Fraudes, abusos y captaciones en peluquerías: dentro de las redes de tráfico de migrantes entre África y Canarias

Imagen de archivo de un grupo de personas llegando por sus propios medios en patera al muelle de Arguineguín en octubre de 2020.

El primer contacto de Khalid* con la red de traficantes que le trajo a Europa fue en una parada de guagua de Gambia. Allí se encontró con un hombre gambiano que planificó su viaje hasta Senegal y, desde allí, a Canarias. Los taxis, las estaciones de transporte público, las cafeterías, las plazas o las peluquerías son algunos de los escenarios de captación que utilizan las redes de tráfico.

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Viajar a España desde África de forma legal es para muchos una misión imposible. Los obstáculos burocráticos y la falta de oportunidades han empujado en los últimos años a más de 50.000 migrantes a tomar pateras y cayucos en manos de mafias. Algunos ya saben los riesgos que acechan sus periplos, pero otros avanzan a ciegas por un camino en el que se topan con fraudes, agresiones, abusos sexuales e incluso la muerte. 

El último estudio del UNODC Observatorio de tráfico de migrantes, Northwest African (Atlantic Route). Migrant smuggling from the Northwest African coast to the Canary Island (Spain), ha desvelado el modus operandi de los traficantes que han trasladado a miles de personas hacia Europa por la ruta migratoria canaria, la más mortal del mundo. En las costas saharauis y marroquíes se han identificado redes organizadas de tráfico. En otros países como Senegal, es habitual que los migrantes organicen su propia travesía en comunidad con los recursos disponibles.

“El primer contacto es a menudo con el hombre o la mujer que conecta a los clientes con los transportadores y los organizadores del barco. Con frecuencia los migrantes y refugiados solo conocen al organizador del barco en el punto de salida”, explica la investigación. Ni siquiera allí pueden reconocerlos. “En la playa, los organizadores cubren sus caras y utilizan apodos para evitar la identificación”, detalla el estudio.

Una vez establecido el contacto, los migrantes reciben órdenes de viajar por su cuenta hasta el punto de partida. Las personas se desplazan en transporte público o en vehículos conocidos como “taxi-mafia”, según el informe. El siguiente paso es esperar a que la red reúna al número de personas suficientes para llenar el barco y a que llegue una noche con condiciones meteorológicas favorables.

La espera hasta tomar la barcaza hacia las Islas no es igual para todos los migrantes. La investigación a la que ha tenido acceso este periódico ha identificado diferencias en función de la nacionalidad. “Los marroquíes permanecen en hoteles low-cost en pequeños pueblos de la costa de Marruecos y del Sáhara Occidental. Suelen compartir habitaciones con los traficantes o con otros clientes para reducir costes. Algunos pasan un mes esperando”, explica el informe. En el caso de las personas subsaharianas, pasan este tiempo en localidades remotas descritas como “desiertos”. En casas con condiciones precarias y acceso limitado al agua, a la comida y a unas condiciones mínimas de higiene. 

Descuentos por conducir la patera

Los organizadores de la travesía casi nunca recorren la ruta. Con frecuencia, los traficantes escogen como conductores de los cayucos a hombres con experiencia en la navegación. Es habitual que los pescadores sean elegidos para realizar esta labor. A cambio, las redes les reducen o perdonan el coste del viaje, que oscila entre los 1.000 y los 3.000 euros. 

Según la investigación, entre enero y noviembre de 2021 la Policía española detuvo a 150 conductores de embarcaciones por tráfico ilícito de migrantes en Gran Canaria. “La mayoría de los conductores de embarcaciones procesados en España son acusados de delitos agravados de tráfico de migrantes y condenados a penas de prisión de cuatro a ocho años. Se considera que sus acciones han puesto en grave peligro la vida y la seguridad de los pasajeros”, apunta el estudio. 

Si hay fallecidos en el camino, los conductores son acusados de homicidio u homicidio involuntario y las penas para los conductores de las barcazas aumentan de uno a cuatro años por cada fallecido. En ocasiones, cuando se aproxima otro barco a la embarcación precaria, los conductores abandonan el timón, aunque eso pueda suponer la muerte para él y el resto de ocupantes.

Los agentes realizan estas identificaciones en los centros en los que los migrantes pasan 72 horas bajo custodia policial. De acuerdo con el estudio, estas instalaciones no cumplen los estándares mínimos de calidad. Asociaciones ciudadanas y equipos sanitarios ya denunciaron en varias ocasiones la precariedad de estas naves. 

En noviembre de 2020, la filiación policial se realizó en el puerto de Arguineguín, al sur de Gran Canaria. Allí, miles de personas estuvieron hacinadas durante semanas, sin duchas y durmiendo en el suelo. En Lanzarote, otra nave fue escogida y habilitada como CATE (Centro de Atención Temporal de Extranjeros). En ella había seis baños químicos para los cientos de personas que pasaron por allí ante el aumento del flujo de personas llegadas a esa isla. Con cada temporal se inundaba el suelo y no había camas suficientes para todos.

La corrupción de los guardias fronterizos

“En mi séptimo intento, el último, los contrabandistas saharauis dieron un soborno de alrededor de 1.500 euros a alguien en la base militar que patrullaba el mar. Así fue como lo logramos”, contó un hombre marroquí a los autores de la investigación. El tráfico de migrantes por la ruta del noroeste de África “no parece estar relacionado” con otros tipos de tráfico y trata. Sin embargo, sí está vinculado a otro delito: la corrupción de los guardias fronterizos. “Pueden ser fundamentales para garantizar un cruce exitoso”.

Este engranaje, sumado a la imposibilidad de acceder por vías legales a Europa, ha provocado en lo que va de año la muerte de 800 personas en la ruta migratoria hacia Canarias, según los últimos datos de Caminando Fronteras.

Abusos, fraudes y explotación

Cuando los migrantes no pueden hacer frente al coste de la patera, acuerdan con los traficantes otras formas de compensación. ''Trabajan gratis para un contrabandista en condiciones de explotación, por salarios bajos, trato degradante y alojamiento deficiente''. En especial en Marruecos y Argelia. 

Las mujeres y las niñas sufren además abusos y agresiones sexuales por parte de los traficantes y los guardias. “Una mujer de Costa de Marfil intentó cruzar el mar seis veces antes de tener éxito. En cada ocasión, las autoridades marroquíes la interceptaron y la detuvieron, donde estuvo expuesta a abusos por parte de las fuerzas del orden y los guardias penitenciarios”.

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