Esta falta de medios y de capacidad operativa del fiscal anticorrupción se nota bastante de la lectura de las actuaciones de la Operación Eolo. Luis del Río participa en los interrogatorios de los principales encartados, pero no puede acudir al resto de declaraciones para poder hacerse una idea de conjunto. Inlcuso en los interrogatorios se nota que sus preguntas responden más a la aplicación de la lógica que al conocimiento profundo de la investigación, que sí se aprecia sin embargo en el magistrado Parramón. No vale la pena crear la ilusión ciudadana de una Fiscalía Anticorrupción si terminamos entre todos por convertirla en una pieza decorativa en los procedimientos penales. Un fiscal está para algo más que recibir denuncias, mandarlas para Madrid, esperar respuesta y departir a las dos y media con algún periodista.