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Las brujas que la leyenda creó: lo que revelan los archivos de Castilla-La Mancha

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La historia de las brujas está llena de imágenes que hemos heredado de la literatura, las leyendas y la cultura popular: mujeres que volaban en escobas, preparaban pócimas, se reunían en aquelarres y pactaban con el demonio.

Pero, ¿qué ocurre cuando dejamos a un lado esos relatos y acudimos a los documentos históricos? En los archivos aparecen mujeres reales, con nombres y apellidos, que vivieron en pueblos y ciudades de Castilla-La Mancha y que fueron denunciadas, interrogadas y juzgadas por prácticas que sus contemporáneos consideraban hechicería o brujería.

Sus historias permiten acercarnos a una realidad mucho más compleja que la imagen de la bruja que ha llegado hasta nosotros. Detrás de cada acusación había conflictos vecinales, creencias populares, miedos colectivos y una sociedad que vigilaba estrechamente el comportamiento de las mujeres, sobre todo cuando se apartaban de los papeles que se les habían asignado.

Daimiel, un pueblo marcado por las historias de brujas

Daimiel, en la provincia de Ciudad Real, es conocido popularmente como el pueblo de las brujas. Esta fama no nació de la nada: tiene relación con las prácticas de hechicería documentadas en la localidad durante los siglos XVI y XVII y con la vigilancia que ejercieron sobre sus habitantes las autoridades religiosas.

El Museo Comarcal de Daimiel recoge parte de esta historia y permite acercarse a ella a través de sus materiales de divulgación. En su publicación Daimiel pueblo de brujas, perteneciente a la colección Daimiel y el milenio II, Belén Garzás Garzás y Javier González-Gallego Sánchez-Camacho, bajo la coordinación de Juan Carlos García Muñoz García, abordan este pasado local.

La publicación puede localizarse en el área de descargas del Museo Comarcal de Daimiel. También puede consultarse la información histórica del museo en su apartado dedicado a la planta alta, donde se explican las prácticas de hechicería y la presencia de personas vigiladas por el Santo Oficio en la localidad.

Uno de los nombres que aparecen en la historia de la hechicería daimieleña es el de Lucía de Toledo, una mujer morisca que ejercía estas prácticas hacia 1530. Era viuda y su segundo marido había sido ahorcado por robo de ganado. Su caso ayuda a comprender que estas mujeres no pertenecían a un único perfil: las acusaciones podían cruzarse con la condición social, el origen, la situación familiar y las sospechas que despertaban determinadas prácticas.

La palabra «bruja» no describía necesariamente una realidad homogénea. Bajo esa etiqueta podían quedar agrupadas mujeres con conocimientos tradicionales, mujeres que recurrían a rituales para resolver problemas cotidianos o personas cuya conducta despertaba desconfianza en su entorno. Las historias locales, con el paso del tiempo, contribuyeron a construir una reputación que mezclaba hechos documentados, interpretaciones posteriores y leyenda.

Inés del Pozo: cuando el archivo conserva el nombre

Los documentos inquisitoriales permiten ir más allá de la tradición oral y encontrar referencias concretas a mujeres que fueron investigadas por sus prácticas o por su relación con otras personas acusadas.

Inés del Pozo aparece en el estudio de M.ª Luz de las Cuevas Torresano, Inquisición y hechicería. Los procesos inquisitoriales de hechicería en el Tribunal de Toledo durante la primera mitad del siglo XVII, publicado en Anales Toledanos, número 13, en 1980, páginas 25-92. El trabajo puede consultarse en este PDF de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

La autora examina distintos procesos relacionados con la hechicería en el ámbito del Tribunal de Toledo y muestra cómo las acusaciones y los testimonios podían implicar a varias personas. En el caso de Inés del Pozo, la referencia documental aparece como legajo 93, número 15. El estudio resulta útil para comprender el funcionamiento de los procedimientos inquisitoriales y el papel que podían desempeñar los testimonios dentro de ellos.

Leer estos documentos exige, no obstante, cierta cautela. Que una mujer aparezca en un proceso no significa que todas las acusaciones formuladas contra ella fueran ciertas. Los expedientes reflejan las preguntas, sospechas y categorías de quienes investigaban, pero también las relaciones de poder y las condiciones en que se obtenían las declaraciones. El archivo no nos entrega una verdad neutral: nos permite estudiar cómo se construía una acusación y qué consecuencias podía tener para la persona señalada.

Toledo: tres mujeres ante el Tribunal de la Inquisición

Uno de los casos más reveladores es el de María González, María Bautista y María de Cárdenas, procesadas por el Tribunal de la Inquisición de Toledo entre 1645 y 1647. La investigadora María Jesús Zamora Calvo estudia sus historias en el artículo «… por embusteras y hechiçeras y que con brujería mataron a un niño». María González, María Bautista y María de Cárdenas ante el Tribunal inquisitorial de Toledo (1645-1647), publicado en la revista Memorias, número 47, en 2022, páginas 42-63.

El artículo completo está disponible en la página de la revista Memorias y también puede consultarse el PDF del artículo.

El estudio parte de un hecho trágico —la muerte de un niño— para analizar cómo se fue construyendo la sospecha contra las tres mujeres. El proceso, que ocupó numerosos folios y se prolongó durante dos años, permite observar cómo un acontecimiento podía convertirse en el punto de partida de una investigación en la que se mezclaban testimonios, creencias y prejuicios.

Zamora Calvo sitúa el caso en una sociedad en la que las mujeres que vivían sin estar sometidas a una autoridad masculina podían despertar recelo. La independencia, las relaciones personales y la reputación podían convertirse en elementos que alimentaran la sospecha. En ese contexto, la acusación de hechicería no era solo una cuestión de creencias sobrenaturales: también podía servir para señalar a quienes se apartaban de las normas sociales.

El interés de estos procesos está precisamente en que permiten examinar cómo se formaban las acusaciones y cómo intervenían las autoridades. No se trata de aceptar sin más la versión inquisitorial, sino de leerla críticamente, atendiendo tanto a lo que se afirma como a las circunstancias en las que esas afirmaciones quedaron registradas.

Cuenca, 1602: Juana Pérez y Teresa Hernández

Otro documento significativo se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Se trata del proceso criminal contra Juana Pérez y Teresa Hernández, acusadas de brujas y hechiceras y de haber entrado en casa de Francisco de Porres, regidor de Cuenca, para realizar ciertas hechicerías. El documento está fechado el 3 de marzo de 1602.

El caso forma parte de la exposición virtual Mujeres en nuestros archivos. 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, publicada por el Portal de Cultura de Castilla-La Mancha. Puede consultarse en la ficha del proceso criminal y en la exposición virtual dedicada a las mujeres en los archivos.

La documentación conserva los nombres de Juana Pérez y Teresa Hernández y deja constancia de la acusación formulada contra ellas. Es un ejemplo de cómo las sospechas de hechicería podían llegar a los tribunales y quedar registradas en procedimientos judiciales. También recuerda la importancia de distinguir entre la existencia de una acusación y la demostración de los hechos que se atribuían a las personas acusadas.

El documento forma parte de un conjunto más amplio de fuentes que permiten estudiar la historia de las mujeres desde los propios archivos. A través de estos expedientes no solo se conocen las actuaciones de las autoridades, sino también las ideas y los temores que circulaban en las comunidades de la época.

Los casos de Daimiel, Toledo y Cuenca tienen sus propias circunstancias, pero comparten algo importante: las mujeres que aparecen en ellos fueron identificadas a través de categorías —brujas, hechiceras, embusteras— que condicionaban la forma en que sus actos eran interpretados por los demás. La hechicería y la brujería no significaban exactamente lo mismo en todos los contextos, ni todas las personas acusadas recibieron el mismo trato. Los procesos dependían del lugar, del momento histórico, de las autoridades que intervenían y de las pruebas y testimonios que se aportaban. Por eso es importante acudir a investigaciones históricas y documentos concretos, en lugar de tratar todos los casos como si fueran una única historia.

En la España de la Edad Moderna, además, la persecución de la brujería tuvo características propias y no puede equipararse sin matices a la de otros territorios europeos. Los tribunales civiles y religiosos no actuaban siempre de la misma manera, y las acusaciones de hechicería podían responder a conflictos muy distintos. Los estudios sobre la Inquisición permiten comprender estas diferencias y evitar que las imágenes transmitidas por la tradición sustituyan a la evidencia documental.

Los archivos no siempre permiten reconstruir por completo la vida de estas mujeres. A veces conservan apenas un nombre, una referencia procesal o unas pocas líneas en un expediente. Pero esos fragmentos son valiosos: nos recuerdan que detrás de la figura legendaria de la bruja hubo personas reales, cuyas vidas quedaron condicionadas por las creencias y los prejuicios de su tiempo.

Quizá esa sea la principal aportación de volver a los documentos: no confirmar la leyenda, sino preguntarnos quiénes fueron las mujeres a las que se aplicó esa etiqueta, quién las acusó y qué nos cuentan sus historias sobre la sociedad que las juzgó. Porque, cuando se escucha lo que dicen los archivos, la historia de las brujas deja de ser únicamente una historia de magia y superstición y se convierte también en una historia de mujeres, de poder y de memoria.