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La caradura de los empresarios

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Hace poco vimos un titular tremendista en la prensa del Archipiélago: “El absentismo laboral se dispara en Canarias con el peor dato de España: un 9,1%”. Las Islas son la comunidad con mayor tasa de absentismo y bajas médicas, en especial en el sector servicios y en la construcción. Leído así, da la impresión de que en Canarias no trabaja casi nadie y que nos pasamos el día rascándonos la barriga, tumbados a la bartola. La noticia se basa en un informe titulado Análisis del absentismo laboral en Canarias, de la CEOE. Vamos a suponer profesionalidad a los redactores del informe y obviaremos aquello de que quien paga manda; entre otras cosas, porque el titular de la noticia es engañoso y los redactores no tienen culpa ni responsabilidad sobre la manipulación de su trabajo.

De las 130 páginas del documento, unas veinte —bajo títulos como Marco metodológico o Marco teórico— se dedican a exponer las distintas definiciones de absentismo en la literatura especializada, así como las nefastas consecuencias que este tiene sobre la economía de cualquier país. Todo está muy bien escrito y culmina en una inquietante definición final: el incumplimiento por parte del empleado de sus obligaciones laborales, faltando al trabajo cuando estaba previsto que acudiese al mismo, de manera justificada o injustificada, o no desarrollando su cometido de forma voluntaria durante una parte o la totalidad de la jornada. Esta definición, del autor Francisco Molinera en su libro Absentismo laboral, se presenta tras haber citado la del Diccionario de la Academia: abstención deliberada de acudir al lugar donde se cumple una obligación.

Y aquí es donde está la madre del cordero, se define absentismo como incumplimiento de las obligaciones laborales de manera justificada o injustificada. Es decir, que el trabajador esté enfermo, se haya roto una pierna, se le ponga un hijo enfermo, etcétera. da lo mismo, todo es absentismo y todo causa un grave daño a la economía. Se culpabiliza al más débil y se pasa de puntillas sobre las causas del absentismo diciendo que tiene muchas causas que van desde los problemas de salud al ambiente laboral. 

Pero el documento tiene otra información muy útil. De ese 9,1% de absentismo en las islas sólo el 1% no está justificado. Es decir que los canarios y canarias trabajan como todo el mundo, contribuyendo como nadie a la salud económica de la región y el absentismo en sí es poco menos que despreciable desde el punto estadístico. Ese absentismo injustificado no debe preocupar a los empresarios, la legislación laboral facilita los instrumentos disciplinarios y represivos a las empresas para eliminar al absentista injustificado. 

Lo que realmente debería preocupar a todo el mundo es el alto índice de bajas médicas. Las patologías psicosociales han aumentado entre nosotros un 66,5%. En 2023, último año de referencia del informe, se registraron 370.197 bajas por motivos relacionados con la salud mental. Según el Observatorio de Derechos Sociales de Canarias, somos la comunidad autónoma con mayor consumo de antidepresivos y ansiolíticos del Estado. Asimismo, presentamos una de las tasas de suicidio más elevadas: 12 por cada cien mil habitantes, y un consumo aproximado de 165 dosis diarias de estos medicamentos.

Todo esto revela un ambiente laboral tremendamente dañino para la salud mental de las personas y nos obliga a preguntarnos qué tipo de condiciones se dan en las islas para que nuestra tierra encabece estos registros. ¿Qué tipo de trato reciben los trabajadores para llegar a niveles tan altos de estrés y depresión? ¿Cómo se ejerce la presión sobre quienes están en la base hasta llevarlos al límite? ¿Qué clase de modelo empresarial, explotador e inhumano, predomina en el tejido productivo canario?

Si a este entorno laboral le sumamos los contratos de media jornada, los de seis meses que se van encadenando hasta el despido final, el problema de la vivienda, el aumento del coste de la vida —que ha dado lugar al fenómeno de los trabajadores pobres, sin capacidad de ahorro ni margen para un gasto extra—, se entiende que la clase trabajadora canaria consuma ansiolíticos para poder aguantar. Y a todo esto añadamos el robo sistemático de las horas extras, prolongación fraudulenta de la jornada, por parte de las empresas. El último informe de los sindicatos anuncia que en las islas se realizan 129.000 horas extras a la semana de las que no se pagan a los trabajadores 52.000. El beneficio generado en esas horas se queda en el bolsillo de los empresarios. ¡Y todavía se quejan del absentismo!

En vez de patalear al Gobierno para privatizar completamente el control de las bajas mediante las mutuas patronales, deberían centrarse en mejorar las condiciones de vida de nuestra gente y así lograr esa productividad de tipo europeo que añoran. 

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