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Una visita a Teotihuacán: la Roma de Mesoamérica

La Pirámide de La Luna desde la Calzada de los Muertos.

Teotihuacán es mucho más que un vasto campo de viejas reliquias arqueológicas. Aquí floreció una de las civilizaciones más impresionantes de la América precolombina. Un pueblo poderoso y multiétnico que alcanzó en su apogeo una población superior a las 200.000 personas: en su momento de mayor esplendor (en torno a los siglos IV y V de nuestra era) este lugar estaba entre las diez ciudades más grandes del mundo y podía haber rivalizado con lugares como Pekín, Constantinopla o la mismísima Roma. Y todo gracias a una combinación de factores que la llevó a ser la meca de los pueblos de toda la región: el comercio y un poderoso significado simbólico y religioso. Tal era el poder espiritual de la urbe que gobernantes de regiones y ciudades muy lejanas se trasladaban hasta Teotihuacán para investirse como líderes o reyes. La propia ciudad era la que legitimaba a las diferentes dinastías de lugares tan lejanos como las ciudades mayas del sur yucateco (para poner un ejemplo, la célebre Chichén Itzá está a más de 1.400 kilómetros). Y todo ese poder real, económico y simbólico giraba en torno a un solo concepto: el control milimétrico del tiempo. El tiempo, como representación de los movimientos astronómicos en ciclos rigurosamente medidos. Un conocimiento que convirtió a la ciudad en una representación en la tierra del universo. En un nexo terrenal entre los dioses del cielo y los del inframundo.

Lo primero; llegar a Teotihuacán desde Ciudad de México.- La empresa Autobuses Teotihuacán conecta la Estación Central de Ciudad de México con el recinto arqueológico con una frecuencia de cuatro viajes cada hora (entre las 6.00 y las 21.00). La parada de esta empresa dentro de la estación capitalina es el Andén 7, que está en la sección 8. El precio de los billetes es de unos 2,5 euros. El viaje demora una hora y diez minutos y hay paradas en las puertas 1, 2 y 3 del yacimiento. Es recomendable bajarse en la puerta 1. 

Cómo visitar el lugar.- El horario de acceso a la zona arqueológica es de 8.00 a 16.00. Y conviene llegar temprano. A partir de las 10.00 llegan los grupos organizados y no está demás llevar esa hora y media de ventaja para poder disfrutar del lugar con poca gente. Una de las cosas que te va a encontrar en la puerta 1 es a taxistas que de dirán que es mejor empezar por la puerta 3 para evitar caminar mucho. No les hagas caso. Si lo haces vas a tener que hacer el mismo recorrido a la inversa para ver Templo de Quetzalcóatl y, además, te vas a topar con las masas de turistas en la zona central del complejo. Otro consejito es pasar educadamente de los vendedores que hay en el interior del yacimiento ofreciendo casi cualquier cosa: no son tan pesados como en las Pirámides de Gizá, pero a estos los entiendes cuando mentan a tu madre. Sé educado y ya está. La entrada al complejo es de 85 pesos mexicanos (4,5 euros) y da acceso a los dos museos de sitio (y puedes salir y entrar para ir a comer, por ejemplo).  Si quieres entrar una videocámara no profesional, hay que pagar una sobretasa de 50 pesos. Por ahí dicen que el complejo puede verse en tres o cuatro horas. Eso depende de cada uno. Nosotros estuvimos desde que abrió hasta que nos echaron. Vimos lo importante muy bien y los museos. Pero nos quedaron ganas de ver más lo que está alrededor de la Avenida de Los Muertos. Hay multitud de zonas residenciales que aparecen acá y acullá entre las casas modernas del pueblo que quedan fuera del recorrido. Nos quedamos con las ganas de haber hecho noche en el pueblo y repetir experiencia al día siguiente.

Una pequeña descripción de Teotihuacán.- Una de las cosas que asombran de la antigua ciudad es su cuidada planificación. El eje de los lugares más prominentes es la Calzada de los Muertos, una vía monumental de más de dos kilómetros que recorre la ciudad de norte a sur en un eje que se encuentra ligeramente inclinado respecto al norte geográfico. Aquí nada es una casualidad y el es fruto de la combinación de posiciones astronómicas y de números muy precisos. Las pléyades (tzab o cola de serpiente de cascabel) y las diferentes posiciones del sol a lo largo del año marcan la orientación, y los números 9, 13, 18, 40, 52 y 260 marcan las dimensiones de las calles, templos, pirámides, palacios, casas y hasta las distancias entre los barrios. Se trata de una ciudad planificada al milímetro y construida según un plan preconcebido y basado en los calendarios mesoamericanos. Una maravilla que hay que comprender más que admirar; porque de su comprensión depende de que más allá de la espectacularidad de sus construcciones podamos entender el propósito de sus constructores. Hacer en la tierra una ciudad hecha para, por y según los dioses y mitos de la complicadísima (y fascinante) cosmovisión mesoamericana.

Desde la Puerta 1 el paseo se inicia en el Templo de Quetzalcóatl, dedicado a la famosa serpiente emplumada. Esta zona es la más ‘moderna’ del gran centro ceremonial y supuso toda una innovación simbólica por la abundancia de esculturas que, literalmente, sobresalen de la estructura principal del templo. Es un lugar espectacular que adelanta lo que vamos a ver a continuación. Los grandes centros ceremoniales se organizan en verdaderos complejos diseñados para albergar a verdaderas multitudes y que éstas puedan verlo todo en todo momento. Según parece, la construcción de este templo desplazó hacia el sur la centralidad política, comercial y administrativa de la ciudad. En lo que hoy es el aparcamiento de la Puerta 1 se celebraba el mercado y en los alrededores hay algunos barrios residenciales. Desde aquí, la Avenida de Los Muertos asciende hacia el norte. Sólo después de cruzar el pequeño cauce del Río San Juan se convierte en una gran vía ceremonial; se podría decir que el río marca la diferencia entre la ciudad antigua (más monumental) y la nueva. Otra diferencia entre el complejo de Quetzalcóatl y el resto es que éste tiene murallas. Según nos explicaron, los últimos tiempos de la ciudad estuvieron marcados por un aumento de la conflictividad social y las élites tuvieron que refugiarse en esta ciudadela para evitar problemas.

La Calzada de Los Muertos es brutal. Es un enorme foso rodeado de verdaderas gradas que conecta las dos grandes áreas ceremoniales antiguas de la capital: La Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna. Todo está realizado a una escala monumental que deja pequeño al Foro Imperial de Roma, un espacio público que, recordemos, fue coetáneo a la propia Teotihuacán en sus mejores años. Es un espacio totalmente organizado en tramos y dividido que da acceso a grandes plazas y a complejos de edificios que tuvieron que estar directamente vinculados a este espacio que concentraba lo sagrado y el poder político. Es difícil no quedar fascinado y no perder la noción del tiempo. La gran Plaza del Sol da acceso a la pirámide homónima. Estamos ante el centro ceremonial más grande de todo el espacio. La pirámide mide 63 metros de alto y un perímetro en su base de 893,9 metros: una barbaridad. En su estado original constaba de 260 escalones organizados en tramos de 52. Junto a la pirámide podemos visitar el Museo de la Cultura de Teotihuacán, con una muy buena colección de piezas y maquetas imprescindibles para entender el espacio.

Camino de la Plaza de La Luna.- La Pirámide del Sol es la más grande de todo Teotihuacán, pero el gran complejo de templos, palacios y estructuras ceremoniales de la Plaza de La Luna es, sin duda alguna, el lugar cumbre de toda la ciudad. A diferencia del tramo sur, aquí la Calzada de Los Muertos es un espacio ininterrumpido y aún más monumental. Hoy vemos un espacio de piedra volcánica unida con mortero, pero en sus buenos tiempos, la ciudad estaba cubierta con una delicada capa de estuco y decorada con pinturas y murales. El fantástico Mural del Puma es un buen ejemplo. Para darse cuenta de la importancia que la pintura mural tuvo en la cultura local hay que visitar el Museo de los Murales Teotihuacanos que se encuentra junto al complejo que rodea a la Pirámide de La Luna. Estamos en el extremo norte del centro ceremonial. La pirámide es mucho más modesta que su vecina del Sol, pero el complejo de templos, la plaza y los palacios asociados hacen de este lugar el más espectacular de toda la ciudad. Aquí vas a poder ver la propia pirámide y el Palacio de Quetzalpapálotl, un lugar muy interesante lleno de viejos murales.

Dicen que Teotihuacán fue el nudo comercial y espiritual de Mesoamérica durante más de ocho siglos (entre el II Antes de Cristo hasta el VI de nuestra era). Pero de aquella ciudad fastuosa no sabemos casi nada más allá de sus ruinas y pinturas. Por no saber, no sabemos ni como se llamaba el lugar. Cuando los aztecas llegaron al Valle de México y descubrieron el lugar (muchos siglos después) dijeron que un lugar así sólo podía ser obra de los dioses. Y de ahí el nombre de Teotihuacán, o lugar dónde nacieron los dioses. Durante la época azteca, el lugar era un centro de peregrinación.

Fotos bajo Licencia CC: Robinson Esparza; Nacho Facello; Greg Schechter; Sandra Cohen-Rose and Co; Verino77; Šarūnas Burdulis; Olivier Bruchez

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