Tradwifes y las oscuras golondrinas
Un fantasma recorre el mundo. Es el fantasma de la ultraderecha. Las ideologías de extrema derecha más conocidas del siglo XX son el fascismo italiano, el falangismo español y el nazismo alemán. Se caracterizan por ser movimientos políticos que proponen una forma de gobierno de carácter totalitario, antidemocrático, machista y ultranacionalista. Sus orígenes se remontan a movimientos culturales y sociales de principios de siglo. El fascismo se instaura por primera vez en 1922, cuando Benito Mussolini toma el poder en Italia. Se propaga por España desde 1936. Los fascistas italianos apoyaron a Francisco Franco y contribuyeron a la victoria de los golpistas del 18 de julio enviando unos ochenta mil hombres, los camisas negras del CTV, a engrosar las filas del ejército falangista, además de municiones, armas, tanques, barcos y aviones de guerra. Su apogeo llega con la expansión por Europa de la Alemania nazi de Adolph Hitler.
Hay que recordar que Hitler llegó al poder en Alemania el 30 de enero de 1933, cuando el presidente Paul von Hindenburg lo nombró canciller. Esto no se debió a una victoria electoral con mayoría absoluta, sino a una maniobra política con conservadores (derechita cobarde) que esperaban usar su popularidad para restaurar un gobierno autoritario. Tras ser nombrado, Hitler utilizó el incendio del Reichstag para suspender los derechos civiles, consolidando gradualmente su poder hasta establecer una dictadura en un plazo de dos años. En 1941 invadió media Europa y llevó al mundo a una guerra atroz, que causó más de 80 millones de muertos y de la que aún hoy seguimos sufriendo las consecuencias: la creación del estado de Israel y el genocidio de Gaza. Son las secuelas que dejó la ultraderecha tras su ascenso al poder en la primera mitad del siglo pasado.
Tras la revolución rusa de 1917, el mundo se dividió en dos bloques, el socialista y el capitalista. Sólo se unieron durante La Segunda Guerra Mundial, para combatir los estragos del nazismo, que enfrentó a la ultraderecha contra el resto de la humanidad. Ganaron los aliados. Hitler se suicidó y Mussolini fue fusilado y colgado boca abajo en 1945. Era el fin de la ultraderecha en Europa, donde perdió prácticamente toda su influencia y su poder. Sólo se enquistó un pequeño reducto en España, porque si no mantenían al falangista Franco lo más probable es que los españoles se pasaran al bloque soviético. Tras la victoria de los aliados, la ultraderecha desapareció del mapa de Europa durante toda la segunda mitad del siglo XX. Como las negras golondrinas, migraron a Sudamérica, donde se posaron tomando el poder con golpes de estado militares, en la mayoría de los casos patrocinados por los Estados Unidos, en países como Honduras, El Salvador, Nicaragua, Cuba, Guatemala, Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay o Bolivia.
Llegó el siglo XXI y las negras golondrinas han vuelto a emigrar. Desde hace unos años las volvemos a ver pavoneándose por las calles, luciendo sus estandartes y vociferando sus retrógradas ideas de siempre. Es innegable el vertiginoso ascenso de las ultraderechas que ya gobiernan en países como EEUU, Israel, Italia, Finlandia, Hungría, Croacia y Eslovaquia, Ecuador, Bolivia, Chile o Argentina. Además está creciendo su influencia en Francia, Alemania, Austria, Portugal, España, Honduras, Paraguay, Perú, Colombia o Brasil, por citar algunos países.
Aunque se aprecian diferencias en sus políticas económicas o sociales, en lo referente al papel de la mujer en la sociedad están totalmente de acuerdo. Paradójicamente, tratan a sus mujeres de una forma muy parecida a la de sus enemigos los islamistas radicales, aunque no les pongan el burka.
Mussolini promovió la imagen de la mujer como “ángel del hogar” y madre prolífica. En 1927 lanza la campaña política conocida como la “Batalla de los Nacimientos” con el objetivo de fomentar el crecimiento demográfico para fortalecer el poder militar y nacional de Italia. Sólo podían ocupar uno de cada diez puestos de trabajo porque se limitó por ley el porcentaje de mujeres contratadas en empresas públicas y privadas, reduciéndolo al 10 por ciento. Se crearon grupos como las Massaie Rurali (Amas de casa rurales) para adoctrinar a las mujeres en los valores fascistas y en labores domésticas. Sacaron a las mujeres de las actividades de la vida pública, para recluirlas en su hogar, dedicadas exclusivamente a procrear y al cuidado de su marido y de sus hijos.
Los nazis aplicaron la política de “las tres K”: Kinder, Küche, Kirche (Niños, Cocina, Iglesia). El plan consistía en dejar vacantes los puestos de trabajo que tenían las mujeres para que los ocuparan los hombres desempleados y además que tuvieran muchos hijos, futuros soldados de la patria. Se produjeron despidos masivos de mujeres en todos los ámbitos, hasta apartarlas de la vida pública y profesional, y relegarlas a la cocina y al cuidado de los hijos. Se les prohibió trabajar en la construcción o ejercer como juez, fiscal, abogado o miembro de un jurado. Transformaron las escuelas femeninas de enseñanza secundaria en centros de adoctrinamiento orientado a las labores domésticas y se restringió el porcentaje de mujeres en la universidad a un máximo de un 10%.
En España teníamos la Sección Femenina, dirigida por Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la Falange. Su ideal es crear una “mujer abnegada, sana y útil para la patria”. En sus campamentos de verano, una especie de servicio “marital” femenino obligatorio, enseñaban sobre labores del hogar e inculcaban a las jóvenes su doctrina de sumisión al hombre con consignas como “la mujer es el descanso del guerrero”. Durante la dictadura franquista se restringió su acceso a la universidad y les prohibieron muchísimas actividades. No podían trabajar ni estudiar la carrera en profesiones como juez, fiscal, notario, registrador de la propiedad, trabajador de la Marina Mercante, miembro del cuerpo diplomático, el ejército, la policía o cualquier otro cuerpo de las fuerzas de seguridad del Estado. Además se instauró el “permiso marital”. Necesitaban un permiso explícito de su padre o de su esposo para administrar sus propios bienes, para abrir una cuenta bancaria o para acceder a un puesto de trabajo. Se prohibió el matrimonio civil, el divorcio y los anticonceptivos. Se penalizó la homosexualidad, el adulterio y el aborto.
La primera vez que me detuvo la policía secreta de Franco, compartí la celda con varios detenidos. Uno siempre estaba agachado en una esquina, lloriqueando, quejándose y retorciéndose de dolor por las tremendas palizas que le daban cada día. Su delito era ser homosexual.
Los neofascistas, neofalangistas, neofranquistas y neonazis de la ultraderecha de hoy en día se presentan como una alternativa renovadora y diferente, pero sus propuestas no son más que una réplica de las que hacían sus ídolos del siglo pasado. Penalizar el aborto y la eutanasia, expulsar a los inmigrantes, derogar la Ley de Violencia de Género, acabar con las cuotas de género en organismos públicos y privados o cerrar el Ministerio de Igualdad y el Instituto de la Mujer para crear un Ministerio de Familia que premie la maternidad, son algunas de las propuestas de sus programas electorales. Como son ultranacionalistas, para garantizar la sacrosanta Unidad de España, que consideran en peligro, proponen ilegalizar a los partidos independentistas y acabar con las autonomías y todas sus instituciones, centralizando todas las competencias del estado en un solo gobierno. También quieren recuperar el Peñón de Gibraltar, revitalizar la tauromaquia o construir un muro infranqueable en torno a Ceuta y Melilla.
Desde hace unos años están intentando viralizar una tendencia en las redes sociales, que aparenta ser una novedad, cuando es solo una vulgar secuela del rancio machismo de la extrema derecha de toda la vida. Afortunadamente, a pesar de contar con el apoyo de sus miles y miles de bots, parece que su mensaje no llega a calar del todo. Son mujeres que se hacen llamar “tradwifes” (esposas tradicionales). Una tradwife es una mujer que adopta roles de género ultraconservadores, enfocándose en el cuidado del hogar, los hijos y el marido, que es el que trabaja y paga las facturas. También cuidan su aspecto personal y siguen los cánones de belleza del momento. Carecen de estudios y son totalmente sumisas y dependientes de los hombres que las mantienen. Y parece que están hechas las unas para los otros, porque a ellos les gustan así. Sumisas, dependientes, guapitas, tontitas, calladitas, limpitas y trabajadoras. Que en público se comporten como damas y en privado se comporten como putas en la cama. Ellas se creen chachis, graciosas, modernas y libres por elegir ese estilo de vida que perciben como distinto, provocador, novedoso y novelero; sin darse cuenta de que no son más que la reencarnación de la mujer objeto ideal de la época de Hitler, Franco o Mussolini.
La ultraderecha gobernó parte de Europa durante la primera mitad del siglo XX. La humanidad tuvo que unirse, comunistas y capitalistas, para luchar contra ellos en una guerra mundial que dejó más de ochenta millones de muertos y a Europa arruinada y convertida en un montón de escombros.
Han vuelto las oscuras golondrinas. Qué será de nosotros cuando vuelvan a partir.