“Para mí, la pintura es una felicidad”: el refugio de las personas mayores contra la soledad no deseada en Cruz Roja La Rioja

Los profesores (jubilados voluntarios) están listos, las acuarelas y el resto de material encima de las mesas. Para Arnobia Mena de Carvajal, entrar cada semana al aula de Cruz Roja no es un simple entretenimiento: es una vía de escape, un refugio y el pilar sobre el que sostiene su bienestar. “Para mí la pintura es una felicidad. Todo lo de la casa se me olvida, converso con el uno y con el otro. Y cuando no hay clase, me hace mucha falta”, confiesa a sus casi 82 años.

Arnobia es una de las de participantes que acuden a Cruz Roja en La Rioja para participar en uno de los programas para combatir la soledad no deseada, una realidad silenciosa que afecta la salud física y emocional de la población sénior. Sin embargo, detrás de la acogida que recibe Arnobia hay una estructura técnica con 15 años de recorrido: el proyecto Enrédate: red social para personas mayores.

‘Enrédate’: 15 años tejiendo red comunitaria

“El objetivo central de Enrédate es trabajar con hombres y mujeres mayores de 65 años que sienten una soledad no deseada, que carecen de vínculos sociales significativos o cuya red o malla social se ha debilitado», explica Marisol Ruiz, referente autonómica del proyecto.

Este programa aborda la soledad no deseada desde dos líneas de actuación fundamentales. Por un lado, explica Ruiz, el programa tiene una parte de sensibilización y participación comunitaria. “Tomar conciencia sobre la importancia de la interacción social y facilitar el acceso a recursos del entorno para mejorar la calidad de vida”. Y otra, la capacitación e interacción a través de talleres. Actividades semanales de periodicidad anual (con un breve paréntesis en agosto) impulsadas gracias a la labor del voluntariado. La oferta abarca desde talleres de teatro, hasta pintura y acuarelas, biodanza y gestión emocional, entre otras. “No tenemos un taller de pintura para crear artistas porque cada taller tiene un objetivo específico y transversal” apostilla Verónica Beltrán, técnica del área de Personas Mayores en Cruz Roja La Rioja.

Y frente a la creencia errónea de que la soledad no deseada solo afecta a las personas que viven solas en su casa, las técnicas de Cruz Roja en La Rioja desmontan ese mito. “Hay personas que viven acompañadas o en el seno familiar y se sienten solas”, asegura Ruiz, “lo que no significa que la familia actúe mal ni que haya negligencia. A veces el salto generacional o el ritmo de vida crea una distancia. Con nietos de 30 años o hijos sobreprotectores que toman decisiones por ellos, la persona mayor puede sentir que no tiene con quién desahogarse o compartir lo que siente a su mismo nivel”.

La llegada a este programa y los motivos son múltiples. Algunas personas llegan a través de los servicios sociales municipales o profesionales del trabajo social de los centros de salud. En otras ocasiones por iniciativa propia tras atravesar un momento vital complicado: duelos, rupturas emocionales, el síndrome del nido vacío o la llegada de jubilación. “Vienen, llaman a la puerta y lanzan una pregunta al aire: ¿Qué hay para mí?. Ahí comienza nuestra valoración e intervención individualizada”, detalla Ruiz.

Y también las hay que llegan por problemas de movilidad y aislamiento físico. “Personas cuyas amistades ya no salen a su ritmo porque andan despacio. Tienen miedo a caerse, ya no son capaces de seguir el ritmo de sus amistades y las redes previas se rompen”, explica Beltrán. Para ellas, Cruz Roja en La Rioja dispone de un transporte adaptado que las traslada de sus domicilios hasta los distintos talleres.

El perfil sigue siendo mayoritariamente femenino. “A los hombres les cuesta más exteriorizarlo o pedir ayuda”, aclara Beltrán y cada vez acuden personas más jóvenes. “Perciben antes la señal de alarma y piden ayuda sin esperar a estar aisladas. El proyecto ha pasado de ser asistencialista a promover que el usuario tome las riendas de su propio bienestar”, subraya Ruiz.

El viaje de Arnobia: del rechazo al arraigo

Arnobia es natural de Colombia, donde regentaba su propia ferretería e industria metalúrgica antes de quedar viuda, emigró a España hace más de dos décadas. Tras residir 14 años en Santa Cruz de Tenerife, se estableció en su ubicación actual.

Su proceso de integración estuvo marcado por episodios de discriminación y desprecio que aún recuerda con dolor, como las humillaciones sufridas en un centro de formación o en una oficina de atención social por su origen. Pero con el tiempo, y el apoyo familiar (en Logroño vive con su marido y mantiene contacto con sus tres hijos), Arnobia encontró en Cruz Roja el espacio donde integrarse plenamente: “Si me preguntas si me siento parte de algún sitio, es aquí. Cruz Roja me ha dado tranquilidad. Antes vivía preocupada por todo; venir me calma y me abre la mente”

A la intervención presencial y grupal se suma la innovación tecnológica para combatir la soledad en el propio hogar. Gracias a la alianza con la Fundación Amancio Ortega, el proyecto ha desplegado en toda España (259 en La Rioja) aparatos de voz interactivos adaptados con aplicaciones exclusivas de Cruz Roja.

Estos dispositivos permiten a las personas mayores configurar recordatorios de medicación o citas médicas, realizar videollamadas con allegados, acceder a consejos de salud, ejercitar la memoria mediante juegos y disfrutar de entretenimiento. “Es una herramienta útil que se combina con el seguimiento constante del voluntariado y los técnicos. Es tecnología al servicio de la cercanía humana”, remarca Beltrán.

Mallas que se extienden más allá de Cruz Roja

Tras estos 15 años de vida, el balance de Enrédate es más que positivo porque a lo largo de este tiempo, muchos participantes han creado vínculos que trascienden las aulas. “Hay grupos que quedan para tomar un café, otros acuden juntos a las fiestas de sus pueblos”, cuenta Ruiz orgullosa de que este programa haya forjado amistades que perduran en el tiempo.

A sus casi 82 años, con la sonrisa intacta y las ganas de volver cada semana a su taller de pintura, Arnobia Mena encuentra en su taller de pintura “un lugar donde pintar, reír con otros y sentirse escuchada”. No es solo ocupar el tiempo. Es sencillamente, la clave para “tener una vida feliz”.