La portada de mañana
Acceder
La amenaza de una repetición electoral en Extremadura desconcierta al PP
Cerrar escuelas por el mal tiempo: clases perdidas y falta de conciliación
Opinión - El mensaje oculto de Bad Bunny, por Raquel Ejerique

Las urgencias del HUC, un año después de la revuelta: “Hay más camillas, pero seguimos con la vergüenza de los pasillos”

Hace poco más de un año, el personal de urgencias del Hospital Universitario de Canarias (HUC) exteriorizó su hartazgo. De noviembre de 2024 a febrero de 2025 se sucedieron las concentraciones de trabajadores para exigir dignidad asistencial en un servicio abonado al colapso. En redes sociales un grupo de profesionales hastiados creó un perfil llamado SOS Urgencias HUC que explicaba a la ciudadanía qué estaba ocurriendo de puertas para adentro: los interminables tiempos de espera, el hacinamiento de pacientes en camillas ubicadas en pasillos y zonas de paso, las ambulancias paradas en la entrada porque no había dónde ubicar a las personas que ingresaban. Hubo una fuga de profesionales. En apenas medio año renunciaron trece médicos de urgencias, la mayoría veteranos. 

La gerencia del hospital respondió con un plan de reformas, una inversión de dos millones de euros y cambios en los flujos de trabajo. Y aunque ese plan aún no ha terminado de ejecutarse, la consejera de Sanidad, Esther Monzón (Coalición Canaria), manifestó esta semana en el Parlamento que las urgencias del HUC ya habían mejorado “objetivamente”

No es, sin embargo, el sentir generalizado en el servicio. Tras unos meses de relativa tranquilidad, el repunte asistencial por los picos de virus respiratorios ha vuelto a mostrar las costuras del sistema. “Es cierto que tenemos más camillas, que no camas, pero seguimos estando bloqueados. Hemos tenido que abrir de nuevo pasillos que no son aptos para pacientes ni trabajadores. Es una auténtica vergüenza tener que atender a pacientes en zonas de paso en medio de la nada, con mucha corriente y sin dotarnos, muchas veces, de mantas y material para suplir esas carencias”, resume una enfermera de urgencias. 

“Se ha redistribuido el trabajo, se han creado nuevos circuitos y el personal se ha adaptado a todo con la ilusión de dar un servicio de calidad, pero la triste realidad es que salimos destrozados, no sólo físicamente, sino sobre todo anímicamente. Salimos frustrados porque, a pesar del esfuerzo, no podemos dar la calidad asistencial que queremos”, añade.

Las obras

En estos meses, la gerencia del hospital ha creado una unidad de corta estancia para “promover altas más rápidas desde el servicio de urgencias a hospitalización” y una unidad para el paciente crónico de alta complejidad, con el objetivo de evitar que estas personas tengan que acudir a las urgencias, además de “potenciar” la hospitalización a domicilio tanto en el Hospital del Norte, con 16 camas, como en el propio HUC, que ha pasado de 24 a 32. 

La dirección del hospital señala que el plan de urgencias incluye un “cambio de modelo de gestión”, con una revisión de los circuitos asistenciales y la puesta en marcha de un aplicativo informático para evitar que las ambulancias se queden bloqueadas a las puertas de las urgencias. Sanidad ya ha ejecutado algunas de las doce actuaciones previstas. Entre ellas, la reforma de la sala de espera de los pacientes que llegan al servicio por sus propios medios o la creación de otra sala de camillas y un área específica para urgencias traumatológicas. Aún están en fase de licitación las nuevas áreas de pediatría y reanimación. “Estas acciones han supuesto una mejora en la atención al paciente y en la manera de trabajar los profesionales, contando con espacios más eficaces para atender al usuario”, sostienen fuentes oficiales del hospital de referencia para la población del norte de Tenerife, que agregan que este plan ha estado acompañado de un refuerzo de personal. 

Los resultados

Los representantes sindicales y profesionales sanitarios consultados por este periódico coinciden: a pesar de estas actuaciones, el escenario de estas últimas semanas en las urgencias del HUC es “similar” al previo a las obras. La saturación “extrema” persiste.

Alejandro Gordillo, portavoz del sindicato de enfermería Satse, señala que, ante el aumento de la presión asistencial, se ha vuelto a habilitar la denominada zona cero, un pasillo de evacuación que la Inspección de Trabajo obligó a cerrar en mayo del año pasado por los riesgos que entrañaba para la seguridad de usuarios y profesionales. “No sé si están esperando a que pase algo para cerrar definitivamente esa zona cero”, lamenta. 

Hay consenso entre los profesionales. El problema no reside en la puerta de entrada, sino en la imposibilidad de dar salida a los pacientes. “El servicio de urgencias no está colapsado, lo que está colapsado es el sistema hospitalario que carece de capacidad para ingresar a los pacientes”, sentencia José Manuel Pavón, portavoz en Canarias de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes). 

Este tapón provoca que la estancia media se dispare y que los espacios recién reformados se desvirtúen. El representante de Satse explica que, aunque la nueva unidad de corta estancia estaba concebida para que los usuarios permanecieran en ella menos de 24 horas, “la realidad es que se ha convertido en una nueva área de observación donde los pacientes pasan días” a la espera de poder ser ingresados en una planta del hospital. 

La llamada “zona de camillas 2” es un área de paso dentro de las urgencias, un pasillo con los pacientes separados por cortinas. “Los pacientes no tienen ninguna intimidad y los trabajadores están en un puesto que no tiene evaluación de riesgos, que no cumple con los requisitos mínimos, que no tienen acceso a la medicación necesaria, por lo que tienen que desplazarse varios metros, con la consiguiente pérdida de tiempo”, cuenta Gordillo. 

La enfermera mencionada al principio de este artículo, que prefiere mantener el anonimato, explica que los boxes de reanimación (REAS), donde se atiende a los pacientes críticos que llegan a urgencias, permanecen bloqueados “hasta cerca de 24 horas” por falta de camas en la Unidad de Cuidados Intensivos o en planta, lo que obliga a los profesionales a tener que asumir en observación a pacientes de alta complejidad “sin los recursos adecuados”. 

Por otro lado, “sigue sin buscarse solución” a los numerosos pacientes sociales, personas que tienen el alta médica pero que viven meses e incluso años en camas de urgencias y de hospitalización porque no tienen adónde ir, al carecer de plaza en centro sociosanitario o no disponer de una red familiar o comunitaria para recibir los cuidados que requieren. 

Caty Darias, coordinadora de la Federación de Salud de Intersindical Canaria (IC), relata que, “para evitar un desbordamiento” en el servicio de urgencias, se está “presionando a la hospitalización a domicilio y a las clínicas concertadas” para que “contengan pacientes con criterios de ingreso hospitalario”, para que no sean derivados al HUC. “Estas medidas amortiguan la presión, pero no la solucionan”, señala. Darias subraya que los tiempos de espera para la primera atención médica se han reducido y que se cumplen los estándares. Por ejemplo, un “triaje cuatro” (prioridad baja) puede ser visto en cuatro horas. “Es cierto que no están en las mejores condiciones y es cierto también que a veces las esperas se duplican” entre el triaje, la consulta médica, las pruebas diagnósticas… 

A juicio de la representante de IC, la reducción de tiempos es “insuficiente”. “Hasta que no dispongamos de una infraestructura en condiciones y del adecuado número de camas, los problemas de las urgencias no se van a solucionar”, concluye Darias, que recuerda que cuando los profesionales se movilizaron para dignificar el servicio había pacientes que pasaban “12, 16 y hasta 24 horas sin ser vistos por un facultativo desde el triaje”. 

Levy Cabrera, portavoz del Sindicato Médico de Canarias, coincide en el diagnóstico. La capacidad de las salas de observación y camas de corta estancia sigue siendo muy limitada. “Se están haciendo unas obras y reorganizando un espacio que es pequeño. No hay espacio. Están (los pacientes) de nuevo en los pasillos que se habían conseguido despejar un poco para que no se diera la imagen que se estaba dando hasta ahora”. 

Personal 

La sobrecarga laboral empujó a veteranos facultativos a abandonar este servicio del HUC. La Sociedad Española de Medicina de Emergencias y Urgencias (SEMES) difundió en abril del año pasado un comunicado en el que alertaba de que en apenas un año se habían marchado más de 25 médicos y que en algunas guardias sólo había un adjunto. “Muchos de ellos llevaban diez, quince e incluso algunos hasta veinte años en el servicio. De la plantilla original deben quedar menos de diez”, señala Pavón, portavoz en Canarias de Semes. 

“Se han contratado nuevos médicos. En su mayoría siguen siendo extracomunitarios, de países del Este y de Sudamérica. Uno de los problemas es que esto exige un proceso de aprendizaje y adaptación”, comenta Levy Cabrera, que añade que estas contrataciones han evitado que se tenga que volver a recurrir a especialistas de otros servicios para cubrir los turnos de urgencias, una decisión que el año pasado también generó gran controversia. 

“Hacer un buen médico de urgencias cuesta diez años. La pérdida de profesionales veteranos en el HUC obviamente tiene un impacto en la eficiencia del servicio”, precisa Pavón, que fue jefe de las urgencias del Negrín, hospital donde sigue trabajando y que hace unas semanas también sufrió un colapso “muy llamativo”, en palabras del profesional, que asegura que el escenario en el centro del norte de Gran Canaria ya se ha normalizado. 

Pavón incide en que el HUC es, de los cuatro hospitales de referencia de Canarias, el que menos urgencias atiende. Según la última memoria publicada, en 2024 atendió 77.455 urgencias, un 5% menos que el año anterior. En La Candelaria esa cifra ascendió a 114.338; en el Negrín, a 95.959, y en el Insular de Gran Canaria a 87.780. 

Esa memoria refleja que el HUC es el hospital que menos urgencias atiende de promedio (212 al día frente a los 239 del Insular, los 262 del Negrín y los 317 de La Candelaria), pero, a la vez, es también el que tiene el mayor porcentaje de ingresos en planta (un 16,5%). 

“Existe un déficit de camas hospitalarias en Canarias. El aumento de la esperanza de vida y una población envejecida con múltiples patologías complejas incrementa la necesidad de hospitalizaciones ante procesos agudos”, explica Pavón. 

El portavoz en Canarias de Semes señala que el HUC arrastra “problemas históricos” y que la estancia de los pacientes en las urgencias “es bastante más larga que en los otros tres hospitales”. “Hay que estar utilizando personal que debería estar destinado a atender al paciente que entra por la puerta de urgencias a reevaluar. Además, hay estudios que indican que los pacientes, a medida que se alarga la estancia en urgencias, presentan problemas añadidos. La mejor o peor evolución depende de lo rápido que salgan del servicio e ingresen en el circuito de hospitalización”, añade el facultativo. 

Planes de contingencia

Pavón insiste: las urgencias no están colapsadas, está colapsado el sistema. Los planes de contingencia que los centros hospitalarios activan con la llegada de los virus estacionales son insuficientes. “A lo mejor en esta época, aparte de esos planes, los hospitales tendríamos que actuar sobre las listas quirúrgicas, sobre cierto tipo de pacientes que no precisan una operación en estos meses, para que esas camas puedan estar disponibles para esa tasa de ingresos (de urgencias a planta) que sabemos que se van a incrementar”, sostiene el representante en las islas de la sociedad de urgenciólogos, que entiende, no obstante, que se trata de un asunto controvertido, porque “luego los partidos políticos se echan en cara el incremento de las listas de espera”. “Hace falta un pacto”, dice, para crear más camas sanitarias y sociosanitarias. “A los planes de contingencia hay que añadir algo más porque vemos que cada año no vuelve a pasar lo mismo, a pesar de las buenas intenciones de todos los que están alrededor de este problema”. 

En esta idea redunda Alejandro Gordillo, de Satse. “Cuando hay un aumento de la presión (asistencial) hay que hacer contrataciones, un plan de contingencia, y esto tiene que estar organizado con antelación, porque sabemos que llega el invierno y que esto va a pasar porque es algo cíclico”, explica el representante sindical, que lamenta que, en el caso de la enfermería, la dirección del HUC “utiliza al personal de incidencias, por lo que para cubrir las urgencias dejan descubiertas otras zonas del hospital”. 

Permuta con la ULL

Desde la gerencia del HUC señalan que en la actualidad se está trabajando en una “permuta de terrenos” con la Universidad de La Laguna (ULL) para aumentar la capacidad del hospital. Caty Darias (IC) recuerda que en 2021 había un proyecto para ampliar el centro en la parcela que está enfrente del aparcamiento con un presupuesto de 250.000 euros. Incluso se llegó a planificar su conexión subterránea con el nuevo edificio de consultas. Sin embargo, según la información que manejan los sindicatos, la idea ha cambiado, aunque de momento no hay nada sobre el papel. En esa parcela se ubicaría ahora la Facultad de Medicina y las infraestructuras hospitalarias se construirían en el lugar que ocupa en la actualidad el Campus de Ciencias de la Salud. 

“Si en 2021 se puso en la Ley de Presupuestos el dinero para el proyecto y todavía ni siquiera el proyecto está definido, creo que después de 34 años en este centro hospitalario yo no veré esa obra nueva”, zanja Darias.