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Tensiones pactistas

José Carlos Gil Marín / José Carlos Gil Marín

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Asier Antona, líder palmero nacionalista, desde La Palma critica a la comisión negociadora autonómica de Coalición Canaria (CC). En El Hierro, el PP hace guiños al PSOE. Y el PSOE al PP. San Ginés en Lanzarote pacta con el PP en lugar de con el PSOE. El PSOE canario recibe en Santa Cruz de Tenerife al Secretario Zarrías, quien minusvalorara la cuantía del Plan Canarias aprobado por Zapatero en Las Palmas, a un enviado de Ferraz, cuando no hace mucho criticaba semejantes actitudes, semejantes dedismos, en otros partidos canarios de obediencia estatal. Se tarda parece muy poco en pasar del dedismo de Aznar a los “miles de dedazos” de Ferraz.¿Dónde está el nuevo tiempo que acabaría con el viejo tiempo? ¿Dónde está la cascada? Puede que el barco llegue al puerto que los negociadores autonómicos quieran, o puede que a partir del próximo día 11 y antes del 21 de junio todo salte políticamente por los aires, pero el espectáculo que se está dando es, precisamente, eso, un espectáculo.

El CCN rompe con Coalición Canaria en el municipio tinerfeño de Arico, cuestiona las negociaciones con el PSOE en Santa Cruz de Tenerife y “fuerza” a los nacionalistas de CC a pactar en el Cabildo de Gran Canaria con el PP, rompiendo la cascada... En Fuerteventura, ¡fuerte ventura!, todos parecen quererse con todos... En Tenerife, el PSOE pacta municipalmente con el PP en vez de con Coalición Canaria. Y el PSOE de La Laguna disputa 28 votos, votos que, tanto desde la lectura del acta de escrutinio de una mesa del Centenero, como desde la interpretación de la sentencia 24/90 del Tribunal Constitucional, sentencia que postula la preponderación estadística estimativa proporcional, pertenecerían a “Socialistas por Tenerife”, como así afirmó incluso el PSOE en la noche del recuento oficial al acreditar fehacientemente los datos transmitidos. ¿Se puede pedir más? Demos tiempo al tiempo? Un nuevo verano caliente se avecina?

La política archipelágica se desnaturaliza, pues, cuando desvirtúa su noble afán de servicio público; cuando es un mero instrumento para conquistar o conservar el poder; cuando pretende ser una forma de dominio de la sociedad; cuando quiere secuestrar a ésta para imponerle subrepticiamente una determinada ideología (con frecuencia minoritaria); cuando se condiciona a los intereses de grupo o partido; o cuando cae en la corrupción?

Esta desnaturalización no necesita acudir para su verificación reforzada al análisis de la naturaleza singularmente entrópica de un sistema electoral parlamentario canario que en 2011 da un diputado en El Hierro a tan sólo 1.533 votos mientras deja sin diputado en Tenerife a nada menos que 18.205 votos. Un sistema que, para más inri, deja a casi el 15% de los votos emitidos sin representación parlamentaria.

El pactismo tuvo lugar “ab initio”, según diversas teorías, durante el reinado de Pedro IV en el todopoderoso Reino medieval de Aragón. Esta forma política consistía en un pacto que se establecía entre el monarca y sus súbditos, que llevaba a una solidez de las instituciones.

Significaba un pacto de respeto entre los territorios que integraban el Reino desde un régimen que permitía cierta autonomía, aunque con clara preponderancia centralista. En ese pactismo los ciudadanos no pintaban. Eran en verdad súbditos? ¿Nos suena eso de algo?

¿Estaremos ante el fin del principio de lo que comenzó en 1993 con una moción de censura a Jerónimo Saavedra? ¿O estaremos ante fuegos artificiales que se queden finalmente en nada? En esta nueva partida de ajedrez que se está celebrando en el tablero canario, y donde están en juego importantes y variados intereses, todos los indicios apuntan a que Coalición Canaria -que juega con blancas-, ante el enroque del Partido Socialista -con negras- y bajo la atenta mirada del Partido Popular, a verlas venir y dispuesto a seguir la partida, la configuración del mapa político de Canarias resultante de estos comicios nos presentará después del 21 de junio un escenario realmente complicado. Es más, con 2012 a la vuelta de la esquina, los resultados de las próximas elecciones generales podrían conllevar en Canarias más de una ruptura sobrevenida, incluida la autonómica que ahora se pretende, y más de una moción de censura cabildicia, por ejemplo, en Tenerife, cuando algunos actores de esta tragicomedia sepan su futuro.

En política, las prisas y la desesperación nunca han sido buenas consejeras. Pero ya se sabe: que será, será?

José Carlos Gil Marín

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