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Isla de Lobos: romanos, normandos, piratas y focas monje

El sendero de Gran Recorido GR-131 atraviesa el islote de norte a sur. Una caminata sencilla que permite explorar las intimidades de una geografía tan pequeña como intensa. Basta un día para conocer a fondo el lugar.

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Playa de La Calera, en la Isla de Lobos.

Playa de La Calera, en la Isla de Lobos.

Durante siglos, este pequeño trozo de rocas volcánicas y arena fue refugio de piratas, lugar de caza, factoría de tintes naturales codiciados en la Edad Antigua, y apostadero estacional de pescadores locales. Y no es poco si atendemos a la estrechez de su geografía. Una colonia de focas monje, hoy lamentablemente desaparecida, le dio nombre. Isla de Lobos; lobos marinos que dieron de comer a cientos de tripulaciones a lo largo de la historia. Nombre de fortuna que hoy, cuando el rastro de aquellos animales no es más que una línea en la historia, sigue atrayendo a multitud de visitantes.

Pero ya no son gentes rudas de mar; ni romanos en busca del múrice, ese caracol marino del que se sacaba el codiciado color púrpura. Algún pescador si que hay, pero la mayoría de los visitantes que llegan a este pequeño islote situado a medio camino entre el norte de Fuerteventura y el sur de Lanzarote son turistas. Desembarcan, exploran la isla y vuelven a sus confortables hoteles. Pero hay más que playas alucinantes y paisajes de rudeza volcánica.


El GR131 es un sendero de gran recorrido que atraviesa el Archipiélago canario. Forma parte del camino G7 Europeo (más de 5.000 kilómetros) y también pasa por Lobos. Son apenas 3,5 kilómetros, pero permiten explorar a fondo la isla y descubrir que 4,5 kilómetros cuadrados dan para mucho. Este trozo de la ruta europea ha sido incluida en la red de senderos del Cabildo de Fuerteventura que ha señalizado y habilitado todo el trazado. Como parte de un gran recorrido, los colores de señalización son el rojo y el blanco.

La única forma de llegar a la Isla de Lobos es por barco desde la cercana localidad de Corralejo . La visita empieza, siempre, en las Casas del Puertito, un pequeño poblado de casitas humildes que, no hace mucho, servían de refugio a los pescadores que pasaban largas temporadas en el lugar. La costa, aquí, se expresa de manera caprichosa en forma de brazos, entradas y charcones enormes que invitan al baño. El lugar, también, es asiento del mítico Casa Antoñito (Tel: +34 928 879 653), único restaurante de la isla y famoso en toda Canarias por sus frituras de pescado. También en las inmediaciones de la ‘capital’ insular se encuentra el Centro de Interpretación de Isla de Lobos, un pequeño ‘museo’ en el que podemos descubrir los secretos de este territorio insólito antes de iniciar la marcha.

Romanos, normandos y piratas

El sendero se inicia junto al Centro de Interpretación y toma rumbo norte desde el primer momento. A poco más de 300 metros de la salida hay que hacer una primera parada en la Playa de la Calera, popularmente conocida como La Concha por su forma de bahía casi perfecta. Es buen lugar para un chapuzón o tostarse al sol, pero también para empezar a comprender la isla. En las inmediaciones de la playa se encuentra un antiguo horno de cal y los restos de unas salinas. Durante siglos, los pescadores del norte majorero utilizaron el lugar como apostadero y modesta factoría de salazones.


También podemos ver, cerca de esta zona, un yacimiento arqueológico en proceso de excavación que, según los expertos, demostraría la presencia de romanos en Canarias en la Edad Antigua. Dicen los que saben de estas cosas que el Archipiélago fue centro de explotación de recursos marinos; especialmente el múrex o múrice, un caracol marino del que los antiguos sacaban el costosísimo tinte púrpura.

Abandona la costa el sendero y se adentra en el malpaís, un terreno volcánico marcado por la abundancia de piedras y montañetas de pocos metros de altitud que atestiguan el origen volcánico del lugar. Durante algo más de kilómetro y medio, caminamos por el interior de la isla con el imponente cono de la Montaña de la Caldera a nuestra izquierda. Es una buena oportunidad para descubrir la modesta flora local, que tiene a más de 130 especies como integrantes del vecindario. Plantas resistentes como la Siempreviva, (Limonium ovalifolium canariense), un endemismo de la isla que comparte protagonismo con otras supervivientes como la Uvilla de mar, el salado lanudo, las omnipresentes aulagas o las tabaibas, que en épocas lluviosas crecen de manera espectacular. Entre los representantes de la fauna hay que destacar aves marinas, alguna hubara alcaudones, un par de especies de lagartos e intrusos peligrosos para el equilibrio local como los conejos.


La meta del GR131 en esta etapa de corta duración es la Punta de Martiño. El sendero abandona la parte central cuando pasa entre los morros de la Pila y El Escarchado. Los llanos de la Cocina son la antesala del pequeño montículo dónde se asienta el Faro de Martiño, luz que guía a los marineros desde 1865. Desde el punto culminante de este montañón volcánico puede verse, casi al alcance de la mano, la costa sur de la vecina isla de Lanzarote.

Para volver a la zona del Puertito hay dos opciones. O deshacer los 3,5 kilómetros del sendero de gran recorrido, o tomar el camino de la  izquierda y recorrer la costa este del islote. Merece la pena hacerlo y la distancia es prácticamente la misma. El punto de interés más importante de la variante litoral es Las lagunillas, una zona de grandes charcones de agua de mar que invitan al baño.

GR-131 Etapa 1: Casas del Puertito-Faro de Martiño; Kilómetros: 3,5 (ida); Desnivel subida: 23 metros; Desnivel bajada: 8 metros; Recorrido: 1 hora (ida); Dificultad: 1 sobre 5.

MAPA DE LA RUTA

FOTOS: Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente, Gobierno de Canarias y Cabildo de Fuerteventura


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