Un viaje a la provincia de Yunnan: Lijiang, la puerta de acceso al Tibet

Hablar de Yunnan es hablar de una de las regiones más singulares y auténticas de China. Situada en el extremo suroccidental del país, esta enorme provincia sirve de nexo entre varias realidades casi antagónicas que ponen de manifiesto la enormidad de este universo que es el gigante asiático. Esta provincia sirve para conectar las regiones del centro del país con el Sudeste Asiático y, al mismo tiempo, es el lugar donde empiezan a despuntar las primeras alturas que conducen a ese mito de nieves y valles que es El Himalaya. Como casi todo en este país es digno de verse. Pero para el viajero con poco tiempo para explorar el país, el contacto ‘lógico’ con esta zona es la ciudad de Lijiang.

Esta ciudad pequeña pero grande es una de las piezas clave que explica la historia de China en esta zona del continente. Su posición a los pies de las primeras montañas importantes de la cadena de cordilleras más alta del mundo la convertían en un lugar de contacto con las altiplanicies tibetanas pero, al mismo tiempo, su proximidad a los valles de grandes ríos favorecía el comercio con Birmania y la India. Casi nada. Aún hoy, a Lijiang se la considera como la puerta del Tibet y no es mala idea, si se piensa visitar esta región autónoma, hacer una escala por aquí antes de seguir viaje a las alturas en busca de la mítica Lasha.

Centro de la cultura naxi.- Esta posición de cruce de culturas y la propia historia local hace que el lugar tenga una gran personalidad y una cultura propia que se manifiesta a través de la identidad Naxi. Desde occidente tenemos una idea muy equivocada de lo que es China. Es un país muy diverso con culturas muy diferentes entre sí. Los naxis son una etnia que desciende de nómadas de las llanuras tibetanas que fueron expulsados hacia tierras más bajas. Su contacto con los chinos data de hace más de dos milenios y muestran una cultura híbrida con manifestaciones propias muy marcadas como su increíble música tradicional, la espectacularidad de su arquitectura -con patios alucinantes- o su religión que tiene rasgos chamanistas (dongba) y del budismo tibetano.

Una ciudad patrimonio mundial.- La principal razón para incluir Lianjiang en un viaje largo por China es su espectacular casco histórico, sin duda alguna el mejor conservado de todo el país. Aquí se concentran más de 2.000 edificios históricos lo que convierte a la ciudad en un ejemplo casi intacto de lo que debieron ser las ciudades chinas antes del exponencial despegue económico del país. Pero es que, además, esta pequeña gran ciudad serrana es de los mejores ejemplos de las dinámicas históricas que culminaron en la construcción del país. Y eso se deja sentir en un casco histórico donde lo chino, lo tibetano y las influencias indias que llegaron por uno de los múltiples ramales de la Ruta de la Seda se dejan sentir en fachadas, jardines, plazas y templos de esta Venecia oriental. En todos los sentidos: por los canales; por la monumentalidad; por lo bonita que es y por las hordas de turistas que la ocupan en los periodos vacacionales.

Hay muchísimo que ver en Lijiang. Mucho y bueno. Por eso hay que pasar aquí al menos tres días que nos permitan hacer al menos una excursión a las montañas cercanas para descubrir uno de los paisajes más bonitos de Yunnan: el Valle de la Luna Azul. Pero dos días para ver el Dayan (ciudad amurallada) son imprescindibles. Porque esta auténtica maraña de callejuelas, pasadizos, lagunas y canales tiene muchísimo para ver y para disfrutar (aún más fuera de la temporada de vacaciones para los locales porque las riadas de turismo local son brutales).

El casco histórico (Dayan) se articula en torno a la Plaza del Mercado y el Palacio de Mufu, un impresionante complejo de pabellones, pequeños templos y torres que se construyó en el siglo XV como centro de gobierno de la región. Para llegar aquí hay que atravesar toda la ciudad histórica, pero hay que empezar en el palacio muy temprano para evitar multitudes. Una buena ruta puede partir desde la Puerta Sur (Avenida Xiang He Lu) e ir buscando la puerta de Mufu callejeando sin demasiado orden yendo y viniendo para descubrir pequeños puentes, templos, ruedas de noria y casas con patios hermosos. El palacio es bellísimo y se lo conoce como la casa de los emperadores sin corona, en referencia a las élites naxi del Clan Mu que gobernaron la región casi sin injerencia imperial durante las dinastías Ming y Qing. Aquí hay que visitar el Museo de la Antigua Lijiang, ver los pabellones Ming y subir hasta la Torre Wangu para ver el mar de tejados grises que forman la ciudad. Otro hito junto al palacio es la Colina del León, un hermoso jardín con vistas increíbles a la ciudad lleno de pabellones y templos.

Desde el centro nos moveremos hacia el norte para ir explorando otros puntos de interés: cruzamos el canal del Río Zhonghe junto al Molino de Agua de Sanyán y su enorme noria de madera para adentrarnos en una amplia zona residencial (Distrito de Guchen) donde destacan el Templo de Puxian (Callejón Chongre), un pequeño pero precioso edificio de tiempos de la Dinastía Qing; el Palacio Huazhu Qinjin (Callejón y la espectacular Casa de Fang Gouyu (Wenzhi, 32), un enorme caserón antiguo que fue residencia de uno de los popes del estudio y la recuperación de la cultura tradicional naxi a principios del siglo XX. Hoy es un museo. Abandonamos la vieja Dayan por la Puerta Norte siguiendo los cauces de los dos canales más importantes de los que recorren la ciudad de norte a sur: el Yuhe y el Zhonghue. Aquí nos vamos a encontrar un buen número de norias de madera, puentes preciosas, muchas callejuelas encantadoras y edificios históricos como el Templo Jinglian (Yun Nan Sheng).

Ir hasta el Lago del Dragón Negro.- Este es el lugar más fotogénico de la ciudad. Este complejo de estanques artificiales se encuentra al norte de la ciudad antigua en un lugar que permite ver el imponente macizo blanco de la Montaña Nevada del Dragón de Jade. Este lugar jugaba un papel fundamental en la antigua capital de los naxi concentrando los templos más importantes de la ciudad. Edificios donde se deja notar esa mezcolanza de creencias que caracterizó a esta zona de frontera y contacto de culturas. Este conjunto soberbio se construyó en el siglo XVIII durante la Dinastía Quing y pivota en torno al Templo del Dios Dragón que ocupa un lugar central en una pequeña isla (hoy es un museo). En torno a este templo podemos ver lujosos pabellones y algunos edificios notables como la Torre del Templo Fuguo, de época Ming.

La Primera Curva del Río Yangtze (acceso por carretera G-353).- El gran gigante asiático, uno de los grandes ríos del mundo, pasa apenas a unos kilómetros del centro de Lijiang y merece mucho la pena acercarse a verlo. Sobre todo porque aquí el río da un giro que invierte su cauce de norte a sur dirigiéndose otra vez hacia el norte a lo largo de cientos de kilómetros. Y esta ‘Primera Vuelta’ genera un paisaje espectacular.

Subir hasta la Montaña Nevada del Dragón de Jade.- Lijiang se encuentra a los pies de las primeras grandes alturas que adelantan la cercanía de las altiplanicies tibetanas y esta montaña de nombre rimbombante se encuentra al alcance de un par de horas en transporte público. 5.000 metros de altitud y nieves perpetuas que sirven de culmen a un espectacular espacio natural con grandes masas de bosque nativo y algunos glaciares espectaculares. Pero el gran icono de esta zona montañosa es el Valle de la Luna Azul (los chinos son únicos poniendo nombres a las cosas y a los lugares). Este valle mágico rodeado de una densísima vegetación nativa está colmado de aguas de origen glaciar de un intenso (e irreal) azul turquesa que forman un pequeño rosario de lagunas de gran belleza.

Dos pueblos para huir de las masificaciones a dos pasos de Lijiang.- Casi como un barrio más de la ‘gran ciudad’ nos encontramos la preciosa aldea de Shuhe, una pequeña población cruzada por canales, estanques y calles empedradas en la que nos encontramos con otro ejemplo de centro histórico perfectamente conservado con una buena muestra de casas tradicionales y pequeños templos. Un poco más al norte y ya separado de la pequeña conurbación de Linjian podemos darnos un paseo por Baisha. Aquí nos vamos a encontrar un ambiente más rural. Los campos de cereales rodean esta villa que también se destaca por su arquitectura tradicional y su importancia histórica como antigua capital de los naxi (siglo VII). Una de las particularidades de esta preciosa villa en la que se conservan más de 200 patios tradicionales son sus pinturas murales del siglo XV donde se mezclan imágenes de las religiones taoísta, budista y chamánica naxi y el uso virtuoso de la madera en una arquitectura que tiene elementos han y grandes influencias de la cultura tibetana. Una pasada.

Fotos bajo Licencia CC: Caitriana Nicholson; Felix Filnkoessl; Yun Huang Yong; Water Alternatives Photos; Gabriele Battaglia; David Stanley; Zach Ware; Brian Sterling