Entrevista Primera presidenta de la Sociedad Española de Fertilidad
Elisa Gil Arribas, primera presidenta de la SEF: “En España el acceso a la reproducción asistida no es igual en todas las comunidades”
La vocación de servicio público y el afán por la representación colectiva de la doctora Elisa Gil Arribas son el resultado inequívoco de lo que ha visto desde niña. Hija de profesores, de una madre que fue concejala en el Ayuntamiento de Logroño y un padre referente en el teatro riojano, creció asumiendo esa actitud de liderazgo como delegada de clase primero, como representante estudiantil después. Esa trayectoria de compromiso culmina ahora con la Presidencia de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), convirtiéndose en la primera mujer en asumir ese puesto en más de ochenta años y en una de las personas más jóvenes en conseguirlo, con poco más de 40 años.
Está convencida de que esta rama de la medicina es clave para paliar el “invierno demográfico” y garantizar el Estado de Bienestar. Por eso, entre sus principales objetivos para estos cuatro años de presidencia es garantizar el acceso en equidad para todas las mujeres, con independencia de la comunidad autónoma en la que vivan.
La Sociedad Española de Fertilidad (SEF) tiene más de siete décadas de historia y, sin embargo, usted es la primera mujer en asumir la Presidencia. ¿Qué supone para usted esta elección, además con tanto apoyo?
Ha supuesto sobre todo la rotura de muchas barreras históricas y cronificadas en la sociedad y también, por supuesto, en la parte médica. La nuestra es una sociedad científica totalmente feminizada. El 70 por ciento somos mujeres trabajando para otras mujeres. En más de ocho décadas nunca una mujer ha dado un paso adelante y eso puede resultar llamativo, pero es que la realidad ha sido esa hasta que alguien ha decidido romper ese bucle. Así que lo veo simplemente con la normalidad del momento en el que nos encontramos. Es algo natural, lo que tocaba. Alguien tenía que romper esa dinámica y ahí estaba yo. Es cierto que no diré que eso supone un peso pero sí mucha responsabilidad. Así lo siento al menos.
La mía fue además una campaña dura y larga con dos candidaturas muy potentes y totalmente antagónicas, muy diferentes en la forma de ver la sociedad médica. Así que es difícil explicar el orgullo que tengo dentro de haberlo conseguido.
Además, al hecho de ser la primera mujer, hay que sumar que esta es de las primeras veces en que llega al cargo alguien relativamente joven. Históricamente, esta presidencia la han asumido personas con mucho bagaje, jefes de clínica o de servicio. En mi caso, hay un importante bagaje profesional porque llevo veinte años trabajando, pero no soy de esas generaciones antiguas con mucho peso. Yo represento a una generación intermedia que tiene mucho que decir.
A menudo se habla de la alta feminización de las profesiones sanitarias, usted acaba de hacerlo refiriéndose a su propio sector. Pero es evidente que ese volumen de profesionales no se traduce con la misma naturalidad en los puestos de toma de decisiones y alta dirección médica. ¿Qué barreras seguimos encontrando las mujeres?
Creo que hay las mismas que en otras empresas, sectores y trabajos. Las mujeres siempre hemos estado relegadas a puestos secundarios. Aportamos lo mismo, no diré más, pero sí al menos lo mismo, pero nunca se nos ha dado la oportunidad de dar ese paso adelante, nunca hemos tenido la misma voz. Y eso lo hemos ido metiendo también nosotras en nuestro ideario. Ha habido muchas generaciones silenciosas hasta que alguien ha decidido romperlo.
Cuando ganamos las elecciones de la Sociedad Española de Fertilidad, hicimos una búsqueda muy somera sobre el liderazgo en las diferentes sociedades científicas. Y nos dimos cuenta de que las cosas por fin van mejorando poco a poco. Ahora estamos aproximadamente un 30 por ciento de mujeres, pero es que hace diez años, la cifra estaba entre el cinco y el diez por ciento. Por eso tengo claro que en la SEF he sido la primera, pero seguro que no seré la única.
Hay que cuidar el futuro desde lo global y lo público aportando todos los recursos necesarios. Y eso incluye, por supuesto, el cuidado y la equidad reproductiva
¿Cree que el hecho de que sea una mujer quien tome el mando de la institución se va a notar en algo? ¿Cree que el mando femenino tiene un reflejo en los resultados?
Es posible que, en general, tengamos otra forma de trabajar en equipo, de oír las ideas de los demás e incorporarlas al discurso. Por supuesto hay de todo, hay hombres profundamente empáticos y mujeres autoritarias, pero creo que, en general, tenemos mayor capacidad de sintetizar y cohesionar ideas y sensibilidades diferentes dentro de los equipos.
Llega a la presidencia de una sociedad científica clave para el futuro demográfico del país y lo hace desde la formación en la educación pública. Frente a las corrientes que a veces devalúan lo público, ¿cree que es importante visibilizar que la excelencia científica en España también se construye desde lo público, que es fundamental blindar la educación pública para garantizar las oportunidades?
Absolutamente. Mi respuesta es un sí rotundo. Y no solo la educación; también hay que cuidar la sanidad pública. Yo ahora mismo estoy trabajando en la privada, pero no me cansaré de defender que las cosas se hacen igual en ambos sistemas. Pero es imprescindible que se concedan los recursos suficientes, y es ahí donde hay que luchar. Esa es la clave porque, actualmente, más del diez por ciento de las personas nacidas en España lo hacen por reproducción asistida, y esto tiene gran importancia no solo para el bienestar personal de las familias y las madres sino también para el Estado de Bienestar. Hay que cuidar ese futuro desde lo global y lo público aportando todos los recursos necesarios. Y eso incluye, por supuesto, el cuidado y la equidad reproductiva. Que las mujeres y las usuarias puedan acceder igual a estos recursos vivan donde vivan. Y eso hoy en día no está ocurriendo; el acceso no es igual en todas las comunidades autónomas. Tenemos que lucharlo para que esa igualdad sea real.
Habla de diferencias entre territorios, ¿cómo está la situación en La Rioja?
Ahora mismo estamos recogiendo datos, analizando la situación, haciendo un 'mapa de calor' de cómo está el estado. Y puedo decir que La Rioja no queda especialmente mal en cuanto a listas de espera, tiempos entre los ciclos y otros criterios que se analizan. Creo que en este aspecto, la sanidad riojana puede sacar pecho.
Decía en la presentación de su candidatura que, precisamente, ese afán de representación le viene de sus años de estudiante, empezando por ser delegada de clase. También lo ha visto en casa (su madre, Concha Arribas, fue concejala del Ayuntamiento de Logroño).
Desde luego, hay en mí una actitud de servicio innata que he mamado en casa. Siempre he sentido la necesidad de que las cosas vayan mejor y también de erigirme en representante para lograrlo. Lo hice en el colegio, también en el instituto, en mi etapa universitaria y durante mi residencia. Ahora no podía no hacerlo en mi profesión. Siempre he sido consciente de que las cosas hay que pelearlas y de que esa lucha se hace desde lo colectivo.
Apuntaba antes a la importancia de la medicina reproductiva en un contexto de baja natalidad, ¿hacia dónde nos dirigimos?
Nuestra disciplina es la única, junto con los trasplantes, que tiene un registro de actividad en España. Y eso nos permite saber que, según los datos de diciembre de 2025, que reflejan los ciclos de 2023 (por la duración del proceso y la gestación), que ese año nacieron en España unos 33.000 niños gracias a nuestro trabajo. Eso supone un diez por ciento de los 330.000 nacimientos que se registraron ese año en España. La cifra es bastante estable.
Lo que vemos es que, además, están cambiando las modalidades de las personas que vienen. Ya no son solo personas con problemas reproductivos sino usuarias, e incido en ese término usuarias, que son en la mayoría de los casos mujeres homosexuales o sin pareja. Estas cifras apabullantes demuestran que somos responsables de ayudar a combatir en parte el invierno demográfico que atravesamos.
En unos años la situación puede ser muy compleja y el hecho de que la medicina reproductiva sea capaz de ayudar a quien no puede tener un hijo es muy importante. Siempre insistiendo, porque hay quien necesita oírlo, que no se fuerza a nadie, que son decisiones muy personales y lo que queremos desde este sector es ayudar.
En la edad biológica perfecta, con 25, tener hijos no está entre nuestras prioridades. Y eso es lícito y muy respetable y, además, no va a cambiar
Pero para fomentar la natalidad, además de tratamientos en algunos casos, es importante también garantizar otros recursos una vez que nacen los niños.
Por supuesto. La realidad es que la pirámide de población cada vez se ensancha más por arriba y a esas personas hay que cuidarlas y garantizar sus pensiones con impuestos.
Y si hay una caída demográfica es por dos motivos principales que no hay que perder de vista. Por un lado, que es imposible en muchos casos plantearse tener hijos por defectos en la conciliación, por la dificultad en el acceso a la vivienda o porque no hay sueldos dignos. Esa es una realidad que no se puede pasar por alto.
Y, por otro lado, porque hemos cambiado nuestras prioridades. En la edad biológica perfecta, hemos decidido que preferimos otras cosas. Con 25 años, tener hijos no está entre nuestras prioridades. Y eso es lícito y muy respetable y, además, no va a cambiar. Por eso ahí estamos para dar soporte a aquellos que, por la razón que sea, llegan más tarde.
Por lo que parece, hay muchos retos por delante. ¿Cuáles son sus prioridades al frente de la Sociedad Española de Fertilidad para los próximos años?
Lo primero es ser de utilidad para los socios, haciendo que la entidad sea más útil y más cercana. Pero eso solo se va a ver de forma interna. De cara a la sociedad en general, nuestra prioridad es ser una solución parcial al invierno demográfico del que hablábamos, luchando y favoreciendo la equidad reproductiva. Esa es una prioridad absoluta, garantizar que todas las mujeres tengan acceso a estos recursos.
También trataremos de ser útiles a la administración, a la parte política. Porque vienen muchos cambios de Europa y nuestra intención es estar ahí en todo momento para echar una mano en su aplicación desde nuestra experiencia. Además, aunque estamos muy orgullosos de nuestro registro, hay mucho campo de mejora.
En definitiva, el objetivo es ser una sociedad útil que, en 2030, cuando dejemos la cartera, haya conseguido que todos los servicios cuenten con los recursos necesarios, que se hayan implementado las mejoras donde sea necesario y se haya garantizado la equidad en el acceso en todos los territorios del país.