Zafarrancho solidario en el infierno grancanario
¿Dónde estabas cuando la isla de Gran Canaria ardía sin control? Los 136 empleados del Hotel Cordial Mogán Playa, incluido el director, Ingo Sierich, abrieron las habitaciones vacías para alojar y atender a 95 vecinos evacuados del pueblo de Mogán. “Nunca estuvimos cerca del peligro pero ayudamos a los que lo rozaron” aseguró Sierich.
Gran Canaria todavía está humeante, pero ya llegó el tiempo de transición entre las emociones y las conclusiones, sobretodo para aquellos que lo vivieron en primera persona, los políticos que dirigieron las operaciones y que fueron objeto de las primeras críticas, los servicios de emergencia, los vecinos que lo perdieron todo y ahora esperan indemnizaciones y los que ayudaron voluntariamente, como el personal del Hotel Cordial Mogán Playa, situado en el puerto grancanario del municipio de Mogán.
La conclusión ante esta catástrofe del director del hotel, Ingo Sierich, es firme: “La isla no estaba preparada. Las autoridades deberían establecer otros medios de alarma para actuar con más diligencia y rapidez”. En cualquier caso, opina que si vuelve a ocurrir, su hotel “volvería a estar disponible para atender a los afectados”.
Entre 80 y 95 vecinos evacuados del pueblo de Mogán, llegaron al Hotel Cordial Mogán Playa, esperando que al fuego se le pasara el hambre. “La gente venía muy nerviosa y agotada, es desgarrador ver a las familias con niños pequeños preguntarse con incertidumbre lo que estaría ocurriendo en su casa. Aquí, en el hotel les tratamos como a clientes, se alojaron en las habitaciones vacías, comieron y descansaron en nuestras instalaciones, entre uno y cinco días” describió Sierich.
“Es más fácil que todo salga bien cuando no haces distinciones, tanto a los clientes como a los afectados les tratamos por igual y es curioso como somos capaces de cambiar nuestras ideas y percepciones de las cosas, en aquella situación los clientes en ningún momento se mostraron disconforme por tener que comer junto al personal de servicio y afectados” argumentó el director. El carpintero de las instalaciones fue precisamente uno de los perjudicados e hizo la cola como uno más para recoger la comida de su madre y de su abuela junto a los turistas.
Ante un suceso de esta magnitud, las personas adquieren un rol circunstancial que le permite actuar en busca de una solución, el rol del director y del personal del hotel de Mogán es uno de los más importantes, el de la solidaridad y el voluntarismo. “Lo primero que pensamos fue en como podíamos ayudar, fue instintivo. En el Hotel nos reunimos brevemente los departamentos de dirección, recepción y servicio técnico, para proponer un plan de ayuda que se puso en marcha paralelamente a las acciones comunes de cuidar a nuestros clientes” subrayó Sierich.
Los 135 empleados del hotel estuvieron al pié del cañón en todo momento. Aunque el director explicó que “la comunicación fue clave. En un primer momento los clientes estaban asombrados y preocupados, demandaban información porque se oía de forma continua las sirenas de la policía y los bomberos y empezaban a llegar decenas de afectados. Cuando supieron lo que ocurría, algunos clientes se ofrecieron para ayudar en lo que hiciera falta”.
“Somos parte de Mogán, no sólo estamos aquí para explotar unos servicios turísticos sino para compartir las preocupaciones de nuestros vecinos, nunca estuvimos cerca del peligro pero ayudamos a los que lo rozaron y los clientes así lo entendieron y también fueron parte del municipio” dijo el director. Su preocupación ahora es otra, asume la duda generalizada por el resto de los empresarios turísticos, de que este hecho perjudique la llegada de más veraneantes. Sierich explica que “no se debe tratar el asunto con catastrofismo”, Italia, Francia, Grecia o Croacia también han sufrido incendios de grandes magnitudes.
Frente a la duda y los intereses empresariales, queda el recuerdo de que durante aquellos días de infierno, el hotel proporcionó descanso, “incluso algún afectado disfrutó de las piscinas, en lo malo que vivieron era una forma de encontrar serenidad y refresco mientras todo se quemaba” concluyó Sierich.