El motín carnavalero
No hay cuidado de que eso suceda. Las agrupaciones murgas, comparsas y demás- están acostumbradas a presionar a la organización municipal y a que las autoridades las mimen. Son una fuente torrencial de votos. Muchos de estos conjuntos ocupan, ahora mismo y sin pagar un euro de alquiler, edificios que fueron expropiados hace unas décadas para construir una amplia avenida. La vía no se realizó y habría sido una barbaridad que se hiciera, porque se habría cargado la única zona histórica que queda en la ciudad la zona de La Noria-, pero los antiguos propietarios de los locales murgueros y demás, siguen, pese a los pleitos interminables, sin recuperar sus casas. Hay otros intereses. Me pierdo. Les hablaba de las broncas inevitables de cada precarnaval. En esta edición, los grupos se han amotinado contra Rafael Amargo, el famoso coreógrafo y bailarín designado para dirigir la gala de elección de la Reina. Amargo, que aterriza por estos peñascos sin tener zorra idea de la idiosincrasia carnavalera del gentío, se ha empeñado en brindar un espectáculo brillante y coherente (de lo que cobra por ello ya hemos hablado en otra oportunidad). Y considera, con un criterio que muchos compartimos y hemos expresado más de una vez, que, si por el escenario tienen que desfilar, como viene siendo habitual, todas las murgas, todas las comparsas, todas las rondallas y todos los que se han erigido por voluntad propia en figurines imprescindibles del tenderete (charlotes, grouchos, fideles castros y etcéteras), no hay modo de hacer algo presentable y fluido, sino pueblerino y de una duración insoportable. No lo ha dicho así, pero lo traduzco. De modo y manera que ha anunciado una preselección de los intervinientes, evitando las danzarinas gordísimas (¡ay, madre, qué falta de tacto!), los comparseros que pierden pie y los murguistas desafinantes. Vaya por Dios y en la que se ha metido. Por supuesto, todos a una han hecho el boicot al director, le han declarado persona non grata en sus lugares de ensayo y amenazan con plantarse colectivamente y no subirse al escenario. Hasta hay quien ha desafiado: - Que se busque él su propia comparsa, a ver si es capaz. Por supuesto que lo sería, pero no le aconsejo que lo intente. Los enemigos que se ha buscado son muy suyos. Quieren quitarles ahí es nada- su minuto de gloria anual en la tele. Sin entender que, al llegar ese minuto, si las cosas siguen como siempre, sólo sus amigos y familiares continuarán aún atentos a la pantalla.
José H. Chela
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