La acampada de Sol, en vilo ante el detalle del decreto y la amenaza de Ayuso: “Si nos echan, volveremos”
Rabia pero también esperanza y ganas de quedarse. Es lo que se respiraba este martes en la acampada de la Puerta del Sol al mismo tiempo que el Consejo de Ministros debatía el decreto de vivienda. El mensaje estaba claro y se venía escuchando desde primera hora: sin el ‘decreto Maricarmen’, las tiendas seguirán ocupando la céntrica plaza. Es lo mínimo, reclaman los manifestantes, mientras desde el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso exigían ya el desalojo “en 48 horas”. ¿Y si se produce ese desalojo finalmente? “Volveremos”, dicen.
La situación de los acampados varía. Los hay que compaginan las protestas con las clases universitarias, los que trabajan, los que no pueden quedarse a dormir todos los días pero apoyan o ayudan llevando enseres o comida —que no falta—. Muchos muestran su enfado con el Gobierno central o de la Comunidad de Madrid, incluso con algunos de los sindicatos que organizan estos días la concentración. Pero lo que es común a la gran mayoría es la dificultad para acceder a una vivienda digna. “Independizarse, irse de casa, es imposible”, dice Lucas en declaraciones a elDiario.es.
Lucas lleva en la acampada ya dos días y es estudiante, pero tiene claro que si es necesario, continuará en su tienda en Sol. A su lado, Iker subraya sus palabras en contra del decreto aprobado este martes, que recoge medidas como la prohibición de los desahucios hasta 2030, y muestra su disconformidad con lo acordado: “Es un minipasito cuando hay que dar una maratón entera”, dice. “Se ve que las ciudades son únicamente para ricos y turistas y me parece una vergüenza. Lo que han propuesto no considero que vaya a solucionar absolutamente nada”.
Desde el Sindicato de Inquilinas todavía no aclaran si pretenden alargar la acampada más allá de este martes y, una vez aprobado el decreto, las portavoces han adelantado su intención de ampliar sus protestas, aunque no necesariamente continuar con la ocupación de Sol. Por parte de los asistentes, hay quienes asumen que se hará lo que los sindicatos decidan, pero también quienes insisten en seguir presionando: “La mayoría de la gente con la que he hablado dice que vamos a seguir aquí hasta que se apruebe algo que nos parezca suficiente, aunque el sindicato diga otra cosa”, dice Lucas.
“Queremos que nos aseguren una vida digna sin hipotecar nuestras vidas”
Rodrigo y Lucía son otros de los jóvenes que acampan en Sol. Acaban de pasar su primera noche en la plaza y creen que era “importante” venir aquí debido a “la situación de la vivienda, sobre todo para los jóvenes”. “Lo mismo que ya hemos hecho en otras protestas por la educación o la sanidad”, precisa él.
El decreto es un minipasito cuando hay que dar una maratón entera
En cuanto a la expectativa de continuidad de la acampada, Rodrigo no confía en los dos decretos del Consejo de Ministros: “Es una excusa para que nos vayamos, pero lo que queremos son cosas que nos aseguren una vida digna sin hipotecar nuestras vidas”. En cuanto a la amenaza del Ejecutivo de Ayuso, Lucía tiene clara su postura: “No podemos irnos en 48 horas ni vamos a hacerlo”.
“No somos partidarios de la violencia y el ambiente es pacífico”, recalca Rodrigo sobre posibles conflictos si la policía acaba actuando. “Pero si nos impiden luchar por nuestros derechos, los seguiremos defendiendo”, apostilla. En su caso, tienen más dudas sobre el futuro de la concentración si el Sindicato de Inquilinas decide desconvocar: “Esto es un colectivo, no es decisión individual. Si todo el mundo se marcha nos tendremos que ir, pero confiamos en continuar”, dice Rodrigo.
No somos partidarios de la violencia y el ambiente es pacífico, pero si nos impiden luchar por nuestros derechos los seguiremos defendiendo
Mientras, el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid (impulsor original de la acampada tras el dramático desahucio de Maricarmen), sigue sin aclarar su posición sobre el porvenir del asentamiento a la espera de analizar al detalle las medidas aprobadas por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. “Tenemos todos los ojos en el texto, en la letra pequeña, para que sea el decreto Maricarmen”, ha apuntado Alicia del Río, portavoz de la organización. “No aceptamos la táctica de romperlo en cachitos y dividirlo. Queremos un decreto que de verdad mejore nuestras vidas, que no sea engañarnos una vez más”, expone Valeria Racu, también activista del Sindicato. Desde su punto de vista, trocearlo abona “campañas partidistas que no interesan al pueblo”.
La expectación ha sido máxima desde primera hora de la mañana. Un grupo de seis jóvenes, cuatro de los cuales llevan desde la noche del lunes y otras dos que ya han pasado más de 24 horas “al raso”, no perdían su ímpetu pese a haber dormido menos de tres horas. “Lo más duro fue que la policía ha puesto toda la noche la sirena para despertarnos”, lamenta uno de ellos. Todos coincidían en que la acampada “va a seguir”, con independencia del contenido de un decreto (finalmente dos) que no cumple todas las exigencias de los manifestantes. “Es muy difícil desconvocar. Hay intereses diversos, pero la predisposición de la gente a continuar es total”, afirma el más beligerante miembro de este corrillo cuyos integrantes prefieren opinar desde el anomato.
“No hay que restarle peso a lo conseguido, pero qué menos que seguir creciendo y dar voz a otras causas”, opinaba un compañero. Todos se ven con ganas de seguir: “Hacía falta”. Sobre el decreto, uno de ellos cree que “es un paso, pero no es todo lo que necesitamos”. Y recuerdan que la plaza ya reune otras luchas, como la educación pública, la sanidad, las muertes en residencias durante la pandemia, la causa del pueblo saharaui o la defensa de Gaza frente al genocidio. “Todos buscamos instituciones públicas de calidad o una memoria histórica y democrática. Simplemente se canaliza de diversas maneras”, piensa. La conclusión del manifestante más contestario del grupo resume un sentir generalizado en Sol: “Todo lo que se apruebe va a ser una victoria y toda victoria va a ser insuficiente”.
14