La portada de mañana
Acceder
Sánchez reinicia la campaña con la “ejemplaridad” de Puente
Cómo se organiza la huelga del 11N para parar un país por la vivienda
Opinión - 'En el punto de mira', por Rosa María Artal

''Dos personas se tiraron por la borda, no podían más'': los supervivientes de la ruta migratoria hacia El Hierro

Natalia G. Vargas

La Laguna —
6 de noviembre de 2026 21:22 h (Hora canaria)

0

El muelle de La Restinga (El Hierro) vuelve a vivir unos días frenéticos con la llegada de cayucos. Salvamento Marítimo desembarca a un grupo de supervivientes y, de inmediato, vuelve a partir al rescate de más vidas. En la última semana, más de 2.300 personas han sido rescatadas cerca de la isla más remota de Canarias. Otras, en cambio, no han sobrevivido al viaje. En una de estas tantas embarcaciones precarias llegó Sekou. Su viaje duró diez días. Al séptimo, se acabaron la comida y el agua, y algunos terminaron bebiendo agua del mar. “Dos personas se tiraron por la borda, no podían más”, cuenta. 

Sekou nació en Gambia y dice que tiene 17 años, aunque fue filiado como mayor de edad por la Policía Nacional y lleva cuatro semanas en el campamento de acogida para adultos de Las Raíces, en Tenerife. Para llegar hasta El Hierro pasó por tres países. Salió de Gambia y atravesó el sur de Senegal hasta Guinea Bisáu, desde donde partió su cayuco. Pasó las noches durmiendo en el bosque, al raso, y de ese periplo recuerda especialmente a un anciano senegalés que le ofreció comida caliente. “Si algún día vuelvo a Senegal, quiero ir a visitarlo para darle las gracias. Gracias a él estoy vivo”, sostiene. 

La travesía no fue sencilla y vio a sus compañeros de viaje llegar al límite. Sentado en el exterior del campamento de Las Raíces y con la mirada perdida trata de narrar el trayecto. Sekou se abraza las rodillas con los brazos para explicar la postura en la que permaneció inmóvil más de una semana. Para mantener su cabeza firme, reconoce que solo tenía una cosa en la cabeza: llegar a Madrid para alcanzar su sueño de jugar al fútbol. Aun así, reconoce, “es muy difícil”. “No puedes dejar que las emociones te controlen”, asevera.

En tierra, esperando a quienes atraviesan el mar, están el personal y el voluntariado de Cruz Roja. “Normalmente, los compañeros no han terminado una intervención y ya está llegando otra embarcación”, cuenta José Antonio Rodríguez Verona, responsable de los equipos de Cruz Roja que ofrecen la primera atención a los migrantes en Canarias. En el momento de la entrevista, Salvamento está rescatando a tres cayucos. “Los compañeros ya están en el muelle. Sanitarios, mediadores y demás, para poder atenderlos”, explica.

Desde la ONG aseguran que no tienen “esa inquietud de que el muelle vaya a colapsar”, a pesar del repunte que han experimentado las llegadas por la ruta canaria desde septiembre. Los informes quincenales publicados por el Ministerio del Interior detallan que solo en octubre llegaron a Canarias 6.194 personas por vía marítima. El crecimiento de las cifras en esta época del año, recuerda Verona, no es nuevo. Todos los años por estas fechas las condiciones meteorológicas se vuelven más favorables para las travesías por el Atlántico, por las calmas de las mareas al “aflojar los vientos alisios”.

Familias enteras atraviesan el Atlántico

Aun así, los viajes siguen siendo peligrosos y al menos ocho personas han muerto en las últimas semanas intentando llegar a El Hierro, el último pedazo de tierra antes de que las embarcaciones desaparezcan en el océano. “Hay que recordar que en las últimas semanas hemos tenido fenómenos costeros adversos, que han pillado en mar abierto a las personas que han estado en esta travesía, que es mucho peor en estas condiciones”, subraya Verona. 

En este punto, la información que Cruz Roja recibe de Salvamento Marítimo en el momento del rescate es clave. “Es primordial saber si hay personas graves o fallecidas para nosotros estar preparados y atender a los que están críticos lo antes posible a pie de muelle”, añade. 

La mayoría de las personas que han llegado a El Hierro en las últimas semanas son de Senegal y Gambia, aunque las nacionalidades son muy diversas y también han sobrevivido a la ruta migrantes de Mauritania o Guinea Conakry. A los equipos de primera atención les ha sorprendido la cantidad de familias enteras que viajan en los cayucos. “Hace un par de años llegaban personas adultas de entre 18 y 25 años, pero en estos momentos estamos observando el incremento de familias completas: el padre, la madre y sus menores”, explica el responsable de Cruz Roja.

Algunas de estas familias se han roto. El viernes 30 de octubre murieron al menos cuatro personas en un cayuco que salió con 115 personas de Gambia. Los equipos de rescate localizaron en el interior de la barcaza dos cuerpos. Los otros dos fueron arrojados por la borda. Entre los fallecidos estaba el padre de una niña de dos años que tuvo que ser evacuada de urgencia al hospital en estado grave. La madre también hizo la travesía y es una de las supervivientes.

Llegar a Madrid 

Madrid, Murcia o A Coruña son algunos de los destinos de la Península con los que sueñan quienes consiguen llegar. Sekou comenzó a planificar su travesía cuando un primo le dijo que podría ayudarlo a llegar a Madrid. “No sabía que tendría que atravesar dos países para encontrarme con una embarcación pequeñita”, afirma. 

Cuando llegó a Las Raíces y vio en un mapa dónde estaba se decepcionó. “Estamos muy lejos de Madrid”, dice mientras se ríe. Al menos, matiza, se ha enterado de que está en la isla en la que nació el futbolista Pedri, a quien admira. “Espero que la primera vez que me suba a un avión sea para ir a Madrid. Llamaré a mi madre desde el aeropuerto y le diré que estoy más cerca de ser una estrella del fútbol”, sueña. 

A su lado permanece otro compañero de viaje, también de Gambia, uno de los principales países emisores de las personas que han llegado a Canarias este 2026. También le gusta el fútbol, aunque en su país de origen se dedicaba a la industria textil. En España quiere trabajar “en lo que sea”. 

La prosperidad económica también llevó a Ahmed*, un joven senegalés que prefiere no dar su nombre real para “evitar problemas”, a subirse a un cayuco rumbo a Europa. Es el mayor de tres hermanos y ha tenido que hacerse cargo de su familia porque su padre, que tenía dos mujeres, le dejó toda su herencia a los hijos de la primera pareja. Tenía dos trabajos, y aunque combinaba su empleo como cocinero con otro de mecánico no era “suficiente para comer”. 

Con él viajó otro hombre de Senegal que trabaja como chófer de un camión y cobra 4.000 francos CFA por hora, poco más de seis euros. Tiene cuatro hijos pequeños. La mayor tiene solo once años. “No poder mantenerlos es un sufrimiento”, asevera.