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Los jueces contrarían al bloque PP-Cs-Vox

“Madrid Central”, un proyecto “indispensable” para cumplir con la legislación ambiental europea e internacional

La aplicación del artículo 155 tiene límites temporales y no puede establecerse con carácter indefinido

Ciudadanos y Podemos dijeron venir dispuestos a enterrar la vieja política y aunque acabaron con el bipartidismo ayudaron a sustituirlo por el “bibloquismo”

El largo y duro camino de la investidura

Greenpeace

Protestas en defensa de Madrid Central Greenpeace

Ya cansa esto de tener listas las colaboraciones semanales y desecharlas para comenzar de nuevo porque aparecen nuevas noticias que, a su vez, quedan enseguida viejas a la velocidad que va todo. Así, pensaba yo ocuparme de las aventuras y desventuras de Pedro Sánchez y de cómo se esfuerza la derecha en bloquearlo por razones tanto políticas como derivadas de la rabieta envidiosa ante alguien que consideraron por desahuciado y ¡zas! se les coló al primer descuido hasta la presidencia del Gobierno dejando tamañita hazañas como la de Pablo Casado y sus récords de eficiencia académica.

Pensaba, ya digo, ocuparme in extenso de los pasos ya dados por Sánchez y sus rivales y sin embargo enemigos y he de conformarme con la versión resumida con vistas a que vamos de cabeza a la repetición de las elecciones generales. Antes intentará Sánchez ser investido el próximo día 23, martes, en la votación que seguirá al pleno del Congreso del día anterior. Como no saldrá en esa primera votación, habría que ir 48 horas después a una segunda, lo que no ocurrirá esta vez porque la han suprimido pues se da por descontado que también la perderá el aspirante a la investidura. Y así, entre una cosa y la otra, atravesaremos a toda leche el mes de agosto con el Parlamento en silencio para plantarnos otra vez con lo mismo y tras otras vuelta de calendario en el 21 de septiembre, sábado, con un nuevo pleno del Congreso que el lunes, 23, y si Dios no lo remedia volverá a catear al ahora mismo presidente en funciones al que apenas le quedará resuello suficiente para convocar elecciones generales a celebrar, como muy tarde, el 10 de octubre. Habrán pasado desde el 22 de este mes nada menos que ciento once días, si he contado bien, para no llegar a nada. Estamos al final del viaje desde el bipartidismo que no fue eliminado, como dicen, sino sustituido por el actual “bloquismo” en el que se han alineado los dos partidos de derechas –Ciudadanos y Podemos- que saltaron al ruedo dispuestos a acabar con la vieja política que ha acabado por atraparlos. Completa este bloque de derechas los ultras de Vox que no hace sino darle disgustos a sus socios. En el bloque de izquierdas aparece el PSOE, Unidas Podemos y supongo que cuantos nacionalistas y otros siniestros grupos pululantes, entendiendo por “siniestro” no a Soria, Dios nos libre, sino a lo contrario de diestro.

Entre “Madrid Central” y el 155

Son dos las noticias que me obligaron a dejar para mejor ocasión el asunto de la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno y la repetición de elecciones generales. Iba a contarles de la necesidad de reformar ese proceso de elegir presidente para impedir situaciones que no le hacen un favor a nadie y ponen de manifiesto, como si necesitara demostración, que no es la voluntad de la ciudadanía la que condiciona y enturbia todo sino los trasteos de las fuerzas políticas. Sería el caso extremo de un votante de Ciudadanos que se identifica con el centrismo, la moderación, la modernidad y todas esas cosas que decía Rivera en plan estupendo y se encuentra ahora con que el chau-chau no impidió a Rivera ayudar a Vox a introducirse en el sistema democrático y no en plan todo, precisamente, para contribuir a su destrucción mientras se oye no tan lejos el “Cara al sol”.

Y voy, sin más, a las noticias que me hizo echar a un lado lo que ya había escrito. Me refiero a los fallos de los tribunales sobre la eliminación del proyecto “Madrid Central” y la aplicación permanente del artículo 155 de la Constitución, que suspendió la autonomía catalana.

Por lo que toca al “Madrid Central”, puesto en marcha por Manuela Carmena, el juez suspendió cautelarmente las medidas del Gobierno municipal en manos del triplete de derechas para liquidar el plan con que se pretendía reducir la contaminación provocada por el tráfico en la capital española, ese mismo, que le parece maravilloso a Díaz Ayuso la candidata pepera a presidir la Comunidad. Debe anotarse que una iniciativa similar a la de Carmena ya rondó la cabeza de Alberto Ruiz Gallardón, del PP y uno de sus antecesores en la alcaldía. El caso es que se impuso contra Carmena el revanchismo rencoroso sobre cualquier otra consideración, incluida la evidencia de que el plan impulsado por Carmena venía de atrás y redujo la contaminación en proporciones apreciables al tiempo que la vuelta a circular de vehículos decretada por PP-Cs la incrementó de nuevo.

La decisión judicial la firmó un magistrado de Lo Contencioso Administrativo que tendría en cuenta las protestas ciudadanas pero, sobre todo, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el hecho de que no es la primera ciudad europea que combate el excesivo tráfico de manera muy similar. El fallo, en fin, considera “imprescindibles” proyectos como “Madrid Central” para cumplir con la legalidad europea e internacional en materia ambiental. No hay duda de que el fallo sienta un precedente.

El resbalón pepero en Madrid ha sido de los de mírame y no me toques. Y no le va a zaga el fallo del Tribunal Constitucional (TC) sobre la aplicación del ya famoso artículo 155 de la Constitución. Aquí estamos en las mismas: los partidos, en especial los de derechas, no suelen respetar la letra de la ley cuando les incomoda o contraría sus designios. La derecha sigue actuando como dueña del país. Así tenemos a Albert Rivera y Ciudadanos clamando para que se endurezca la aplicación del dichoso artículo de forma permanente a despecho de que la ley, como acaba de recordar el TC, otorga al Senado la potestad de precisar en qué momento ha de dejar de aplicarse señalando incluso la fecha en que cesará. La sentencia, eso sí, considera correcta la aplicación del artículo en Cataluña en el momento en que la decidió Rajoy, pero señala que se trata de un “remedio excepcional” e insiste en que debe aprobarse especificando un “límite temporal” a su aplicación. Contradice, pues, a Ciudadanos y al PP que reclaman la aplicación indefinida. Rivera ha dicho que “el 155 no entiende de tiempos” y Villegas, uno de sus gallos/escuderos, reclama “un 155 indefinido” no como ahora en que el hecho de la presidencia de Quim Torra supuso la recuperación por los catalanes de su autonomía para seguir en el mismo plan. Han quedado Rivera y los suyos colgados de la brocha, sin escalera que les evite el lomazo.

Por cierto: ya que menciono a Torra, dedicaré unas palabras a otro personaje de voltaje similar que lo es Joan Canadell, presidente de la Cambra de Comerç barcelonesa. Es ingeniero industrial, fundador y socio de Petrolis Independents, que explota a nueve gasolineras y entre sus iniciativas figura el boicot a las empresas consideradas hostiles a la independencia catalana, a todas las españolas, además de proponer elaborar listas en la tradición inquisitorial española (solo copian lo malo) o de la policial/franquista (táchese lo que no guste) de desafectos a la causa de la independencia. Considera Canadell, al alimón con Torra, que los españoles son “salvajes” como ellos solos por lo que debe tratárseles como a Drácula, clavándole estacas en el corazón. Otras aportaciones suyas son la revelación de la decisiva influencia de Cataluña en la configuración de la Inglaterra del siglo XVI y afirmaciones como la de que la bandera USA se inspiró en la senyera catalana.

Sin embargo, la mejor de Canadell fue su negativa al uso del castellano en las Ruedas de Prensa de la Cámara que preside por considerarlo una pérdida de tiempo. Aquí aludiré a mi relación más o menos intensa con Cataluña que data de hace más de cuarenta años en los que no tuve el menor incidente por no ser catalán del tipo de las que cuentan algunos para difundir la idea de la intransigencia fanática de los catalanes con quienes no lo son. Se trata de patrañas que no hacen más que dificultar la convivencia en beneficio de los interesados en poner las cosas donde están ahora mismo; que haberlos, háylos. Nunca he sufrido el menor incidente en los restaurantes, cafeterías, mercados, clínicas, comercios, oficinas administrativas, etcétera, y aunque de primera intención se me suelen dirigir en catalán, al contestarles en castellano cambian automáticamente de idioma, sin más. He hecho sondeos y es la tónica habitual que, por supuesto, no excluye a algún descerebrado, que también los hay catalanes. Por otro lado, tengo nietos nacidos en Cataluña, donde viven, que le dan igual al catalán que al castellano, lo que, a mi entender, permite apreciar el acierto de la inmersión lingüística.

Y vuelvo a Canadell para recordar que entre las características catalanas figura una clase empresarial emprendedora en la industria y el comercio lo bastante sabedora para considerar las ventajas de contar con un idioma que hablan 500 millones de clientes potenciales que para nada estorban al esplendor del bello idioma catalán y de su cultura aneja y sus importantes aportaciones a la cultura española en general. No parece necesario insistir mucho más en todo esto pues nunca, como digo, he sentido la menor hostilidad sino también porque si algo distingue a los catalanes es su vocación empresarial, industrial, comercial y exportadora asentada en un sentido práctico para el que contar con un hermoso idioma, expresión de una cultura propia no van a echar en menos el castellano que hablan 500 millones de personas, clientes potenciales de sus producciones y servicios.

Malestar ciudadano

El resultado de tanto trasteo es el creciente malestar ciudadano detectado y medido por el último sondeo del CIS. Malestar que obedece a muchas razones si bien la más irritante, quizá por ser también la más notoria, sea la incapacidad de los partidos para sacar adelante la investidura. Quizá estemos en el momento de incluir la regulación del proceso de investidura entre las reformas constitucionales que no acaban de abordarse.

Es cierto que la investidura se retrasa por la incapacidad para hacer otra cosa de los partidos políticos que ya han comenzado a bordear el odio en sus relaciones. Los cinturones sanitarios y los yo no me ajunto contigo si vas con Fulanito están a la orden del día porque, ya saben, son como niños. No es preciso que me extienda sobre la última decepción, la de Ciudadanos y Podemos porque ya la aludí al anotar en otro lugar que se habían empantanado en los viejos modos y maneras políticos que pretendían erradicar. Tiene tela la invitación de Albert Rivera a que se manden a mudar aquellos de sus correligionarios que, según él, pretenden dejar al “sanchismo campar a sus anchas”. No solo se “desnegó” malamente de su prometida democracia interna sino que pasó por alto (o por bajo, según) el hecho de que las elecciones las ganó el PSOE, no Sánchez. La servidumbre de su alianza con Vox no le favorece.

En cuanto a Iglesias, lo ve la gente desperecido por hacerse con un ministerio, demanda ante la que Sánchez no cede intuyo que por la diferencia de criterios en asuntos clave como la cuestión catalana pues Iglesias es partidario de un referéndum que Sánchez no quiere trabado por el qué dirán de la derecha y no pocos de su partido tocados por el virus anticatalanista que impide desde siempre dar con una solución que no sea el enfrentamiento, la imposición.

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