Decenas de activistas y el 'efecto Maricarmen' salvan a otra vecina de un desahucio junto a la acampada de Sol
Hay muchas Maricarmen, algo que en los últimos días se ha repetido hasta la saciedad. Y el efecto dominó de su desahucio no solo ha movilizado a cientos de personas, reactivado una macroacampada en Sol e impulsado un decreto con su nombre en el último Consejo de Ministros: también ha blindado a más como ella antes incluso de que algunos lanzamientos queden frenados por ley. El caso de otra vecina comenzó a moverse a media mañana. Es una mujer de 66 años que, como Maricarmen, vive sola y de alquiler, esta vez en el distrito Centro de Madrid. Hoy era el día en el que iban a desahuciarla de su piso, a pocos metros de la protesta.
Primero corrió la voz entre las tiendas de campaña que, desde el sábado por la noche, plantan cara a la crisis por la vivienda en la misma plaza que vio nacer el 15M. Pero, mientras muchos ojos seguían pendientes del acuerdo político que se negociaba en ese momento, otros tantos acudieron al número 5 en la calle Navas de Tolosa. Una marea humana acabó echando calle abajo a la Policía y, sobre las 12.30, se hizo oficial: “¡Este desahucio lo hemos parado!”. Minutos antes de esa escena, Raquel corría por la calle Preciados para llegar a tiempo al lanzamiento. “No sé qué ha pasado, lo estaban diciendo en la acampada”, contesta acelerada.
Acaba de llegar de Barcelona y se ha ido directa a la Puerta del Sol: “Fui a celebrar el cumpleaños de mi hija, pero en cuanto terminamos cogí un tren de vuelta. Estuve en el 15M y ahora es aquí donde quiero estar”. Como ella, algunos comenzaron a abandonar sus tiendas ante el runrún de un desahucio que, en ese momento, estaba a punto de ejecutarse. Y en el camino, ya desde la esquina con calle Postigo, comienzan a oírse los cánticos. “¡Un desahucio, otra okupación!”. Raquel trató de abrirse paso entre decenas de personas que, en ese momento, ya estaban haciendo guardia frente al domicilio.
Varios agentes uniformados como antidisturbios formaron un cordón policial mientras asistía la comisión, un grupo de funcionarios enviado desde el Juzgado para ejecutar formalmente el desahucio. La tensión se volvió cada vez más palpable y se intensificaron las críticas a la actuación de la Policía hasta que bajaron del edificio dos hombres vestidos de traje, señalados por el gentío en pleno cruce de reproches. Y todo se precipitó: los manifestantes comenzaron a avanzar calle abajo mientras, sin margen para continuar, los policías no tuvieron más remedio que retroceder varios metros atrás.
“¡Vergüenza me daría ser policía!”, continuaba la multitud, hasta que la patrulla terminó disolviéndose ante el inminente anuncio de que el desahucio era aplazado hasta el próximo 14 de octubre. Se reanudará a las 9.30 de la mañana. Este periódico ha podido hablar con la vecina afectada, que padece EPOC (una enfermedad pulmonar) y otras enfermedades o condiciones sociales severas de las que de momento prefiere no hablar públicamente; al menos hasta que su abogado y los sindicatos le ayuden a trazar su estrategia.
La vivienda en la que vive de alquiler fue comprada en 2004 por el fondo Brick SA, tal y como ha podido constatar Somos Madrid. Según relata la vecina, que tampoco ha detallado cuánto paga de alquiler, desde entonces ha vivido otro intento de desahucio --el año pasado, siempre en base a su testimonio-- y durante un tiempo tuvo que ser trasladada a otro piso de la misma empresa, en un traslado temporal por una rotura de techo en el apartamento que ella alquila. También pasó tres meses en un albergue de Samur Social, y fue precisamente al solicitar un informe de vulnerabilidad que la proteja ante el desahucio cuando conoció a una de las asistentes a la manifestación de Sol.
“Me avisó de que iban a desahuciarla hoy y empezamos a correr la voz por la acampada. Aún no me lo creo, pero esta es la prueba de que la presión ciudadana sirve”, relata ella misma. Es Noelia, la misma joven que anunció una denuncia contra el agitador Bertrand Ndongo por llevar un spray pimienta durante una visita a la protesta. El primer intento de desahucio contra la vecina en Navas de Tolosa 5 fue el 28 de abril, el mismo día del apagón. A la espera de novedades sobre el contenido de los decretos anunciados por el Gobierno, desde el Sindicato de Inquilinas de Madrid y el Sindicato de Vivienda de Tetuán (ambos con representantes presentes durante el desahucio) llaman a acudir de nuevo en la mañana del 14 de octubre: “No nos olvidemos de las otras Maricarmen”.
3