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Los eventos especiales de Correa y la cúpula del PP

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"Para Special Events ?puntualizaba la cadena radiofónica citada- ha trabajado hasta principios de año Antonio Cámara, secretario personal de Aznar en sus ocho años como presidente del Gobierno. También algunos amigos íntimos de su yerno, como el empresario Francisco Correa, testigo de la boda de Alejandro Agag y la hija de Aznar". ¡Especiales eventos, menudos eventos, los de Correa!


El hombre de confianza

En realidad, Cámara fue jefe de Gabinete de Aznar y, más que nada, hombre de su confianza y secretario personal. Antes lo había sido de Manuel Fraga Iribarne. Se lo recomendó Rodrigo Rato a Aznar, cuando éste encabezó la candidatura de AP en las generales de 1989, designado por Fraga. En el libro Aznar. La vida desconocida de un presidente, los autores de la hagiografía, José Díaz Herrera e Isabel Durán, retratan a Cámara así: "De modales refinados, trato agradable y atento, Antonio Cámara Eguinoa se suma al grupo. Nacido en Navarra, soltero, piloto, cincuenta años bien llevados, es una persona que mantiene algunos negocios con sus hermanos, que le permiten vivir sin agobios económicos pero sin grandes ostentaciones".


En Caja Madrid

Ahora, Cámara ha reaparecido públicamente como presidente de la Comisión Permanente de Control de Caja Madrid. En la durísima batalla entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón ?también desarrollada, como es sabido, en Caja Madrid-, Cámara aparece, según la agencia EFE, como un hombre del PP "cercano a Aguirre y antiguo secretario personal del ex presidente del Gobierno José María Aznar".


El clan de Becerril

En su calidad de secretario personal del jefe del Gobierno, Cámara recibió una carta de Alfonso Bosch, diputado autonómico y antiguo segundo teniente de alcalde del Ayuntamiento de El Escorial. La información de ayer de El País sobre tal misiva vincula de nuevo a la trama Correa con el clan Aznar/Agag o clan de Becerril, tal como desvelamos desde El Plural el pasado 8 de febrero, poco después de que estallara el affaire de corrupción liderado por Francisco Correa y Álvaro Pérez El Bigotes. Bosch participó directamente en la organización de la boda imperial. Pérez fue requerido por Aznar para que la ceremonia y sus distintas ramificaciones salieran con la debida brillantez y sin fallo alguno. Correa fue uno de los testigos del enlace matrimonial.


Deslumbrante matrimonio

El texto de la carta de Bosch a Cámara corrobora que coadyuvaron al éxito de tan deslumbrante matrimonio -oficiado por el cardenal arzobispo de Madrid, Rouco Varela-, la Secretaría General de Presidencia del Gobierno, el Ayuntamiento de Madrid, regentado aún por José María Álvarez del Manzano, y la Comunidad de Madrid. El imputado Alberto López Viejo, destituido de su cargo de consejero de Deportes del Gobierno Aguirre, era entonces concejal de Limpieza de Madrid. Este presunto corrupto llegó a cortar la calle Velázquez para facilitar la fiesta de despedida de solteros de Alejandro y Ana. El festejo tuvo lugar en la selecta discoteca Gavana, ubicada en el inicio de Velázquez.


Filantropía, no

¿Pueden seguir considerando Rajoy, Aguirre y sus camaradas ?a la vista de este relato y de otros hechos profundamente sospechosos- que el caso Gürtel es un montaje del Gobierno, del PSOE y de los medios progresistas? Pueden hacerlo, naturalmente, pero no parece que nadie en sus cabales se lo crea. Ni es un montaje ni es un episodio aislado. Correa no era un tipo caritativo que repartía millones, regalos y hasta trajes como un ejercicio de admirable filantropía. Por lo demás, el empleo de fondos públicos y la maquinaria del Estado en favor de un acontecimiento privado, como fue la boda de Alejandro y Ana, constituye en sí mismo un colosal escándalo, más propio del franquismo o de una república bananera que de un Estado democrático.


Lo que está visto

Correa y El Bigotes construyeron un entramado de corrupción gigantesco con paraísos fiscales incluidos y con múltiples complicidades, explícitas o implícitas, que alcanzan probablemente a diversos dirigentes del PP. Este escándalo salpica ?por acción u omisión- a Aznar y a Agag y, como mínimo por ceguera voluntaria, salpica también a Mariano Rajoy. ¿Penalmente, no? Está todavía por ver, sin duda alguna. Pero lo que está visto, y bien visto, es que con semejantes líderes la derecha carece del más mínimo crédito.

* Director de El Plural

Enric Sopena*

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