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Pérez de Paz plantea ampliar La Caldera y declarar Cumbre Vieja geoparque de la Unesco

Parque Nacional de La Caldera de Taburiente.

La Palma Ahora

Santa Cruz de La Palma —

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Pedro Luis Pérez de Paz, catedrático de Botánica de la Universidad de La Laguna, plantea la ampliación del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente y la declaración de Cumbre Vieja como geoparque de la Unesco. De Paz, en un capítulo del libro ‘La Palma: una Isla de oportunidades. Repensando el futuro a partir de la crisis volcánica’ en el que participan otros 45 autores y autoras, editado por la Fundación Fyde CajaCanarias con el fin de aportar propuestas para una reconstrucción colectiva de La Palma, destaca “los valores naturales y seminaturales que concentra La Palma como Reserva Mundial de la Biosfera” y esboza “las oportunidades que su patrimonio natural brinda con vistas a un desarrollo socioeconómico equilibrado y coherente con dichos valores”.

En este sentido, en las conclusiones del citado artículo, expone varias propuestas relacionadas con los espacios naturales y su puesta en valor.

En primer lugar, plantea la ampliación del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Recuerda que “la cuenca de La Caldera, propiedad privada de las Haciendas de Argual y Tazacorte, fue declarada Parque Nacional en 1954, con dos objetivos fundamentales: reconocer la espectacularidad de su paisaje y preservar sus acuíferos, garantía de la riqueza agrícola del Valle de Aridane”.

Añade que “otros criterios biológicos y ecológicos ocuparon un segundo plano y eso cuenta en el debe del Parque hasta la actualidad. En distintos foros y ocasiones hemos defendido la conveniencia de ampliar los límites del Parque para englobar el escudo central de la paleopalma, con sus cumbres y laderas exteriores, en la actualidad repartidas en el Parque Natural de Las Nieves, Reserva Natural Integral del Pinar de Garafía y montes de Puntagorda y Tijarafe. Así delimitado se englobarían las biodiversas cumbres insulares a la par que se integrarían en el Parque los pinares exteriores mixtos con el monte verde, de gran valor ecológico y paisajístico, vitales para garantizar la protección y recarga del acuífero insular”.

El director-conservador del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente, Ángel Palomares,  sobre la ampliación del principal espacio natural protegido de La Palma, en una entrevista con este periódico en 2016, dijo que “los sistemas no conocen barreras y muchas de las especies que manejamos están dentro y fuera del Parque, y la figura de Parque salvaguardaría más o menos una superficie de 10.000 o 15.000 hectáreas por el norte de la Isla, que el único uso real que tiene hasta el momento es la construcción del Observatorio de Astrofísica y la caza. Toda la zona media-alta cuenta con condiciones para que pudiera ser declarada Parque Nacional y gran parte de las especies amenazadas que están en las cumbres del Parque se encuentran también fuera. Una gestión conjunta estaría bien”.

Patrimonio geológico notable

Pedro Luis Pérez de Paz, también propone la declaración de Cumbre Vieja como geoparque de la Unesco. Explica que “un geoparque es un territorio que presenta un patrimonio geológico notable, en torno al cual se vertebra una estrategia de desarrollo territorial equilibrado basado en la educación y el turismo. Pensamos que la dorsal de Cumbre Vieja, ya declarada Parque Natural, ampliado al cono y tramo superior de las lavas de Tajogaite, responde a las características y objetivos de la definición. Asociado al mismo tiene especial cabida el anunciado Centro Vulcanológico Nacional, que se instalará donde decidan los técnicos, según el presidente del Gobierno de España, aunque no coincida con lo declarado por el presidente del Cabildo de Tenerife. Cumbre Vieja es, además, un magnífico laboratorio natural para estudiar los procesos de evolución biológica de los ecosistemas pioneros insulares, asociados a coladas históricas, desde el nivel del mar hasta los 2.000 metros de altitud, orientadas tanto a naciente como a poniente”. Subraya que “en ninguna otra isla de las Canarias se da tal circunstancia”.

En tercer lugar, plantea potenciar la Red de Senderos insulares. “Innovadora y acreditada en su día”, indica, “la red de senderos insulares, como la de carreteras, precisa de vigilancia y mantenimiento. Si bien es verdad que los senderos más transitados presentan un estado aceptable, otros que discurren por el monte ofrecen un estado deplorable, en los que perderse es fácil y la señalética muy deficiente. Los senderos tradicionales son parte del valor añadido de los espacios naturales, vitales para el modelo turístico que se explota en la isla”.

Asimismo, en las referidas conclusiones, propone “ordenar y vigilar los usos del monteverde insular”. La Palma, señala, “tiene la suerte de mantener una considerable superficie de monteverde (laurisilva y faya-brezal), en su mayor parte afectado por la Red Europea de Espacios Natura-2000, a la que desborda en algunas zonas de los municipios del sector nordeste insular, desde Garafía hasta Las Breñas y Mazo. Precisamente en la comarca de estos últimos municipios se está mal talando el monte, principalmente como fuente leña para la exportación. No solo se explota, con evidentes muestras de irregularidad, sino que se hace mal y se aprovecha peor. La otrora respetada guardería forestal o ambiental ha dejado de existir y el furtivismo campa a sus anchas. Se ha perdido la cultura forestal y se tala un monte de infinito valor científico y vital para garantizar la salud ambiental de la Isla Verde. En aras de justificar unos pocos puestos de trabajo, se permite explotar un recurso de muchísimo más valor que el precio que devenga. Ambientalmente se entendería mejor la tala para leña de los castañeros que invaden el dominio potencial del monteverde en Cumbre Nueva, sobre Las Breñas”.

Cono volcánico y coladas de Tajogaite

Igualmente, incluye el cono volcánico y coladas de Tajogaite. “Concluimos estas propuestas”, apunta, “con una breve referencia al reciente episodio volcánico que ha conmocionado a la isla. No es el primero, ni será el último. Y esta obviedad geológica conviene tenerla clara para afrontar con realismo la situación presente y futura. El cono y las lavas del volcán son, hasta que comenzó su roturación para restablecer con urgencia la red viaria, el espacio natural más natural de la isla, por naturaleza y por la ley vigente. Dicho lo cual, es evidente que pretender declarar como espacio natural protegido todo el territorio ocupado por el volcán ya responde a un deseo inviable. Descartada esa opción por maximalista, planteamos otra intermedia entre el uso y el abuso:  el cono eruptivo -parte del cual está dentro del límite occidental del Parque Natural de Cumbre Vieja, junto al primer tramo de las coladas por encima de la carretera de circunvalación sur (LP-2 o antigua C-832), debe ser considerado como suelo de protección natural, anexado al ámbito del parque natural o declarado como Monumento Natural; el tramo medio de las coladas desde la LP-2 hasta el time del acantilado costero, lo vemos como territorio ‘negociable’ y debe ser estudiado con mayor detalle a efectos de su clasificación o calificación ambiental; los chorretones de lava que se descuelgan por el acantilado, lo mismo que la fajana ganada al mar, en principio los vemos con vocación de suelo rústico de protección natural-costera; y el sector sur de la fajana litoral, que sepultó las fincas sobre la antigua colada del volcán de San Juan 1949, puede dar cabida a alguna ‘actuación singular estructurante’ de tipo turístico, que genere plusvalías compensatorias a los damnificados de la catástrofe. O no”.

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