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Lucía Muñoz, directora de ‘Aminetu’: “Salgan de este documental hablando del Sáhara”

Gara Santana

Las Palmas de Gran Canaria —

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Hace 17 años, Aminatou Haidar fue expulsada del Sáhara Occidental y se vio obligada a iniciar una huelga de hambre de 32 días en Lanzarote. Su lucha por el derecho a regresar a casa desencadenó una crisis diplomática entre España y Marruecos, colocó la causa saharaui en el centro de la atención internacional y consagró a Aminatou como un referente de resistencia no violenta. Aquellos 32 días de 2009 se recogen en un documental dirigido por Lucía Muñoz Lucena, periodista y cofundadora de Caminando Fronteras, presentado esta semana en Gran Canaria, tierra vecina de una lucha hermana: la de un pueblo por su libertad. Una semana después del asesinato de tres miembros del Frente Polisario a manos de Marruecos, y cuando se cumplen 50 años de la ocupación del Sáhara, el último territorio pendiente de descolonización de África, la comunidad internacional sigue sin dar respuestas.

Es un tema de actualidad, la opresión del pueblo saharaui, pero, ¿está de moda?

En Canarias siempre lo hemos tenido presente por la cercanía. No creo que esté de moda: a pesar de lo que ocurre en el Sáhara, no solo hay una guerra armada, sino también una guerra mediática y silenciada.

Tras 50 años de ocupación por parte de Marruecos y del abandono de España -su antigua colonia, aún pendiente de descolonización según Naciones Unidas, que la reconoce como potencia administradora-, seguimos sin mirar lo suficiente hacia allí. Mientras, somos capaces, y así debe ser, de atender a conflictos como Ucrania o Palestina, no podemos olvidar que en el Sáhara también se vive una guerra desde hace décadas.

Ese silencio mediático es, en sí mismo, otra forma de violencia. Se da tanto en los campamentos de refugiados en Argelia, donde parte de la población vive en el exilio en condiciones cada vez más duras -acabo de regresar del FiSahara y la ayuda humanitaria apenas llega-, como en los territorios ocupados. Allí, tan cerca de Canarias, se mantiene una situación de opresión cotidiana que también atraviesa la vida de Aminetou, protagonista del documental.

¿Cómo fueron los inicios de Aminetu? ¿Cómo se gestó?

Los inicios no fueron fáciles: han sido dos años de investigación. Justo por estas fechas, hace un año, estábamos grabando en Lanzarote.

Este documental ha sido posible gracias al apoyo de 323 mecenas que, a través de un crowdfunding, confiaron en la historia de Aminatou Haidar. Para nosotras, ese respaldo no es solo a la productora, sino también una muestra de que el Sáhara sigue importando y de que es necesario seguir visibilizándolo. Porque de aquello que no se habla no existe.

Siempre recuerdo lo que cuenta Aminetou sobre su huelga de hambre: que pudo sostenerla gracias al apoyo de otras mujeres, como Edi Escobar, Inés Miranda o Fefi Milán, entre muchas otras personas de su entorno. De alguna manera, nosotras también hemos sentido ese sostén en esas 323 personas, además del apoyo del Consejería de Cooperación Institucional y Solidaridad Internacional del Cabildo de Gran Canaria, que ha hecho posible sacar adelante el proyecto documental.

¿Qué papel debe jugar la cultura y el arte, según tu punto de vista, en la lucha de los pueblos?

Todo es política, también el cine. Es una herramienta para reivindicar derechos humanos y para construir una cultura de paz a través de distintos relatos.

Como periodista, tengo la suerte de trabajar temas internacionales con tiempo para investigar y asentar la información antes de publicarla. No estoy en el ritmo del breaking news, y eso permite algo esencial: entender y digerir lo que contamos, porque no dejamos de ser observadoras de la realidad.

Desde el documental, que es la línea que seguimos en Entre Fronteras, buscamos precisamente eso: pausar la información para poder exponerla mejor y para que quien la reciba también pueda procesarla. Frente a la inmediatez y al consumo rápido -como los vídeos de pocos segundos en redes-, es importante detenerse, pensar y reflexionar.

El cine ofrece ese espacio. Tiene la capacidad de transformar miradas porque nos sitúa frente a realidades complejas durante un tiempo sostenido. En el caso de Aminetu, permite escuchar en 90 minutos lo que no se pudo escuchar en 32 días en 2009: su voz, su experiencia y lo que ocurrió a su alrededor.

Hablabas de esos 32 días de 2009. En la memoria colectiva parece que fueron más, quizá porque su huella llega hasta hoy. ¿Es importante su legado y su símbolo?

Sí. Aminatou es una defensora de derechos humanos que lo ha demostrado durante años, pero en esos 32 días se convirtió en el centro de todo. Y es curioso cómo ese episodio sigue muy presente en la memoria colectiva en Canarias: cuando proyectamos el documental, mucha gente se acerca a contarnos qué hacía en aquel momento.

Fue un acontecimiento que nos atravesó. Veíamos su huelga de hambre a través de los medios, a miles de kilómetros, y aún así generó una enorme conexión. Hoy, la mayoría la recuerda como la mujer que sostuvo una huelga de hambre de 32 días en un aeropuerto y que puso en jaque al Gobierno de España, desencadenando una crisis diplomática con Marruecos en la que mediaron países como Estados Unidos o Francia.

Pero más allá de ese recuerdo, lo que ocurrió durante esos 32 días tiene una complejidad enorme. Por eso construimos el documental con una narrativa de docu-thriller: no es un biopic ni una pieza experimental. La tensión es constante, día a día, hora a hora, con la incertidumbre de qué iba a pasar, cómo se resolvería y qué actores intervendrían.

Durante la investigación detectamos que faltaba algo clave en muchos relatos mediáticos: la voz de Aminatou. Por eso era fundamental contar esta historia con ella, desde su experiencia y a partir de lo que fue diciendo en esos días. Todo está documentado en hemeroteca: no hemos inventado nada, sino reconstruido lo que ocurrió gracias a que los medios locales canarios estaban allí para contarlo.

¿Qué recorrido seguirá ahora el documental y cuándo podrá verlo el gran público?

Ahora mismo estamos en un circuito de festivales y de proyecciones en distintos puntos de la Península y Canarias. Es, de hecho, la principal vía de distribución que estamos teniendo: que el documental se vea y que sirva también como espacio para seguir hablando del Sáhara.

Para nosotras, ese es el objetivo: que la película funcione como herramienta de memoria y de conversación. Porque lo que no se nombra se vuelve invisible, y necesitamos seguir nombrándolo. Poder decir: “Salgan de este documental hablando del Sáhara”.

Además, el documental nace con una intención clara: no mirar solo al pasado, a esos 32 días, sino reflexionar desde ahí sobre el presente. Vivimos en un contexto de conflictos armados y tensiones geopolíticas, y la figura de Aminatou representa una forma de resistencia pacífica que también es necesaria poner en valor.

Esa resistencia no es sencilla ni indolora. En el documental se muestra también el coste personal y emocional que tuvo, tanto para ella como para su entorno. Por eso nos parecía importante contar la historia desde dentro, con su voz y con todo lo que ocurrió en aquellos días, documentado en hemeroteca.

En paralelo, seguimos viendo cómo la defensa de los derechos humanos se criminaliza en muchos contextos. Por eso creemos que historias como la de Aminatou siguen siendo relevantes hoy. En cuanto a cuándo podrá verlo el público general, iremos anunciando las próximas proyecciones y esperamos que, tras este recorrido, el documental pueda tener una distribución más amplia.