Feijóo tiene un problema con las campañas
Hubo un tiempo lejano en que eran los oráculos quienes predecían el futuro. Hoy, son los algoritmos, la IA y las encuestas los que se aventuran a anticiparnos hechos cuando en realidad solo ofrecen conjeturas. Nada más. Si hablamos de demoscopia, conviene recordar que no es una ciencia exacta, sino una disciplina sociológica que se basa en la estadística y la inferencia y que solo mide las tendencias en un momento concreto. Nunca podrá predecir el futuro de forma infalible. Sin embargo, hay quien considera sus trabajos como verdades absolutas, quien los usa para influir en la opinión pública, quien los lee desde la frialdad que proporcionan los datos para extraer conclusiones propias y quien acepta la predicción como algo inexorable e incluso celebra antes de tiempo.
El PP pertenece a esta segunda categoría y actúa, a poco más de 40 días de las elecciones, como si la llegada de Feijóo a La Moncloa ya hubiera ocurrido, de tal modo que sus dirigentes ajustan su conducta a la expectativa y muestran una seguridad en sí mismos como la que exhibieron en 2023 antes de que su líder se estrellara con los resultados de las urnas.
Pasa en la vida y pasa en la política, que cuando uno cruza la línea de la hiperconfianza, el ego o la rigidez mental, llegan los errores, los batacazos y las decepciones. Entre la estimación de voto del CIS, que otorga hasta 11 puntos de ventaja al PSOE sobre el PP, y las encuestas de los profetas de las mayorías absolutísimas del bloque la derecha, hay una zona intermedia que ofrecen siempre las tripas de los sondeos que conviene leer despacio para no llevarse luego a engaño.
Son datos de los que nadie habla, que rara vez se elevan a titular en los diarios, pero que proporcionan algunas pistas. Por ejemplo: más allá de la estimación de voto, los datos del barómetro de octubre del CIS indican que el único electorado que se está desmovilizando con tanto ultra suelto por las calles es el de Vox (5% menos en “voto seguro” que en marzo) y que el que más se está movilizando es el del PSOE (+7,2%).
Otro dato: la crisis de Ceuta empieza a perder interés, especialmente entre los votantes de Vox, ya que en julio pasado había un 37% que sostenía que la inmigración era un problema que les afectaba personalmente y, ahora, esa inquietud ha caído 15 puntos. Por contra, crece transversalmente la preocupación por el problema de la vivienda (entre 4 y 7 puntos, salvo para quienes se declaran votantes de Vox). Y Feijóo cae a mínimos, casi al nivel de Abascal, cuando se pregunta a los encuestados sobre la confianza que cada líder le inspira como presidente de gobierno. Si en Génova no son capaces de tabular todo ello convenientemente, tropezarán por segunda vez con la misma piedra de la autoconfianza.
Esto, sin contar con la habilidad de su líder de pegarse tiros en el pie cada vez que habla y, especialmente, en periodo electoral. Empezar una precampaña anunciando que pedirá sacrificios a los españoles, seguir con la solemne afirmación de que el sistema de pensiones está en quiebra y poner en alerta con sus palabras a más de 10 millones de jubilados no parece la mejor manera de seducir a los votantes. Mucho menos si sus palabras se convierten en una dosis de recuerdo de lo que el PP ha hecho, dicho o votado cada vez que la conversación pública debatía sobre pensiones.
Aquí los datos: el PP votó en contra de la reforma de las pensiones de 2021 que fijó por ley la revalorización con el IPC y fue consensuada en el Pacto de Toledo y con los agentes sociales. Rechazó también la segunda parte de la reforma en 2023. Dijo “no” las subidas de las pensiones que incluyeron los Presupuestos de 2022 y 2023 y también a la revalorización en 2024, y en 2025 y 2026 que incluyeron varios decretos “ómnibus”. Muy en consonancia con todo lo que hicieron, por cierto, los últimos gobiernos de la derecha, que en 2012 y 2017 subieron las pensiones por debajo del IPC mientras que solo en 2014, 2015 y 2016 subieron por encima de la inflación. En 2014, 2015, 2016 y 2017 crecieron un 0,25%, lo mismo que en 2018, aunque en aquella ocasión hubo una subida adicional en los Presupuestos del 1,6% para el conjunto de pensiones y del 3% para las mínimas y las no contributivas.
Definitivamente, Feijóo tiene un problema con las campañas electorales. Y no solo.
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