferior a los mil euros que él cobra? Siempre se habla de milesuristas como si fueran los trabajadores peor pagados del escalafón.

Soria, por ejemplo, no estaría en este caso. Es padre de familia y tiene dos hijos, sí, pero los mil euros al mes sólo los usa de propina, o al menos eso es lo que se colige a través de sus gastos suntuarios habituales.

El hombre, emulando a Mario Conde, debe tener siempre en el bolsillo unos cuantos miles de euros por si tiene algún imprevisto. El inventor de la tarjeta de crédito se habría muerto de hambre si sus potenciales clientes fueran como el vicepresidente del Gobierno, un alérgico al dinero de plástico que paradójicamente tiene más cuentas corrientes que el juez Martín, recientemente condenado por sus ex compañeros. ¿Para qué quiere tantas cuentas si luego guarda el dinero debajo del colchón?

Soria vuelve a declarar ante la juez Varona por el caso salmón a ver si recuerda de dónde diantres sacó los 10.000 euros para pagar algunas chorradas que no están recogidos en sus movimientos bancarios. El hombre, que también se ha vuelto alérgico al salmón y no lo prueba ni en nochebuena, tiene decenas de cuentas corrientes pero para poco le sirven porque apenas mueve sus ahorros. El dinero lo coge directamente del bolsillo de su chaqueta. La juez sólo tiene que averiguar ahora si llegó hasta allí del mismo modo que un conejo sale de la chistera del mago.

El pollo asegura que va de nuevo encantado a declarar ante la juez, lo que demuestra que no debe estar muy bien del riego sanguíneo porque a ningún mortal nos gusta tener que acudir a una cita judicial como imputado. Preferimos ir al dentista toda la vida.

Ahora el Patronato de Turismo de Gran Canaria anuncia que irá a los países nórdicos y centroeuropeos a captar turistas, los mismos que Soria espantó cuando, siendo presidente del Cabildo, aceptó la manzana prohibida en forma de viaje gratis a Noruega y Austria. No se lo pensó dos veces y se fue con lo puesto. Tanto que tuvo que volver en el avión del empresario turístico para recoger su famoso pulóver color salmón que se anuda pijamente al pecho.

También es mala suerte que ese día no llevara dinero suelto para comprar una maldita rebeca de tul en El Corte Inglés de Oslo.

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