El coste del incivismo: un restaurante de Logroño pone sobre la mesa un problema habitual en la hostelería
La hostelería logroñesa vuelve a poner sobre la mesa el debate de la vulnerabilidad de los pequeños negocios frente a las prácticas incívicas de algunos consumidores. Esta vez hasido el restaurante Arsa, ubicado en la capital riojana, el que ha denunciado públicamente la realidad que sufren muchos negocios hosteleros. A través de sus redes sociales, Beatriz Fernández y Rodrigo Fernández, propietarios del restaurante, han relatado como, tras tomar la decisión hace apenas tres semanas de retirar la política de fianza previa para las reservas, se han encontrado con que hay días que las mesas de su local se quedan vacías, incluso sin aviso previo. Lo que pretendía ser un gesto de confianza hacia la clientela se ha transformado, en palabras del propio equipo, en un auténtico “desastre” organizativo y económico.
El establecimiento había implantado hace ocho meses un sistema de penalización por cancelación tardía, una medida cada vez más habitual en el sector para blindarse ante las pérdidas que ocasionan las mesas vacías de última hora. Sin embargo, tras decidir dar marcha atrás y suprimir dicha pasarela de pago para facilitar el proceso al usuario, el restaurante ha registrado de forma inmediata un volumen de cancelaciones y “no presentados” que supera incluso al de las reservas efectivas.
La situación descrita por los responsables de Arsa refleja un patrón de conducta que indigna al sector: clientes que reservan una mesa, no aparecen a la hora acordada y, de manera sistemática, no atienden a las llamadas telefónicas de control del restaurante. Esta falta de respuesta no solo bloquea el espacio para otros posibles comensales en jornadas clave, sino que genera un perjuicio directo en la gestión del género y en la previsión del personal necesario para cubrir el servicio. “Esta semana, fiestas en La Rioja, hemos tenido más cancelaciones que reservas”, señala Beatriz, “que yo entiendo que ha salido el sol y te quieres ir a la playa, pero hay que pensar un poquito antes de hacer las reservas. Pero claro, como no hay consecuencias, no pasa nada”.
Ante este escenario, el restaurante ha lanzado un mensaje que trasciende lo económico para situarse en el plano de los derechos laborales, exigiendo activamente “respeto y dignidad” para los profesionales de la hostelería. Desde el establecimiento recuerdan que detrás de una mesa vacía hay un equipo de cocina y sala que depende de la estabilidad del negocio, y lamentan que se normalice el desprecio hacia el tiempo y el esfuerzo de los trabajadores.
La problemática de los llamados no-shows (clientes que reservan y no se presentan) se ha convertido en uno de los grandes caballos de batalla de la hostelería en la actualidad. Mientras las plataformas digitales facilitan el impulso de reservar en varios locales a la vez con un solo clic, la ausencia de penalizaciones económicas diluye la responsabilidad del consumidor.
“Cada vez que suena el teléfono temblamos de miedo”, señalan los responsables del restaurante, “gente que no se ha presentado, mesas grandes anuladas... El sábado tenemos más mesas anuladas que reservadas. Y los restaurantes hacemos pedidos para las reservas que tenemos, contratamos personal extra... Un poquito de consideración”.
“No es justo que vivamos los hosteleros con miedo porque si pones la política, miedo a que la gente no reserve porque hay política; si quitas la política, miedo a que te dejen tirado a última horaoqueno te cojan ni el teléfono”, continúan. “Tenemos una profesión muy digna, muy bonita y muy disfrutable, y está en manos de todos que así sea. Por favor, respetad nuestro trabajo, el de todos los que hacemos esto”.