Un viaje a la mítica Frisia: del dique de Afsluitdijk a Harlingen

A 74 kilómetros al norte de la populosa Amsterdam, el arranque del Dique de Afsluitdijk nos pone frente a frente con una de las obras de ingeniería humana más imponentes de Europa. Por delante nos quedan casi 40 kilómetros de carretera sobre el muro que impide que la mitad de los Países Bajos quede sumergidos bajo las aguas del Atlántico norte. Si miras hacia el oeste podrás ver una sucesión de islas arenosas que cierran el paso al mar abierto y crean una enorme laguna de aguas cenagosas. Es el mar de Wadden, que choca contra el dique queriendo mezclarse con su mitad encerrada por el genio de los hombres. Una mitad que reposa tranquila y encerrada. El dique es el responsable de miles de hectáreas de ‘pólderes’, tierras ganadas al mar gracias a esa red de diques, canales y molinos de desagüe que han creado unos 8.000 kilómetros cuadrados de tierra fértil y habitable (más de un 20% de la superficie del país).

Afsluitdijk es una atracción turística, histórica y cultural en sí mismo. Un lugar que visitar por todo lo que supone y significa. En el extremo norte del dique puedes echarle un vistazo el Afsluitdijk Wadden Center (Afsluitdijk, 1c), un centro museístico que aborda los diversos aspectos históricos, culturales e ingenieriles de este complejo de exclusas, diques y canales. Otro aspecto interesante de este lugar es explorar las instalaciones militares aparejadas a esta importante infraestructura: algunos de ellos formaban parte del Muro del Atlántico construido por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial (nos encontraremos muchas veces con las huellas de este conflicto en este viaje). Y allá, justo al finalizar el dique nos encontramos con Frisia. La mítica Frisia (ver iconos azules en el mapa para esta primera guía).

Esta región histórica es especial y cuenta con una marcada identidad propia que se manifiesta de manera clara en las grandes diferencias de la lengua local con la del resto del país. Estamos ante uno de los pueblos más antiguos de Europa. Una ‘nación’ que se extendió desde la desembocadura del Rin hasta la Península de Jutlandia y que cuenta, entre sus gestas heroicas, la resistencia a Roma y ser uno de los gérmenes de la cultura vikinga (que tienen uno de sus orígenes en la ciudad danesa de Ribe).

Primera parada en Harlingen

Este pequeño puerto histórico se encuentra a pocos kilómetros del dique y es uno de los ejemplos paradigmáticos de la eterna lucha de las mujeres y hombres de estas tierras contra el empuje de las aguas. Aquí empezaremos a comprender la cultura local, que aprovechó el laberinto de ríos, ensenadas y bajíos de la enorme desembocadura del Rin para crear un mundo que se desarrolla entre lo terrestre y lo acuático. Harlingen es una ciudad fraccionada por canales y protegida por antiguos muros que la convirtieron en un puerto seguro. En la playa, junto a los nuevos diques del puerto, puedes ver un enorme monolito de piedra sobre un pequeño montículo de césped que corre en paralelo a la costa: este monumento marca el antiguo dique histórico que protegía la ciudad de las crecidas.

Puerto. E importante. Durante los siglos XIV, XV y XVI este fue uno de los puntos más activos de la flota comercial holandesa y las reproducciones de barcos históricos que puedes ver en el Willemshaven Harlingen junto a las viejas exclusas que aislaban el acceso del mar al resto de la ciudad. Si eres un amante de los viejos veleros de la edad de oro de la navegación vas a flipar con la réplica del Cisne Blanco, un barco del XVI que se hizo famoso por su viaje de exploración al Ártico. Una ciudad que se articula en tornos a los canales que van y vienen formando una verdadera red de ‘calles y avenidas de agua’.

Los principales puntos de interés de la ciudad, más allá de caminar por sus calles y alucinar con la imponente arquitectura tradicional del ladrillo son tres: La Iglesia de San Miguel (Zuiderhaven, 75), una bonita construcción de estilo gótico del siglo XV; el Faro histórico (Havenweg, 1) y los viejos almacenes del puerto y la Casa de Mannemahuis (Voorstraat, 56), una preciosa construcción del siglo XVIII que hoy es la sede del interesante Museo Municipal. El casco histórico, encerrado entre los canales, es una clase de arquitectura holandesa de los siglos XVI, XVII y XVIII y no es raro encontrar algunos de los famosos patios holandeses (holders) abiertos mostrando sus exuberantes jardines (impresionantes en tiempos de tulipanes).

La cerámica de Harlingen.- Hablar de cerámica vidriada en Holanda es hablar de la Harlinger Aardewerk & Tegelfabriek (Voorstraat, 84) una de las fábricas más antiguas y prestigiosas del mundo. Esta factoría sigue una estricta tradición alfarera que se remonta a finales del siglo XVI. Justo en el centro de la ciudad hay una tienda que merece la pena verse porque también alberga un pequeño museo con piezas históricas. Ideal para un souvenir de los de verdad.

Visitar el planetario más antiguo del mundo.- La pequeña población de Franeker se encuentra a pocos kilómetros de Harlingen y es otra de esas joyitas urbanas de la región con un casco histórico rodeado de canales y un buen número de edificios históricos que justifican una parada: puedes ver la Iglesia de San Martín (Breedeplaats, 2), otra de esas maravillas del gótico flamenco del XV, o el Museo Martena (Voorstraat 35), un curioso museo de historia instalado en un castillo de origen medieval transformado en residencia palaciega en los años dorados del comercio holandés.

Pero el gran monumento de esta ciudad minúscula (bastan veinte minutos para recorrerla prácticamente entera) es el Planetario de Eisinga (Eise Eisingastraat, 3), una de las instituciones de divulgación científica más antiguas de Europa. Aquí vas a encontrar el origen de los planetarios actuales, aunque adaptado a las posibilidades tecnológicas del siglo XVIII. Una espectacular maqueta del sistema solar movida por un complicado sistema de resortes y ruedas dentadas simula el movimiento de los planetas alrededor del sol. Es una maravilla que merece la pena verse. El lugar es un museo en sí mismo.

Una escapada a Stavoren.- Situado en el extremo sur de Frisia, este pequeño pueblo de pescadores es el contrapunto popular y sencillo a la monumentalidad de las ciudades frisias. Un pequeño puerto con casitas de colores y algunos canales tranquilos. Eso sí, para llegar hasta aquí hay que dar un rodeo considerable.

Fotos bajo Licencia CC: crash71100; Luke McKernan; bert knottenbeld; Michele Ahin; Heribert Bechen; Hindrik Sijens; noortjevdB