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El opio del pueblo

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No. No voy a hablar de fútbol (y menos esta semana), porque, aunque todas las personas tengamos un entrenador dentro, las discusiones de la grada o el bar las dejamos para la grada o el bar. Incluso, aunque hubo una época en la que sí se utilizaba para tal fin, ahora mismo, los clubes del deporte rey son máquinas de hacer dinero a través del merchandising, de los contratos de derechos de imagen en el ámbito de la publicidad, de los acuerdos con los diferentes operadores televisivos, incluso de los mercados de renta variable a través de suculentos fondos de inversión. Por eso, más que ser un entretenimiento, es un negocio. Un gran negocio.

No obstante, en la actualidad hay otros sonajeros con los que se nos intenta narcotizar desde el punto de vista de las preocupaciones y problemas a los que nos enfrentamos día tras día, al igual que se utilizan como maniobra de distracción con nuestros bebés, bien para que no lloren o bien para que se traguen la consiguiente cucharadita de papilla tras hacer el avioncito.

Y lo digo porque estamos en medio de una crisis política e institucional que tiene al 20% del PIB de España en vilo junto a una configuración territorial manifiestamente mejorable. Aún tenemos una Unión Europea sin una configuración clara de lo que debería ser según sus preceptos primigenios de creación. Tenemos unos Presupuestos Generales de Estado al albor de unas pocas voluntades sin pararse a pensar que detrás de las grandes cifras hay personas, hay políticas, hay proyectos que no terminan por definirse. Tenemos una baja ratio de inversión en investigación y desarrollo que no permite disminuir la dependencia y la vulnerabilidad a la que continuamente estamos expuestos en los diferentes ciclos de nuestra economía. Tenemos un déficit público de obligado cumplimiento que atosiga los parámetros sociales, con un nivel de endeudamiento público estatal que alcanza prácticamente el 100% del PIB, coexistiendo con una imposición indirecta que, siendo similar a su entorno, se encuentra entre las recaudaciones más bajas de Europa. Y tenemos tasas de paro que necesitan un urgente descenso, minorando la tasa friccional de pérdida de un empleo con la consecución de uno nuevo, así como una sustancial mejora de las condiciones en materia de tiempo de contrato y retribución, comparativamente hablando al resto de la Unión Europea.

Todo esto tenemos. Sin embargo, se nos plantean temas tan trascendentales como una disputa familiar entre suegra y nuera, crucial para nuestros intereses, otorgándole la complicidad necesaria para ir de cabecera de portada en todas nuestras conversaciones, así como el mantenimiento al alza durante todo el tiempo que sea necesario. Y la sociedad, dejándose llevar. Y es que a ver si va a tener razón mi padre cuando me decía que “… tenemos lo que nos merecemos…”. Por último, por aclarar si hiciera falta, es pura casualidad la que se da entre este alegato y la cercanía de la conmemoración de la fecha de proclamación de la II República Española… ¿O no?

*Economista

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