Un proyecto común para Canarias
Siguiendo con mi opinión del artículo anterior, en este mismo medio, en el que hablaba de la unidad de las fuerzas progresistas de Canarias de cara a las próximas elecciones y si me apuran, de cara al “pa’ siempre”, creo que ahora toca dar un paso más y construir un proyecto político común. Un proyecto de mínimos para ir camino de lo máximo.
Sé que ponerse de acuerdo no es fácil porque cada organización tiene sus historias, sus formas de hacer política y sus propios vicios. Se trata, de sentarse, hablar, negociar y hasta de equivocarse y rectificar. Si de verdad queremos construir algo juntas, tendremos que ceder en algunas cosas sin renunciar a lo fundamental.
Creo que no hace falta inventar demasiado para el proyecto común. Basta con escuchar a la gente y reunirse en los barrios y los pueblos, para diseñarlo.
Tenemos una sanidad pública con listas de espera interminables con hospitales envejecidos, falto de personal y el existente sobrecargado.
Un territorio cada vez más deteriorado y unos barrios sin verde, donde muchas personas ya no pueden vivir porque los precios de la vivienda y la presión turística les están echando. Tenemos que mejorar la enseñanza pública, estudiar más y mejor nuestra historia y nuestra cultura. Aplicar en todos los sectores mejores salarios y garantizar una atención sociosanitaria digna. Y necesitamos un programa ambicioso de vivienda pública, alquileres sociales y suelos públicos que queden blindados para que mañana no terminen en manos privadas, y este último es un gran reto que subsanará hasta otros de los problemas.
Estoy hablando de resolver problemas que llevan demasiado tiempo esperando una respuesta y para eso debe servir la política, ¿no?…pues vamos a ello.
Y hay otra cosa que me preocupa en el modo, la metodología, podemos pensar que una buena campaña consiste en salir en los medios de comunicación, publicar en las redes sociales y esperar a que llegue el día de votar. Y lo que hay que empezar desde mañana mismo y mejor desde hoy, es a trabajar en los barrios y en los pueblos, escuchar a la gente y hacerla partícipe de las decisiones. Si pedimos participación, tiene que ser de verdad y la gente tiene que notar que su opinión sirve y transforma para mejor nuestra sociedad .
Lo mismo ocurre con la defensa de nuestro territorio. No podemos mirar para otro lado ante proyectos y obras que generan rechazo social y ponen en riesgo nuestro medio ambiente. ..Chira-Soria, La Tejita, las jaulas marinas, la colonización de terrenos rurales con erróneos proyectos de energías, la Casa de las Mujeres en Cuevas Negras, el no a los trenes o la protección del Archipiélago Chinijo entre otros tantos, son asuntos que tienen que estar. Hay que escuchar a quienes llevan años defendiendo estos espacios y estar dispuestos a paralizar aquellos proyectos que sean incompatibles con la protección de nuestro territorio. No vale hablar de sostenibilidad mientras seguimos poniendo en peligro lo poco que nos queda.
Y hablando de nuestra tierra, la canariedad no puede quedarse en una celebración cada 30 de mayo. Lo nuestro tiene que estar presente durante todo el año, en la educación, en la cultura, en nuestras instituciones y en la manera de entender y hacer política. Conocer nuestra historia, nuestras particularidades y nuestra realidad no nos hace menos abiertos al mundo y por el contrario, nos ayuda a saber quiénes somos y qué futuro queremos y para esto, todos los días tienen que ser el día de Canarias.
También tenemos que recuperar unos servicios públicos en los que la gente pueda confiar. No puede ser que una persona tenga que acudir a la sanidad privada porque no consigue una atención a tiempo, ni que una familia sienta que tiene que llevar a sus hijos a la enseñanza concertada o privada porque ha perdido la confianza en la pública. La sanidad y la educación tienen que ser universales y de calidad.
Y frente a todo esto, no podemos permitir que el discurso del odio siga ganando terreno.
Se intenta enfrentar a las personas por su lugar de nacimiento mientras unas y otras tenemos dificultades para pagar el alquiler, llegar a fin de mes o conseguir una cita médica. Nos quieren enfrentadas cuando compartimos muchos de los mismos problemas. Por eso hay que recuperar el entendimiento y la solidaridad entre las trabajadoras y los trabajadores. Hacer realidad la consigna “nativa o extranjera, la misma clase obrera.”
Tampoco podemos olvidarnos de la paz porque Canarias no debe convertirse en una plataforma para la militarización ni para alimentar conflictos que sufren otros pueblos. Nuestra posición tiene que ser clara y pasa por cooperación, solidaridad y solución pacífica de los conflictos. La paz no se defiende solamente con declaraciones, también se defiende con decisiones políticas y con hechos.
Todo esto no significa que todas las organizaciones tengan que pensar igual, ni que nadie deba renunciar a sus principios. Se trata de entender que hay cuestiones fundamentales en las que podemos y debemos ponernos de acuerdo. Después habrá diferencias, debates y discrepancias, como es normal. Pero si somos capaces de construir una base común, tendremos más fuerza para cambiar las cosas.
Porque el tiempo pasa y los problemas de nuestra gente no pueden esperar.
Tampoco se puede pedir a la ciudadanía que vuelva a confiar en nosotros si no somos capaces de demostrar que hemos aprendido de los errores anteriores.
Porque la unidad no puede quedarse en una candidatura o un acuerdo entre dirigentes. Tiene que construirse desde abajo, con la gente y en la calle. Y para eso no hace falta esperar a las elecciones. El trabajo empieza ahora, escuchando, organizándonos y demostrando que otra forma de hacer política es posible.
Ese es el camino que entiendo que debemos seguir si de verdad queremos construir una alternativa para Canarias. Una alternativa que vaya más allá de unas elecciones y tenga vocación de continuidad. Una verdadera Unidad Popular de Canarias.
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